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  Guías culturales

LA VOZ DE UNA ESCRITORA DE MUJERES Y PARA MUJERES


Francisco Arias Solís
aarias@arrakis.es

 

 

“Mujer, ay, flor ignorada
en un desierto perdida,
por los vientos combatida
y por el sol calcinada.”
Ángela Grassi.

 

De entre las numerosas escritoras olvidadas del siglo XIX, Ángela Grassi resulta un caso particularmente interesante, tanto por su obra como por su personalidad, y que hacen de ella una mujer influyente en ciertos medios sociales y representativa de un modo de pensar y de actuar al servicio de una causa.

Ángela Grassi nació en Crema (Italia), el 2 de agosto de 1823, hija de un músico modesto que se estableció en Barcelona en 1829. Fue una especie de niña prodigio que destacó en seguida entre sus compañeras por su aplicación y sus dotes para la música -tocaba el arpa-, los idiomas, -además del catalán y el castellano dominaba el francés y el italiano- y sobre todo para la literatura. A los quince años estrenó en Barcelona un drama titulado Lealtad de un juramento lo que puede darnos una idea de su precocidad. Vivió en Cataluña y en Madrid, ciudad en la que desarrolló la mayor parte de su actividad. Fue escritora infatigable de poesía y novela, periodista, y persona muy vinculada a los ideales católicos y conservadores a cuya propagación dedicó sus máximos afanes. Fue directora de El Correo de la Moda entre 1867 y 1883, año de su muerte. Por su matrimonio con el Sr. Cuenca llegó a ser copropietaria de este semanario hasta 1881, año de la muerte de su marido. Ángela Grassi falleció en Madrid el 17 de septiembre del mencionado 1883. El lema de su vida y de su obra bien podría ser este: Guiar a la mujer por la buena senda.

Las novelas de Ángela Grassi tienen una finalidad fundamentalmente didáctica, de igual modo que tienen sus artículos periodísticos. Grassi se dirige fundamentalmente a un público femenino. El Correo de la Moda era un “periódico ilustrado para señoras” y también un “periódico de modas, labores y literatura”. El sentido de consejo que tienen muchos de sus artículos puede advertirse perfectamente en el titulado “El año nuevo” del que está tomado el siguiente párrafo: “Muchos años ha que os dirijo mi débil voz; muchos años ha que procuro, por cuantos medios se hallan a mi alcance, guiaros por el camino estrecho, pero seguro, del bien y de la virtud”. Sus colaboraciones periodísticas, aunque de modo esporádico, le llevaron también a colaborar en otras publicaciones distintas a la suya como Los Niños, La Niñez o La Ilustración Católica en cuyo primer número escribe, precisamente un artículo sobre la infancia, “La predicación de los niños”. Fue este tema del mundo de los niños uno de los más queridos por Ángela Grassi y aparece de modo habitual en sus novelas. En El capital de la virtud, Marta, una niña de nueve años que había sido abandonada y es recogida por un matrimonio pobre y cargado de hijos, revela su abnegada personalidad al hacerse cargo de la casa ante la muerte del padre y la grave dolencia de la madre. En La paloma del diluvio un niño pobre llamado Benjamín se gana la vida en compañía de sus dos hermanitos que cantan y tocan la guitarra para conseguir unas monedas de los viandantes que pasan por la calle de Alcalá. En Dos mujeres, Carlos, un niño lleno de bondad y belleza que ha visto morir a su padre y tiene a su madre enferma, pide limosna por los caminos y nadie se compadece de su miseria.

Pero Ángela Grassi es, ante todo y sobre todo, una escritora de mujeres y para mujeres. Los personajes femeninos dominan, por lo general, sobre los masculinos y son fundamentalmente los problemas de la mujer -de la madre, de la esposa, también de la hija- los que preocupan más constante y profundamente a la escritora. En este sentido la visión que tiene Grassi de la mujer es fundamentalmente tradicional aunque de vez en cuando surjan juicios y protestas de cierto sabor feminista, reivindicadores de los derechos y la dignidad de la mujer.

Otro aspecto importante en la obra de Ángela Grassi lo constituye el fervor patriótico que resulta, además muy español pese a los orígenes italianos de la escritora. En la novela Zinska el sentido patriótico está desarrollado de manera especial. Al comienzo de la novela se dice: “¿Por qué hemos de pedir prestados sus héroes a las naciones extrañas si nuestros héroes son gigantescas figuras y resaltan perfectamente sobre el rico matiz de nuestros campos?”

El que cada cual debe resignarse con el puesto que le ha conferido la vida es la tesis que defiende Ángela Grassi en su novela El lujo. En otras palabras, la escritora está haciendo una defensa de la división en clases sociales con el pretexto de que lo verdaderamente importante es la virtud y ésta puede encontrarse en cualquier status. Grassi ve y denuncia las injusticias de la España de su tiempo y nos propone una solución. Pero esa solución es tan ingenua como paternalista. El rico debe compartir una parte de su riqueza con el pobre y esto debe hacerse no a través de unas leyes que le quiten a los ricos lo suyo -la novelista es siempre respetuosa con la propiedad privada saliendo así en defensa del orden establecido y contra los nuevos vientos de la ideología socialista que empezaba a infiltrarse en España- sino por medio de la buena voluntad.

En su mundo poético encontramos también elementos coincidentes con los que Ángela Grassi había expuesto en sus novelas. El amor a la patria y a la religión, el canto a la maternidad, la defensa de la mujer y el amor ocupan un lugar destacado de su creación poética. Sus versos aparecieron reunidos en sus Poesías, editados en 1871. Carolina Coronado dijo de Grassi: “Posee la gracia de ocultar su sabiduría, y es seguro que ésta es de todas las gracias la más necesaria a nuestro sexo”.

Melodramática y conservadora, imaginativa y sensible, fiel a sus creencias, educadora y guía de sus muchas lectoras, trabajadora incansable, culta y maternal, pero también con un secreto deje de melancolía contenida y disimulada Ángela Grassi bien merecía rescatarla del olvido. Y como dijo nuestra poetisa: “¡Feliz mil veces quien comprende y siente / esa música dulce, embriagadora / esa atracción que enlaza el universo / con cadena invisible y misteriosa!”.



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