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LA VOZ DEL DRAMA JUDICIAL


Francisco Arias Solís
aarias@arrakis.es

 

“Sufren, pero quieren sufrir porque respiran,
porque son hombres, porque quieren vivir,
llorar, esperar, y seguir adelante, adelante con su carga....”
Ugo Betti.


La celebridad literaria de Betti se debe casi exclusivamente a su quehacer teatral, muy cercano al del Luigi Pirandello. Su teatro, de gran poeticidad y teñido de pesimismo, se centró en el tema de la justicia como problema ético y destacó, valiéndose de numerosos símbolos y alegorías, la soledad y los aspectos decadentes de la existencia humana: vicios, taras, enfermedades, etc. “Sufren cuando poseen la tierra y cuando trabajan para otros –escribía Ugo Betti-, cuando son buenos y cuando son malos, cuando oprimen y son oprimidos, cuando engañan y son engañados”. Dada su profesión de juez, trata temas jurídicos y crea tema argumentos en tornos a pleitos criminales o bien se acerca a un problema humano a través del prisma de un proceso. Se le considera el creador del “drama judicial” y uno de los dramaturgos italianos más importantes del siglo XX.

El poeta, narrador y, sobre todo, dramaturgo italiano Ugo Betti nació en Camerino el día 4 de febrero de 1892 y falleció en Roma el 9 de junio de 1953. Se trasladó, con su familia, a Parma cuando su padre fue nombrado director del hospital civil de dicha ciudad. Participó en la primera guerra mundial como oficial voluntario de caballería, siendo hecho prisionero por los austriacos. De regreso a Parma se doctoró en Derecho. Funcionario de la administración de justicia, ejerció como magistrado en Parma y luego en Roma. En 1941 obtuvo el premio de teatro de la Academia de Italia. Después de la segunda guerra mundial fue destinado a la Oficina de Prensa de la Presidencia del Consejo en la que estuvo trabajando hasta poco antes de su muerte.

Betti realizó diversas incursiones en la poesía, El rey pensativo (1922) y Hombre y mujer (1937), y en la narrativa, como los relatos Caín (1928), Las casas (1933), Una extraña velada (1948) y la novela La piedra alta (1948), pero su fama y verdadera importancia la tiene como dramaturgo. Recordemos El ama (1926), Nuestros sueños (1936), Irene inocente (1948), Lucha hasta el alba (1949), Corrupción en el Palacio de Justicia (1949), Delito en las islas de las Cabras (1950), El jugador (1951) y Tierra quemada (1952).

A diferencia de Pirandello, más frío y cerebral, Ugo Betti es un moralista, pero de una gran calidad. Y como dijo el dramaturgo italiano: “La felicidad es algo que uno lleva en sí mismo sin darse cuenta de ello”.

 

 


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