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  Guías culturales


LA VOZ DE UN GITANO LEGÍTIMO


Francisco Arias Solís
aarias@arrakis.es

 

 

“Yo creo que el duende puede darse en todos los oficios,
aunque quizás más en lo nuestro, en lo de los gitanos”
Camarón de la Isla.



En la Isla, en torno a la Bahía, donde sangra la adelfa y se cimbrea la palmera, vino el cante a este reino de luz. Ese día, temblaron las palmas y las guitarras. Los pájaros se agotaron de gozo y vuelo y el mar saltó a darle su abrazo de agua y su beso de sal. Junto a las olas del mar, en la calle de la amargura, al pie de casas antiguas, llenas de penas límpias, de gritos de cobre y de paredes de blanco luto de cal, no muy lejos de la fragua, dio a luz la Juana la Canastera y la luz se hizo cante. ¡Qué grito de sangre al nacer! ¡Qué salada pena al llorar! En la noche quieta y sola, de esa isla de soledad, se sentía el latido de las estrellas temblorosas. Una sirena mecía aquella cuna de mimbre y caña. Desde ese día, la voz de Camarón fue la ola y la sal del cante. Un gitano dio la noticia: “Míralo por donde viene, el mejor de los nacíos...”

José Monge Cruz nació el 5 de diciembre de 1950 en San Fernando, antes Isla de León (Cádiz) y murió en un hospital de Badalona (Barcelona) el 2 de julio de 1992. Fue el segundo de ocho hijos, criado al calor de la fragua y al compás de la gente canastera. Niño prodigio, su escuela se halla en la Venta de Vargas. Tras graduarse en la Cátedra del Festival de Mairena se traslada a Madrid, donde actúa en el tablao Torres Bermejas. Su verdadero amor fue Dolores Montoya, una gitana de La Línea conocida como Chispa. Su primer LP con Paco de Lucía llegaría en 1968. Comenzó a introducir ciertas innovaciones estilísticas en sus interpretaciones, rompiendo en cierta manera con los moldes acuñados por la tradición.

¡Y como cantó Camarón! “Mientras mi corazoncillo hierva / yo venceré a mi enemigo”, cantaba Camarón por bulerías, con ese duende que bordea la herida y presagia la muerte.

El genial cantaor gitano cantaba con el corazón, “con el corazón en la mano”. Y con el corazón en la mano se canta como se quiere. Con el corazón se canta con sinceridad, con viva sinceridad humana. Para un andaluz, hacer su santísima voluntad es hacer lo que se quiere, lo que le da la gana. Cantar como se quiere, como la real gana exige, como la santísima voluntad impone. Fue lo que hizo Camarón, que cantó como quiso, cantaba como quería, siempre; aun cuando no cantara, siempre, lo que quería.

Cantar como querer, es cantar voluntaria o voluntariamente: caprichosamente. El hombre que hace su capricho, hace lo más puramente voluntario que puede hacer, lo más hondamente voluntario. Nada más voluntario ni más hondo que el cante de Camarón. Cante de verdad. Acaso lo más profundamente humano. Lo más verdadero de su ser.

Lo difícil, lo grave, no es lo que se haga, sino que lo haya podido hacer. Lo que importa no es que lo hace, no es lo que hace, sino cómo lo hace. Cómo por pura voluntariedad se hace el puro capricho. Cómo por santísima voluntad se hace divinamente todo.

Las verdades más claras de España son las populares que nos cantó Camarón. No hay cante más claro para los oídos, como para el entendimiento, que las bulerías, alegrías, seguiriyas, soleares... del enorme José Monge. Algunos le han llamado “Picasso del cante”. Del disparatado andaluz Picasso al no menos andaluz y disparatado Camarón hay solo un paso. El del entendimiento revolucionario de lo andaluz, de lo español, de lo universal. Pues sin ese entendimiento, o sea la verdad de nuestro pueblo, de los pueblos de España y de los pueblos del mundo, no hay posibilidad, para mí, de entender, ni humana ni divinamente, ninguno de estos dos genios.

Ya duerme sin fin, la voz de Camarón, que tiene que volver a romper tanto silencio. La verdad de su voz tiene que venir montada en un potro sin freno y atravesar nuevamente todos los aires, el viento y la nada.

Honda, pura voz del cante; música cadenciosa y dilatada; sombría y clara como el agua de los montes, que es de lluvia, o de gotear de piedra; de llanto y rosa; de súplica, de rezo, de gozo, de amor y de nostalgias. Voz que dice el más puro y hondo pensamiento, el que siente, el que canta. Voz de la verdad. Voz de sangre. Música de corazón y de estrellas. Voz de gitano legítimo... “¡Oh pena de los gitanos! / ¡Ay cómo lloran y lloran, / ¡ay! ¡ay!, cómo están llorando!”

 



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