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LA VOZ DEL HERMETISMO


Francisco Arias Solís
aarias@arrakis.es

 

“Y esta tarde cargada de invierno
es aún nuestra y aquí te repito
mi absurdo contrapunto
de dulzuras y furores,
un lamento de amor sin amor.”
Salvatore Quasimodo.


Salvatore Quasimodo fue periodista, crítico teatral y profesor de literatura italiana en el Conservatorio de Milán, pero, por encima de todo, poeta. Cultivó varios de los “ismos” de su época como el simbolismo y el hermetismo. Formado en el gusto de la poesía hermética, se convirtió en una de las figuras principales del hermetismo; posteriormente, su obra se inclina hacia la poesía “comprometida”, producto de su militancia en el partido comunista. Sus versos tienen un aire clásico e intemporal, que subraya su hermetismo y dificultad para ser entendido. Se le considera uno de los más importantes traductores italianos de los clásicos latinos y griegos y perfecto traductor de poetas extranjeros.

Salvatore Quasimodo nació en Modica, Sicilia, el 20 de agosto de 1901 y falleció en Nápoles el 14 de junio de 1968. Su padre que trabajaba de ferroviario fue trasladado a Messina en 1908, poco después de que la ciudad quedara asolada por un terremoto. Estudia en instituto técnico de Messina. En 1919 se traslada con su familia a Roma y allí ingresa en el Politécnico. Realiza diversos trabajos tales como dependiente, diseñador técnico o contable. En 1926 se establece en Reggio di Calabria al alcanzar allí una plaza de funcionario aparejador. Desde 1934 vive en Milán. Cuatro años más tarde consigue dedicarse de lleno a la literatura. Se hace redactor de la revista Il Tempo, encargándose de la crítica teatral, al tiempo, que ejerce desde ella su oposición al fascismo. En 1941 es nombrado profesor de literatura italiana en el Conservatorio de Milán. Obtuvo el título honoris causa por las universidades de Messina y Harvard. En 1959, le fue concedido el Premio Nobel de Literatura “por la poesía que con clásico fuego exprime la trágica esperanza de la vida contemporánea”.

Su primera colección de poemas fue Aguas y tierras (1930) y con Oboe sumergido (1932) y Erato y Apolo (1936) se convirtió en la más destacada figura del hermetismo italiano. Fecundo escritor, de sus obras sobresalen: Olor de eucalipto (1933), Y de repente, la noche (1942), Catulli Veronensis Carmina (1945), Con el pie extranjero sobre el corazón (1946), Día tras día (1947), La vida no es sueño (1949), La tierra incomparable (1958) y Dar y tener (1966). En 1960 escribió el libreto de una ópera de cámara, Orfeo Anno Domini MCMXLVII, con música de Gianno Ramous. Y como el gran poeta italiano: “Tal vez haya cambiado también mi tristeza / como si yo fuese no mío, / por mí mismo olvidado”.



 


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