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LA VOZ DEL FUTURISMO


Francisco Arias Solís
aarias@arrakis.es

 

“Estamos persuadidos que el amo
r es la cosa menos natural del mundo.
En esto no hay de natural más que
la continuación de la especie.”
Marinetti.


Italia contribuyó al panorama de los movimientos literarios de vanguardia del siglo XX con el futurismo, cuyo primer manifiesto, lanzado por Marinetti apareció en 1909 en el periódico Le Figaro.

Lo mismo que Apollinaire y Tristán Tzara, el futurismo se inició al impulso de una personalidad artística en busca de toda su proyección, y como en el caso de Tristán Tzara y el dadaísmo, la proyección de Marinetti y el futurismo rebasó en mucho el valor intrínseco de la obra misma. El futurismo italiano, coincidiendo con un auge de la conciencia histórico-nacional, cristalizó en un movimiento político con la exaltación del fascismo. André Breton, al hacer una síntesis de los movimientos de vanguardia que animaron el principio del pasado siglo, escribió: “El cubismo fue una escuela de pintores. El futurismo, un movimiento político. Dadá un estado de espíritu”.

Se citan como precursores del futurismo a Whitman y D’Annunzio. El primero de ellos, por las ansias de modernidad que respiraban los manifiestos futuristas de Marinetti, exaltando la velocidad y la máquina. La influencia de D’Annunzio cristaliza en la sensualidad –Marinetti fue procesado a causa de lo relevante de esta característica en una de sus primeras obras, escrita en francés-, así como en la violencia, la exaltación del héroe y el nacionalismo imperialista que había de encarnarse en la figura de Mussolini. Algunos escritores italianos, como es el caso de Papini, en un principio afectos al futurismo por aquella cara Whitniana que presentaba, al evolucionar hacia una cristalización política y dictatorial, no sólo lo abandonarían, sino que se convertirán en sus más eminentes enemigos, y centro de la polémica que se prolongó a lo largo de toda la mitad del pasado siglo.

Filippo Tommaso Marinetti nació en Alejandría, Egipto, el 22 de diciembre de 1876 y falleció en Bellagio el 2 de diciembre de 1944. Estudió en su ciudad natal y en París, donde conoció el parnasianismo y el simbolismo. En 1899 se licenció en Derecho en la Universidad de Génova. Entre 1902 y 1908 publicó en francés sus primeros libros de poemas: La conquista de las estrellas, Destrucción, El rey Jolgorio, La momia ensangrentada y La ciudad carnal. En 1905 fundó en Milán la revista Poesía y el 20 de febrero de 1909 Le Figaro publicó su Manifiesto del futurismo, donde exponía la necesidad de abandonar las viejas fórmulas y crear un arte libre y anárquico capaz de expresar el dinamismo de la sociedad industrial. En 1910, en un nuevo Manifiesto, teorizó sobre la puesta en marcha de su programa. Su postura vital, violenta y de un nacionalismo irracionalista, lo llevó a apoyar las aventuras militares italianas en África, ser voluntario en la primera guerra mundial, y, a partir de 1919 vincularse con el fascismo, lo que le valió diversos puestos oficiales. Como sus teorías estéticas no se adecuaban a la exaltación del pasado romano deseada por los dirigentes del partido el prestigio de Marinetti decayó paulatinamente.

Entre su obra destacan la pieza Muñecas eléctricas (1909), publicada en Italia con el título de Electricidad sexual, en la que aparecen, con otro nombre, los robots, la novela Mafarka el futurista (1910), novela antiafricana que produjo un gran escándalo, especialmente el capítulo titulado La violación de las negras, el poema Zang Tumb Tumb (1914) y diversos textos teóricos, como Teatro de variedades (1913), Teatro sintético (1915) o Guerra, la única higiene del mundo (1915). Marinetti escribió otras muchas obras que no vale la pena de registrar por el hecho de que, la única obra perdurable de este escritor fueron sus treinta y tantos manifiestos, en torno a los que logró reunir, al menos temporalmente, a artistas como Buzzi, Govoni, Palazzeschi y Folgore, entre los poetas, junto con Soffici, Papini y Prezzolini. En el Manfiesto del futurismo se decía: “ Un automóvil de carreras con su capó adornado de gruesos tubos parecidos a serpientes de aliento explosivo..., un automóvil rugiente que parece correr sobre la metralla, es más bello que la Victoria de Samotracia”.


 

 


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