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LA VOZ DE LA ESTRELLA MUNDIAL DE LA NOVELA


Francisco Arias Solís
aarias@arrakis.es

 

“Un no-alemán es imposible que se pueda
formar una idea de la situación en que
se encuentra un judío alemán.”
Jakob Wassermann

Jakob Wassermann es uno de los novelistas alemanes que contó con mayor número de lectores, y aun hay quien pide para él aquella primacía que suele otorgarse a Thomas Mann, que, por cierto, le calificaría de “estrella mundial de la novela”. Verdad que su mayor propósito parece haber sido el de entretener e interesar a su público, ya poéticamente, ya por medio del análisis psicológico y de teorías filosóficas o sociales gratas a muchos. Aunque describa, a veces, con la fuerza o crudeza de un realista, suele moverse más a gusto en pleno idealismo, en los dominios de lo maravilloso, raro o inesperado, sin más sujeción que lo que le dicta la inspiración del momento, o bien un objetivo preconcebido, de carácter más o menos ajeno a la literatura. Llévale éste hasta prescindir de la verosimilitud en el diálogo o en la acción con tal de mantener viva la curiosidad del lector. Judío alemán, al paso que ha tenido que sufrir siempre la tragedia de su raza, lleva en sí un inconfundible elemento de origen oriental, que le da un sello misterioso. Escribió una obra profundamente humanitaria influida por Dostoievski y el expresionismo de Schnitzler, a quien conoció en Viena, de estilo no muy cuidado pero vivo y moderno. Aunque sus novelas están situadas siempre en Alemania, tanto sus paisajes como su personajes, desde 1933, sus libros fueron rechazados en Alemania por su condición de judío.

Jakob Wassermann nació en Fürth, Baviera, el 10 de marzo de 1873 y murió en el destierro en Altaussee, Austria, el 1 de enero de 1934. Hijo de un pequeño comerciante, trabajó primeramente como dependiente de una librería y más tarde como redactor de la revista Simplicissimus, hasta que en 1893 pudo dedicarse exclusivamente a la literatura. A partir de los veinticinco años vivió en Austria, primero en Viena y luego en Altaussee.

La mayoría de sus novelas son de tema judío; entre ellas destacan Los judíos de Zirndorf (1897), su primera y más conseguida obra, Moloch (1903), Kaspar Hausse o la pereza del corazón (1908), llevada a la pantalla grande, El hombrecillo de los gansos (1915), Christian Wahnschaffe (1919), Faber o años perdidos (1924) y la trilogía que lo hizo famoso, compuesta por El caso Maurizius (1928), Etzel Andergast (1931) y La tercera existencia de Joseph Kerkhoven (1934). Su libro Mi camino como alemán y judío (1921), es una autobiografía en la que nos dejó su testimonio como judío alemán. Y como dijo el novelista alemán: “La tristeza no es, en muchos casos, sino la forma más refinada de la hipocresía”.








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