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LA VOZ DESTERRADA


Francisco Arias Solís
aarias@arrakis.es

 

“Su imagen, desdoblándose a lo lejos,
se esfuma, lentamente repetida
por una escala mágica de espejos.”
José María Quiroga Pla.

Conocido intelectual, periodista, ensayista excelente..., José María Quiroga Pla publicó poesía en las más importantes revistas poéticas de las décadas del veinte y, sobre todo, del treinta. Inicia su carrera literaria próximo al ultraísmo, cultivó también la prosa con un cuento escrito en colaboración con Pedro Caravias. Tradujo a Proust, continuando la labor iniciada por Pedro Salinas. Fue de los poetas invitados a colaborar en el número extraordinario de Litoral con motivo del homenaje a Góngora, junto a Alberti, Lorca, Diego, Adriano del Valle, Bergamín, Aleixandre, Altolaguirre, Cernuda, Rogelio Buendía, Pedro Garfias, Moreno Villa, Romero Murube, Juan Larrea, Hinojosa, Prados y otros. Fue secretario de Unamuno, casándose con una de sus hijas. Durante la guerra civil colaboró en Hora de España. Este poeta madrileño aunque fue a acabar sus días a la ciudad suiza de Ginebra, residió en París, donde fue funcionario de la Unesco. Buena parte de su obra inédita se extravió tras su muerte. Quiroga Pla fue uno de los fundadores de la “Unión de Intelectuales Españoles” (U.I.E.) en Francia, que se constituyó en el otoño de 1944. Colaboró en la revista Independencia, de talante parecido al Boletín de la U.I.E. en Francia.

Su primer volumen de versos Morir al día (1946) -que contiene poesía escrita en España durante la guerra, sobre todo, creada en los primeros años de exilio, en París- tardó bastante en publicarse. El próximo, La realidad reflejada, había de salir en México, en 1955, muy poco antes de la muerte del poeta. Son éstos sus dos únicos volúmenes. Dejó otro libro preparado -Valses de la memoria- y bastantes poemas sueltos. todo ello permanece aún, inexplicablemente, inédito.

A la vista de los volúmenes de poesía de Quiroga Pla podemos constatar esa evolución que, durante los años de exilio, se da en muchos poetas: una angustia difícil de reprimir, en los primeros años, que, con el paso del tiempo, se convierte en resignada nostalgia o en hallazgo de un mundo nuevo -con problemática nueva, con fe nueva- en el que se quiere vivir. Quiroga Pla, con la inteligencia que refleja siempre en sus juicios, en unas páginas que deseaba sirvieran de prólogo al libro, Valses de la memoria, analiza, en las siguientes palabras, la línea que caracterizan sus dos volúmenes de poesía: “Esta vuelta del corazón y del ansia hacia España, aparece ya en Morir al día, mi primer libro dedicado al destierro y escrito en el destierro, no en el exilio, nombre que me niego a aceptar. En Realidad reflejada creo que subsisten las mismas líneas esenciales, acaso con un poco más de esperanza, porque yo siempre he querido hacer una poesía de esperanza”.

Aunque Morir al día salió en enero de 1946 -es decir, al final de la segunda guerra- contiene alguna poesía fechada en Barcelona, en 1938, y, la mayor parte, fechada en París, lugar donde Quiroga Pla permaneció, uniéndose a la Resistencia. En su totalidad, la forma elegida por el poeta es el soneto. Cada una de las partes -cuatro- contiene una temática distinta. Toda la parte primera es poesía amorosa. En Despedidas y ausencias -parte segunda- hay casi constantemente un dramático diálogo con personas lejanas o con personas muertas: en este punto es inevitable señalar que los sonetos dedicados a don Miguel de Unamuno -más padre que suegro para Quiroga Pla- alcanzan quizá un máximo de intensidad emotiva. En Refugiado en París -tercera parte- domina el sentimiento de inmensa soledad, pero ya en la cuarta y última -Oyendo crecer la hierba- se advierte la clara voluntad de seguir viviendo y captando todo lo positivo que la vida puede ofrecer. El libro se cierra con una Dedicatoria final: A mi hijo Miguel, el niño que se quedó en España y al que apenas pudo ver luego unos días, en un lugar de la frontera.

La realidad reflejada entra de lleno dentro de una etapa de la España peregrina que se caracteriza -entre otras cosas- por una búsqueda de temas distintos a los de los años primeros, y por un tono de mayor serenidad. Los temas son muy diversos, pero, a través de todos ellos, domina un sentimiento: creencia en la vida y creencia en el hombre. Y en algunos de sus poemas se hace muy visible la aproximación al surrealismo pictórico: “Ese cuchillo en un plato / ¿por qué sueño así con él? / lo va pintando el pincel, / a pocos, como un retrato, / con una aplicación tal; / que empiezan a doblar, quedo, / los campanarios del miedo / que alza el sueño en su arrabal...”


 

 


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