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LA VOZ DE UN ESCRITOR DE ENTREGUERRAS


Francisco Arias Solís
aarias@arrakis.es

 

“Se puede experimentar tanta alegría
al proporcional placer a alguien
que se sienten ganas de darle las gracias.”
Henry de Montherlant.

Henry de Montherlant cultivó la novela, la poesía, el ensayo y el teatro, pero destacó como novelista y dramaturgo principalmente.

Henry Marie Joseph Frédéric Expedite Millon de Montherland nació en París el 20 de abril de 1890 y se suicidó, tras una larga enfermedad, en la capital francesa el 21 de septiembre de 1972. Miembro de una familia aristocrática de origen catalán, pertenece a esa generación de entreguerras para quienes la acción y el peligro eran el antídoto contra la angustia moral Participó en la primera guerra mundial, donde fue herido; practicó varios deportes y se apasionó por las corridas de toros. Viajó por España, Italia y el Norte de África. En la segunda guerra mundial trabajó como periodista y en servicios a la Cruz Roja; después se retiró a escribir. En 1960 fue elegido miembro de la Academia francesa.

Entre sus primeras novelas destacan: El relevo de la mañana (1920), novela de guerra, El sueño (1922), en la que se refleja su individualismo nihilista, Las olímpicas (1924), sobre la nobleza del deporte y Los bestiarios (1926), sobre tauromaquia. Luego abandonó los temas más violentos y se dedicó al estudio del ser, su heroísmo y sus debilidades. Bajo este prisma aparecieron Los solteros (1934), Servicio inútil (1935), con sus recuerdos de la guerra, Las jóvenes (1936-1939), en cuatro volúmenes. En 1941, publicó Solsticio de junio, que no gustó a ninguna de las partes enfrentadas en Francia durante la segunda guerra mundial y, en 1951, la Historia de amor de la rosa de arena, una novela escrita entre 1931 y 1932, durante un viaje al Norte de África, que es una de sus mejores obras, de ideas anticolonialistas, donde critica el colonialismo francés.

Como dramaturgo estrenó varias obras: La reina muerta (1942) es sobre la historia de doña Inés de Castro, Malatesta (1946), El maestro de Santiago (1947) es de tema español; en ellas destaca el análisis psicológico, así como en Hijo de nadie (1944) y en su continuación, Mañana será de día (1949), en Port-Royal (1954), trata de esta abadía jansenista, en El Cardenal de España (1960), aparecen Cisneros y Juana la Loca; ésta hace reflexionar al Cardenal sobre la vaciedad de la vida y de los honores, finalmente, citaremos La guerra civil (1965). En 1963 regresó a la narrativa con El caos y la noche.

Montherlant es una personalidad compleja y así se refleja en sus obras, en las que alternan la Bestia y el Ángel, o, como él mismo dice, la “vena profana” (La reina muerta, Hijo de nadie y su continuación, en el teatro, Las jóvenes, en la novela), y “la vena cristiana” (El maestre de Santiago, Port Royal, El Cardenal de España, en teatro, La rosa de arena, Servició inútil, en la novela.). Y como nos dijo el escritor francés: “Se hiere al amor propio, no se le mata”.

 


 

 


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