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LA VOZ INCONFUNDIBLE DEL SOCIALISMO


Francisco Arias Solís
aarias@arrakis.es

 

“No queremos ni la perpetuación de las oligarquías
históricas ni dictaduras de la derecha ni de la izquierda,
sino una democracia integral: la democratización del poder,
de la riqueza y de la cultura. E internacionalmente,
no una paz armada, sino una paz jurídica”.
Francisco L. Caballero. XVI Conferencia de la OIT.


Largo Caballero fue toda su vida un marxista apasionado, de cuya fuerte convicción intelectual ardía el fuego de la indignación ante la injusticia, y del deseo de emancipar a sus compañeros de clase de las humillaciones e infamias que había sufrido en su carne.

Se ha dicho que si Pablo Iglesias fue el socialismo fundacional, y Julián Besteiro, su inteligencia, y Fernando de los Ríos, su sensibilidad; Largo Caballero fue su acción.

Largo Caballero se enfrentó en actitud revolucionaria con el régimen burgués en cuatro crisis que él mismo llama “Revoluciones”: las de 1917, 1930, 1934 y 1936, y en las cuatro observó que otros compañeros dirigentes de las organizaciones socialistas adoptaban posiciones a retaguardia de las suyas. Era, pues, natural que considerase como la verdadera causa de la divergencia con algunos de sus compañeros la que le dictaba a él su propia experiencia de proletario. Largo Caballero en estas cuestiones se reveló marxista ejemplar. Era, en efecto, firme, dogmático, inflexible, en cuanto a su estrategia: llegar al socialismo por todos los medios; pero era adaptable, maleable y flexible en cuanto a la táctica.

Francisco Largo Caballero nace en la plaza Vieja de Chamberí, de Madrid, el 15 de octubre de 1869. Hijo de un obrero y de su mujer, que tuvo que hacerse cargo del cuidado del niño al eludir su marido sus deberes conyugales y paternos. La instrucción primaria del chico, sólo duró tres años, de sus cuatro a sus siete de edad, porque tuvo que ponerse a trabajar para coadyuvar a lo poco que su madre ganaba. Ingresa en la Unión General de Trabajadores de España en 1890 y con veinticinco años se afilia al Partido Socialista. Después de pocos años de trabajo como estuquista llegó a ser uno de los hombre de confianza de Pablo Iglesias, y su primer lugarteniente. Fue secretario general de la Unión General de Trabajadores de España desde 1918 a 1937. Su rápida ascensión en la escala del poder social por vía del poder obrero se explica por su formidable voluntad, su insobornable honradez y limpieza de propósito y su talento natural y eficiencia como organizador y cumplidor de su obligación. Este joven que tuvo que ir mendigando de niño jornales de miseria, llega a penas rebasados los veinte años a enfrentarse con cualquiera de sus compañeros de lucha en pro del pensamiento de Marx, y se revela tan capaz de apoyarse en los clásicos del socialismo como el más pintado de sus rivales.
En 1925, el editor Javier Morata inicia su colección “Vanguardia”, con publicaciones de izquierda, del sector socialista. En ese año publica la obra de Largo Caballero, Presente y futuro de la Unión General de Trabajadores.

Con Besteiro, Saborit y Anguiano formó parte del comité socialista que declaró la huelga general revolucionaria en agosto de 1917. Condenados todos ellos por un tribunal militar a cadena perpetua fueron encarcelados en el penal de Cartagena, de donde saldrían al año siguiente para ocupar sendos escaños en las Cortes, amnistiados por el voto popular. Largo Caballero fue elegido diputado por Barcelona. Durante la dictadura de Primo de Rivera es nombrado consejero de Estado. Es encarcelado a raíz del fracaso del golpe de Jaca (1930). En 1932 es elegido presidente del PSOE. En el Gobierno provisional del bienio azañista (1932-33) ocupó la cartera de Trabajo y Previsión Social.

A comienzos de septiembre de 1936, encabezó el Gobierno de unidad de todas las fuerzas que integraban o apoyaban el Frente de Popular. En noviembre de ese año, Largo Caballero formó su segundo Gobierno que ya contó con la participación de cuatro ministros de la CNT. Largo Caballero durante la batalla de Madrid, trasladó la capital de la República a Valencia. Calificado en esta época, con obvia inexactitud, de “el Lenin español”, supo desempeñar su cargo sin doblegarse a las presiones estalinistas.

Exiliado en Francia desde 1939, vivía en París con su familia, atenido a la modesta ayuda de la Sindical Internacional Socialista. Detenido por la policía del Gobierno de Vichy, fue entregado, el 20 de febrero de 1943, a la Gestapo y trasladado, enfermo y septuagenario, al campo de concentración de Oranienburg, en las cercanías de Berlín. Largo Caballero vivió la vida abominable de preso corriente, a veces algo atenuada por su estado de salud; y cuando llegó la libertad, se le hizo marchar en filas, estando en tan mal estado de arteriosclerosis de una pierna, que cayó al suelo en la carretera, donde un soldado lo apaleó y pateó a su placer. Largo Caballero muere en París el 23 de marzo de 1946.

En 1946, ya en cama, Largo Caballero escribía: “Hace años, en un mitin celebrado en el Cine Pardiñas, en el que hablamos Saborit, Besteiro y yo y cuyos discursos se publicaron en un folleto, decía yo que si me preguntasen qué quería mi respuesta sería ésta: ¡República! ¡República! ¡República! Si hoy me hicieran la misma pregunta contestaría. ¡Libertad! ¡Libertad! ¡Libertad!”.



 









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