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LA VOZ DE UN EXCELENTE POETA


Francisco Arias Solís
aarias@arrakis.es

 

“Augusta soledad del bosque umbrío
que da y protege el álamo frondoso,
amparad del verano riguroso
al inocente y fiel rebaño mío.”
José Joaquín de Mora.


El soneto El estío de este poeta gaditano figura entre “Las cien mejores poesías líricas de la lengua castellana”, escogidas por Menéndez Pelayo, entre lo mejor de la literatura española antigua y moderna, pero son muy pocos los que se interesan por los versos de Mora. Y, sin embargo, el polígrafo santanderino decía que Mora era “excelente poeta”, y sus sonetos deben figurar entre los más destacados de su época.

José Joaquín de Mora nace en Cádiz el 10 de enero de 1783. Estudió leyes y muy joven aún fue profesor de Filosofía en la Universidad de Granada, donde tuvo como alumno a Martínez de la Rosa. Al producirse el levantamiento contra Napoleón se incorporó al ejército y combatió en Bailén, pero hecho prisionero en 1809, vivió internado en Francia. Allí casó con una dama francesa Françoise Delauneux, y al concluir la guerra regresó a Cádiz.

Hombre inquieto y brillante, introdujo en España las teorías jurídicas de Bentham desde su cátedra de Granada, tradujo a Holbach y a Fénelon, y, a su regreso, el folleto de Chateaubriand contra Napoleón y en defensa de los Borbones de Francia. En Cádiz y en Chiclana, Mora había tenido amistad con los Böhl de Faber. Cuando Juan Nicolás estaba en Alemania durante la guerra, doña Frasquita Larrea le remitió unos romances de Mora, a la sazón internado en Francia, para que aquél los hiciera llegar a Augusto Guillermo Schlegel, quien contestó a doña Frasquita haciendo elogios de las composiciones. La amistad se rompió, sin embargo, en fecha y por causas que se desconocen, lo que ha dado pie para suponer razones personales en la famosa “querella calderoniana” entre Böhl de Faber y Mora, y que está considerada como la primera llamada del romanticismo a la puerta de nuestro país. “No deja de ser significativo -dice Llorens- que en las controversias ... en torno al romanticismo en España y en la evolución de la crítica entre los emigrados, todos los que tomaron parte principal procedieron de Cádiz o de aquel grupo literario que se reunió en torno a doña Frasquita Larrea de Bölh de Faber”.

Mora se trasladó a Madrid a comienzos de 1815 para ejercer la abogacía, mas acabó por dedicarse de lleno a la literatura. Tradujo varias obras del francés y del inglés y se distinguió como periodista. En la Crónica Literaria y Científica que fundó en 1817, en su continuación El Constitucional, en La Minerva Nacional y otras publicaciones pudo lucir su versátil ingenio, tanto en prosa como en verso, en cuestiones literarias y políticas.

El restablecimiento del poder absoluto, hizo que en 1823, Mora se viera obligado a emigrar refugiándose en Londres. Ackermann había introducido en Inglaterra el almanaque literario alemán, tan en boga en la época romántica, con el nombre Forget me not, colección de breves composiciones en prosa y verso de autores contemporáneos, que se ofrecía como regalo de Navidad y Año Nuevo. El activo editor pensó hacer una adaptación para los países hispanoamericanos, y así nacieron los No me olvides españoles, de los que se publicaron seis volúmenes, de 1824 a 1829; los cuatro primeros debido a Mora, y los dos últimos a Pablo Mendíbil. Los No me olvides de Mora no sólo contienen traducciones sino muchas de sus propias composiciones poéticas, algunas de años atrás. En el primero de los números se incluyen seis Romances granadinos.

El incansable Mora, además de traducciones y obras originales, tuvo tiempo todavía para ser director y redactor único de dos periódicos. el Museo Universal de Ciencias y Artes y el Correo Literario y Político de Londres. El Correo iba destinado con preferencia a los lectores americanos, cuyas nuevas libertades y posibilidades ilimitadas se ponderan. Mora establece ya en estas páginas la ecuación liberalismo-romanticismo, proclamada luego por Víctor Hugo.

A fines de 1826, Mora salió para Buenos Aires, a requerimiento el presidente Rivadavia, fundando en seguida un periódico, La Crónica Política y Literaria de Buenos Aires. De la Argentina pasó a Chile, cuya Constitución de 1828 redactó, y fundó los periódicos El Mercurio Chileno y El Constituyente. En este país dio a la escena las comedias El marido ambicioso y El embrollón. En 1831 creó en el Perú, el Ateneo. Durante su estancia en el Perú, Mora publicó esta obra miscelánea, Aguinaldo, semejante a los No me olvides londinenses.

La muerte de Fernando VII le animó a regresar a España, pero llamado por el general Santa Cruz, presidente de Bolivia, marchó a la Paz, de cuya Universidad fue catedrático de Literatura en 1834. En Bolivia compuso la mayor parte de sus Leyendas españolas.

En 1838 fue enviado a Londres como cónsul de la Confederación Perú-Bolivia. Poco después regresó Mora a España; en 1843 dirigió un colegio en Cádiz, pero pronto marchó a Madrid, desplegando su formidable actividad en difundir la filosofía escocesa y las doctrinas económicas de Moc-Culloc. En 1848 ingresó en la Academia de la Lengua y durante mucho tiempo desempeñó el consulado de España en Londres. José Joaquín de Mora murió en Madrid el 3 de octubre de 1864.

Mora está considerado como el verdadero periodista de la emigración liberal. Poseía un estilo suelto, ligero, que en vano se buscaría en los demás. Sus páginas son siempre amenas, sin la plúmbea densidad de los eruditos, ni la mala retórica de los políticos. Y como dijo el excelente poeta gaditano: “Meditando en lo que he sido, / mi triste vida mantengo, / y nunca esta letra olvido: / Tuve hogar y lo he perdido, / tuve patria y no la tengo”.

 

 


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