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  Guías culturales

LA VOZ DE UN GRAN PERIODISTA


Francisco Arias Solís
aarias@arrakis.es

 

 

“Yo no aspiro a mayor gloria,
más ilusiones no tengo,
que cuando mi vida acabe,
mudo ya mi pensamiento
pongan dentro de mi caja
las rosas de mi pensamiento.”
Ángel Guerra.

 

 

“Todos los hombres serán iguales, hermanos”, escribía Ángel Guerra, un hombre liberal del 98 que encontró la solución del problema nacional europeizando a España.

Ángel Guerra escribió seis narraciones del tema canario: Al “jallo”, El justicia del llano, Rincón isleño, La casta de los Luzardos, A merced del viento y La lapa. Con estas narraciones el escritor pretende universalizar la literatura canaria, haciendo realidad aquel deseo que en los primeros días de su llegada a Madrid formulara: “Quisiera recorrer todo el mundo..., sólo para decir a todo el mundo que no hay país como mi hermosa tierra canaria”.

La vida de José Betancort Cabrera, más conocido por el seudónimo de Ángel Guerra en el mundo de las letras, debe ser considerada bajo una triple faceta: el hombre, el político y el escritor.

José Betancort Cabrera nació en Teguise (Lanzarote) el 19 de marzo de 1874. A los siete años marcha a Las Palmas y estudia en el Seminario Conciliar de Canarias y en el Colegio de San Agustín. A los dieciséis años publica su primera composición: Las fuentes del ideal, romance heroico en versos alejandrinos que dedica a su distinguida amiga “Matilde”. A fines de 1891 vuelve a publicar otra composición titulada Una hoja de mi álbum, esta vez dedicada a Dolores Lorenzo. Su primer artículo en prosa aparece, en 1892, en un periódico de Las Palmas llamado La Patria. En julio de 1894 fija su residencia en la capital grancanaria. Ese año visita a Benito Pérez Galdós, persona a la que idolatraba como escritor. Su formación literaria, la realiza en los periódicos finiseculares del archipiélago canario. Generalmente oculta su nombre bajo distintos seudónimos, Juan Petate, Matías, Tarsis, pero en 1898 se ha hecho muy popular con el de Ángel Guerra, nombre de uno de los personajes galdosianos, que eclipsará a los demás y será el que va a consagrar definitivamente.

En el verano de 1900, con el pretexto de estudiar Derecho y Filosofía y Letras en la Universidad Central, se establece en la capital de España y entra a formar parte de la redacción de El Heraldo de Madrid. Su primer mentor, su gran maestro y mejor amigo va a ser Benito Pérez Galdós.

Sucesivamente se va incorporando a la redacción de importantes diarios madrileños, El Liberal, La Época, El Globo, El Imparcial, La Correspondencia de España, Diario Universal, España Moderna. En enero de 1908 lo nombran corresponsal de La Correspondencia de España en París. Frecuenta el trato de los españoles allí residentes: Turina, Manuel de Falla y Bonafoux. Viaja por Bélgica, Holanda, Alemania, Suiza, Italia, Inglaterra... En Enero de 1910 regresa a España.

En julio de 1912 se promulga la Ley Administrativa de Canarias, creándose, entre otros, el distrito de Lanzarote que, desde ahora, deberá elegir su representante en Cortes. En diciembre de ese año, Betancort es elegido diputado por Lanzarote, representación que ostentará once años seguidos hasta la disolución de la Cámara con el advenimiento de la Dictadura de Primo de Rivera.

El 25 de mayo de 1925 es nombrado director de La Correspondencia de España. A los pocos días de caer la Dictadura de Primo de Rivera, nombran a Betancort Director General de Prisiones. En Septiembre de 1930 vuelve a las islas, por última vez, para inaugurar el monumento a Benito Pérez Galdós, que el Cabildo Insular de Gran Canaria había encargado a Victorio Macho.

El 14 de abril de 1931 se proclama la Segunda República Española. José Betancort es relevado de su cargo de Director General de Prisiones y se reincorpora a la vida periodística. En 1936 se siente profundamente afectado por la conflagración que enfrenta a los españoles. Con la guerra el político que había en él ha muerto y el escritor apenas da señales de vida. Entre 1936 y 1939 reside en Francia. José Betancort falleció en Madrid el 18 de noviembre de 1950.

Las páginas literarias de Ángel Guerra siguen teniendo una increíble actualidad. Estimable escritor, gran periodista, notable narrador de asuntos canarios, excelente y perspicaz crítico literario, su nombre se ha silenciado injusta e inexplicablemente. El mar, es el leimotiv de casi todas las obras del escritor canario, nacido junto a la orilla nunca olvidará “la visión de las aguas quietas, azules, con cabrilleos de luz a las horas de sol...” Y añadía: “No se diga que el mar no tiene corazón. Ya lo veis. ¡A veces llora!”



 

 

 

 


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