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LA VOZ DE LA ELEGANCIA


Francisco Arias Solís
aarias@arrakis.es

 

“Dime, Padre común, pues eres justo,
¿por qué ha de permitir tu providencia
que, arrastrando prisiones la inocencia,
suba la fraude a tribunal augusto?
Bartolomé Leonardo de Argensola.


Dentro de su arraigado gusto clásico, Bartolomé –puesto en comparación con su hermano Lupercio- se distingue por un acento más brioso y personal; evitando igualmente la pompa gongorina, no está exento de cierto brillo exterior, entonado unas veces, cálido y delicado otras. A pesar de su condición eclesiástica, Bartolomé fue mucho más sensible a la belleza femenina que su hermano Lupercio, y aunque sus versos amorosos también parecen ajenos a pasiones personales, se recrean en descripciones físicas de goloso sabor sensual, aunque delicadamente contenido, y sin mezcla por lo común de consideraciones filosóficas ni morales. De gran hermosura es el soneto que comienza: “Su cabello en holanda generosa / Fili enxugò, imitando al real decoro / con que orna su tocado, persa o moro, / bárbara infanta o preferida esposa...”.

Entre los mejores sonetos de Bartolomé Leonardo de Argensola se halla La providencia que figura entre “Las cien mejores poesías líricas de la lengua castellana”, escogidas por Menéndez Pelayo, entre lo mejor de la literatura española antigua y moderna.

Bartolomé Leonardo de Argensola, el menor de los dos hermanos, nació en Barbastro, provincia de Huesca, el 26 de agosto de 1562. Se ordenó sacerdote a los veintidós años, después de haber estudiado en la Universidad de Huesca, Zaragoza y Salamanca. Fue nombrado rector de Villahermosa, cabeza del ducado de su nombre (y así se le designa a veces por este título), vivió algún tiempo en Madrid como capellán de la emperatriz María de Austria, y pasó a Nápoles en la comitiva del conde de Lemos, acompañando a su hermano Lupercio. Fue nombrado cronista de Aragón en sustitución de Llorente, que había sucedido a su hermano Lupercio, y canónigo de la Seo de Zaragoza. El poeta aragonés murió en Zaragoza el 4 de febrero de 1631. Sus obras poéticas, con el nombre de Rimas, fueron publicadas en unión de las de sus hermanos.

Su producción aventaja en extensión y calidad a la de aquél; aunque no debe omitirse que su vida fue mucho más larga y que su obra no hubo de sufrir las pérdidas producidas en la de Lupercio. Como éste, fue Bartolomé enamorado seguidor de los clásicos grecolatinos. Recomendaba su estudio e imitación, pero pedía a su vez, luego de asimilados, se levantara sobre ellos la propia personalidad. Así lo hizo, efectivamente, Bartolomé, por lo que su obra, en conjunto, resulta mucho más vigorosa y original que la de su hermano. Las cualidades del estilo de Bartolomé son: difícil arte de decir las cosas con elegancia y exactitud, tino exquisito para escoger la palabra precisa, exquisitez para articular las frases, serenidad nunca turbada por apasionamientos, busca de la eficacia estética más en la propiedad y ternura de los vocablos que en las violencias sintácticas o en las figuras desusadas. En estética literaria, Bartolomé Argensola abogaba por los modelos y la sumisión, siempre que el poeta poseyera auténtica vida: “La naturaleza se ayuda del arte, pero no se sujete a ella”.
El poeta alcanzaba estos resultados después de una tenaz labor de lima. Bartolomé no llegó, como su hermano, a destruir originales de los que no se sentía satisfecho, pero se negó siempre a imprimirlos, haciendo suya la advertencia horaciana de no dar a conocer los escritos antes de los nueve años. De Bartolomé dijo don Diego Saavedra Fajardo en su República literaria que era “gloria de Aragón y oráculo de Apolo cuya facundia, erudición y gravedad, con tan puro y levantado espíritu y tan buena elección y juicio en la disposición, en las palabras y sentencias, serán eternamente admiradas de todos, y de pocos imitadas”.

Bartolomé Leonardo gozó fama entre su contemporáneos de hombre mordaz y dado a la sátira, y, efectivamente, cultivó este género con fortuna. El propio poeta reconoció el influjo que sobre él habían ejercido cuatro grandes satíricos: Horacio, Juvenal, Persio y Marcial. “En el cuadro de la sátira española del siglo XVII –dice Blecua-, la figura de Bartolomé Leonardo destaca por su gravedad y delicadeza. Censor severo de las costumbres de su época, rara vez se deja llevar por antipatías personales”.

Como historiador, Bartolomé continuó los Anales de Jerónimo de Zurita, compuso las Alteraciones populares de Zaragoza en 1591, las Advertencias a la historia de Felipe II por Cabrera de Córdoba, y la Conquista de las islas Molucas, escrita a instancias del conde de Lemos, presidente del Consejo de Indias en la época de su descubrimiento.

Finalmente mencionaremos el que para Blecua “ es sin disputa el soneto más fino y encantador de toda nuestra literatura, rebosante de gracia poética y lleno de delicadeza”, y que comienza con este famoso cuarteto: “Firmio, en tu edad, ningún peligro es leve; / porque nos hablas ya con voz escura, / i aunque dudoso, el bozo a tu blancura / sobre ese labio superior se atreve”.







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