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  Guías culturales

LA VOZ DE UN ENAMORADO DE ESPAÑA


Francisco Arias Solís
aarias@arrakis.es

 

“No me habléis del frío del Norte
no me habléis de inglesas damas
no habéis visto, no habéis visto
a la gentil gaditana”.
Lord Byron.


Lord Byron es el auténtico paradigma del artista maldito, una figura que se había impuesto con el romanticismo y a la que el poeta inglés brindó mejor que nadie su ejemplo y su figura. Su extraordinario talento literario le convirtió en el escritor más famoso de Europa; sus obras fueron traducidas a todas las lenguas y las cifras de ventas que alcanzaron fueron astronómicas para aquellos tiempos y aun para los actuales; pintores y músicos de la talla de Delacroix, Tchaikovski, Schumann o Berlioz se inspiraron en sus poemas dramáticos.

En la actualidad muy pocos lectores españoles conocen su obra y el nombre de Lord Byron sólo evoca la imagen de su apostura y de las circunstancias noveleras de su ajetreada existencia y de su muerte prematura en Missolonghi, adonde había ido a luchar por la causa de la libertad.

Podría decirse que Byron ha descubierto, ha inventado la poesía moderna, como Goya la pintura. El mismo Goethe nos dice: “Byron es, sin contradicción posible, el mayor talento poético del siglo. Además, Byron, no es ni antiguo ni romántico: es como el día de hoy, presente actual”.

Byron es el poeta del presente, nos dice Goethe -que lo conoció, que lo entendió mejor que nadie-: es el poeta “del día de hoy”, de nuestro hoy, en cualquier tiempo. Sus fantasmas: Caín, Manfredo, Lara, Sardanápalo, Don Juan... pasan; su voz, su única voz, queda. En este sentido, la voz de Byron es eterna: temporalmente eterna.

“Mi música tiene notas misteriosas -escribía Byron- y hay, además, en ella, muchas frases que sólo pueden comprender los iniciados”. ¿Frases musicales solamente? “A veces he creído que los ojos oyen...”, afirma nuestro poeta. ¿Qué música aprendieron sus ojos en nuestra tierra? ¿Qué música aprendieron su oídos en esta vieja tierra del Sur? ¿Qué luces aprendieron sus oídos? Byron visitó Sevilla en el verano de 1809, cuando esta ciudad del Betis era la sede del Gobierno y el cuartel general de la Guerra de la Independencia. Después de una breve estancia en Utrera y Jerez, nuestro poeta arribó a Cádiz. “Muchos de los nobles que han abandonado Madrid -escribió Byron- durante los disturbios residen allí”. En El Puerto de Santa María presenció una corrida de toros, cuyo colorido quedó fijamente grabado en su retina. Cádiz es objeto de repetidas alabanzas. “Yo diría -escribía Byron- que es la ciudad más bonita y más limpia de Europa”. Parece ser que la hija del almirante de Córdoba, con la cual trabó amistad fue la que le inspiró la poesía The Girl of Cadiz (La joven de Cádiz). A su madre le hace la siguiente descripción de la joven: “Es muy bonita dentro del estilo español, y en mi opinión de ningún modo inferior a las inglesas en encanto y definitivamente superior en fascinación”. Cuando abandona Cádiz rumbo a Gibraltar, Byron tuvo el honor de comer con el general Castaños en Algeciras.

Byron debió contagiarse en Sevilla, en Utrera, en Jerez, en El Puerto de Santa María, en Cádiz y en Algeciras del duende andaluz, que también coincidía, por el canto, con el hondo gemido, lamento, de su voz más viva. ¡Qué bien bailado, y casi toreado, está el primer canto a la española de Don Juan! Creemos que su inventor español, nuestro Tirso, se habría sentido encantado de ver bailar así a su Don Juan. Ningún don Juan tan hoja en el viento como el byroniano, tan fuerza del sino, tan a la ventura de verdad, tan juguete del viento de verdad, tan de verdad Don Juan.

La voz que se apagó en Grecia, el 19 de abril de 1824, consumida por su propia fiebre: la de su hermosa rebeldía -rebeldía contra todas las tiranías: la de la injusticia como la de la mentira, la del mal o de la maldad, la del odio, la de la indiferencia, la del miedo...-, esa voz había dicho cantando nuestra España en el peregrino cantar del joven Harold, que el día que España fuese libre, serían libres en el mundo muchos más millones de seres humanos.

En una carta a Hodgson había escrito: “Volveré a España antes de regresar a Inglaterra, porque estoy enamorado de este país”...

Terminaremos este recuerdo a Byron con la voz del propio Goethe: “No estarás solo -donde quieras que estés- porque creemos conocerte... En los días que viviste, en la felicidad como en el dolor, tus cantos fueron como tu corazón, hermosos y grandes”.

 

 

 


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