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LA VOZ DE UN DRAMA NUEVO


Francisco Arias Solís
aarias@arrakis.es

 

 

“El cielo al fin ayuda
y hoy romperá la cárcel de la duda”.
Manuel Tamayo.

 

 


Poeta y dramaturgo madrileño, hijo de actores, que conoció el teatro en todos sus aspectos; ello le permitió un dominio de la técnica dramática que hace de su obra la más importante de la literatura española del siglo XIX.

Manuel Tamayo y Baus nace en Madrid el 15 de septiembre de 1829. Pasa sus primeros años en Andalucía, concretamente en las ciudades de Málaga, Cádiz, Sevilla y Granada, y precisamente en esta ciudad fue donde todavía muy joven, hizo su primer ensayo dramático. A los once años estrenó Genoveva de Brabante, que constituyó sus primer drama teatral.

En octubre de 1847 se estrena en Madrid su Juana de Arco, el éxito de esta obra le anima a seguir el camino teatral, considerando el empleo de escribiente en el Ministerio de Comercio, Instrucción y Obras Públicas como un simple medio de ganarse el sustento diario.

En 1849 contrae matrimonio con la joven granadina María Amalia Maiquez. En 1851 fue ascendido a oficial y trasladado al Ministerio de Gracia y Justicia. En 1853 puso en escena su tragedia Virginia que es recibida con gran aceptación por el público y la crítica. Al año siguiente estrena La Ricahembra que obtuvo un triunfo rotundo. En 1855 se estrena Locura de amor que superó el éxito de Virginia

Con el estreno de La bola de nieve en 1856 termina la primera época del teatro de Tamayo, caracterizada en su aspecto interno por el paso de un romanticismo más o menos moderado a la comedia realista de costumbres, y en su aspecto formal a que es la última de sus obras escritas en verso.

En 1858 Tamayo es nombrado miembro de la Real Academia Española. En 1867 se estrena Un drama nuevo, la obra cumbre de Tamayo, y éste, que nunca había militado en ningún partido político, abandona su pasividad inclinándose francamente por el partido tradicionalista. El 23 de diciembre de 1868 estrena su penúltima obra No hay mal que por bien no venga y dos años más tarde presenta su última obra Los hombres de bien, en el teatro Lope de Rueda.

Tamayo fue un hombre sabio, laborioso y bueno, de vida modesta y siempre honrada. Manuel Tamayo muere el 20 de junio de 1898 y ese mismo día es enterrado en el Cementerio de la Sacramental de San Juan. La impresionante manifestación de duelo fue presidida por Francisco de Silvela, jefe de Gobierno.

Un drama nuevo es la más importante obra de Tamayo, pieza de “teatro dentro del teatro”, considerada una de las obras teatrales mejor construidas del siglo XIX español, en donde su extraña perfección técnica corre pareja con el profundo mensaje del drama humano que contiene la obra. Como afirmaba Clarín: “Un drama nuevo seguirá siendo admirado como joya inapreciable del teatro español. En este drama hay fuerza y armonía: los dos elementos últimos de la belleza: la pasión de Edmundo y Alicia, es la de la razón de las pasiones que sintieron Romeo y Julieta, Francesca y Paolo, Federico y Casandra...” Nuestro mejor crítico del siglo XIX llegó a decir que Un drama nuevo es la obra más perfecta de nuestro teatro moderno. Y como dijo el poeta: “Gloria, nombre, fortuna... ¡loco anhelo! / Tuvo otra aspiración y la ha logrado / ¿Quién pudiendo volar no aspira al cielo?”

 


 

 

 

 


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