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LA VOZ EMOCIONADA DE LA POESÍA


Francisco Arias Solís
aarias@arrakis.es

 

 

 

“¡Caballo mío, llévame en un vuelo
a la pradera que da risa al río
donde baila y resuena el amor mío!”
Rogelio Buendía.

 

 

“Aquí en Huelva -decía Buendía-, donde la prosa cotidiana la descargan por toneladas las grúas eléctricas del puerto, la aparición de un poeta es una gran fiesta que celebramos los que, en nuestra soledad de ruiseñores sin árboles, cantamos al aire sordo, sin oídos ni corazón”.

En Sevilla, y desde la revista Grecia se enarboló la bandera del ultraísmo. La necesidad de una ruptura estética y política está en la base de la renovación ultra-novecentista. Rogelio Buendía, “el sutil y señorial poeta de graciosos vuelos, rebelde a todo canon de la lógica y del sentido común”, se sintió muy pronto atraído por este movimiento. El ultraísmo- como nos dijo el poeta malagueño Pedro Luis Gálvez-, “nació aquí en Sevilla sin adjetivos; porque no hay adjetivo castellano que retrate la hermosura de la ciudad, ni la generosidad de sus hijos, ni la gracia de sus mujeres. Del Ultra se podría decir con verdad lo que las madres mienten a los pequeños curiosos de su origen: Nació en una canastilla de flores”.

El ultraísmo fue una realidad positiva y eficaz en una época de anquilosamiento en las letras españolas. Abrió horizontes y creó rutas. Creó la revista total y puramente literaria. Puso a España al día de las corrientes literarias de Europa. Produjo pocas obras, pocos libros, porque las editoriales de entonces desdeñaban cuanto significase poesía; pero desbrozó el camino y dejó las puertas de la curiosidad para la posterior floración lírica.

Respecto a la nómina de autores incluidos en la nueva tendencia podemos citar a Rafael Cansinos-Assens, Isaac del Vando Villar, Adriano del Valle, Rogelio Buendía, Gálvez, Larrea, Gerardo Diego, Rivas Pinedas, Guillermo de Torre, Espina, Bacarisse, Jorge Luis Borges, Pedro Raida y Lasso de la Vega.

En su famosa conferencia en el Ateneo de Sevilla, Rogelio Buendía estudió las nuevas escuelas poéticas: el creacionismo y el ultraísmo de las que en síntesis dijo: “¿Quiere decir que hemos llegado a la perfección del Arte? No. Las escuelas de Vanguardia son atisbos, ensayos, albos del día que han de llegar a su dorada consecución. Ni el expresionismo ni el creacionismo de Huidobro, ni el ultraísmo han dado en la clave de la plenitud. No obstante, estas tendencias son las que inician el porvenir poético. En esta brillante juventud tenemos que confiar”.

Rogelio Buendía nace en Huelva el 14 de febrero de 1891 y muere en Madrid el 27 de mayo de 1969. Su obra figura en casi todas las antologías de poesía española. Doctor en medicina, pronto se interesó por la Literatura, siendo director de varias revistas, Renacimiento y Centauro de Huelva, y colaborador asiduo en muchas de ellas, Los Quijotes, Tableros, Grecia, Cervantes, Ultra, Horizonte, Alfar... También es fundador con Fernando Villalón y Adriano del Valle de la revista Papel de Aleluyas. Finalizada la guerra incivil fue desposeído de sus cargos profesionales. Publica textos de manera esporádica, en Garcilaso, Fantasía y Poesía Española, de Madrid; Espadaña de León; el suplemento literario de La Verdad, de Murcia; Cuadernos literarios, de Alicante y en Estilo, de Elche; localidad en la que ocupó plaza de médico titular desde 1946 hasta su jubilación.

La obra de Buendía sufre una evolución típica de escritor de vanguardia, desde los primeros radicalismos hasta el neopopularismo y surrealismo. Aunque nunca renegó de su pasado modernista, al que corresponden El poema de mis sueños (1912), Del bien y del mal (1913); Nácares (1916) y Lusitania (1917) -en la revista Grecia apareció el 15 de febrero de 1919 un texto suyo dedicado “A la mano creadora de Rubén Darío”-, con su libro La rueda de color (1923), donde recogió poemas ya publicados, se situó entre los más destacados ultraístas. En Guías de jardines (1928) y Naufragio en tres cuerdas de guitarra (1928), con dibujos de Salvador Dalí, se acercó a la poesía popular y al surrealismo.. También escribió novelas cortas como La casa en ruinas (1913) y La dorada mediocridad (1923).

En el libro de poemas La rueda de colores, recoge la influencia dadaísta y el mundo romántico y sensorial. Eugenio d’Ors en carta al autor, de fecha 10 de octubre de 1923, da algunas claves: “De corazón le felicito por la invención de ese festival de imágenes ardientes gloria del recuerdo a la vez que de la vista”. Igualmente Antonio Espina en otra con fecha 21 de octubre de ese año: “Advierto en usted, principalmente, esa cualidad entre lo nuevo “nuestro” y lo que de ayer es digno de conservarse”.

Algunos pretenden que el ultraísmo sea un episodio sin continuidad en nuestra literatura. Y eso es falso e injusto. Nombres como los de Rogelio Buendía no desaparecerán tan pronto como se pretende. Su esfuerzo, su tesón, su rebeldía y su lucha contra la incomprensión, obtendrá algún día de los auténticos amantes de la poesía, el debido reconocimiento. Y como dijo nuestro poeta: “Soy un violín desconcertado y mudo / y quiero arrinconarme, / y yo mismo me eludo / porque tengo pavor a emocionarme”.

 

 


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