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  Guías culturales

LA VOZ DEL INICIADOR DE LA ÉPICA BURLESCA


Francisco Arias Solís
aarias@arrakis.es

 

“La luna estará celosa.”
Luigi Pulci.


El poeta italiano renacentista Luigi Pulci debe su fama a ser el iniciador de la época burlesca con su poema Morgante. Aunque el tema es todavía materia heroica (la vida de Roldán u Orlando, en la primera parte y la derrota de Roncesvalles, en la segunda), su tratamiento está más cerca de las comedias burlescas italianas que de los cantares de gestas franceses. Los paladines se expresan en una lengua grosera y coloquial, y Carlomagno es presentado como un viejo presuntuoso. El mismo nombre del poema lo recibe de un episodio marginal que ocurre entre dos gigantes, Margutte cínico y lujurioso, y Morgante, ingenuo y glotón, que sigue a su amo, Roldán. Pulci creó una obra imaginativa, cómica, grotesca, haciendo un uso de la jerga y del dialecto que ejerció influencia en obras como Gargantúa y Pantagruel, de François Rabelais.

Luigi Pulci nació en Florencia el 15 de agosto de 1432 y falleció en Padua el 11 de noviembre de 1484. Tras entrar en la corte de los Médicis, se convirtió en un hombre de confianza de Lorenzo el Magnífico. A partir de 1475, debido a las polémicas con el poeta Mattea Branco y a causa de las maniobras de sus enemigos, entre los que se contaba Marsilio Ficino, exponente de la filosofía oficial de Florencia de la época, fue acusado de herejía. Murió en Padua, donde fue enterrado como un hereje.

Pulci tuvo la fortuna de escribir el poema heroico-burlesco Morgante (1483), inspirado según se dice, y él mismo parece confirmar, por una sugestión de Lucrecia Tornabuoni, la madre de Lorenzo el Magnífico, dama de gran cultura, talento y religiosidad. Aconteció que en una de las veladas literarias en el palacio de los Médicis, a las que concurrían los hombres más ilustres de Florencia, como se trató de la literatura caballeresca, se le ocurrió a Lucrecia llamar la atención sobre el gran partido que hubiera podido sacar la poesía de los materiales contenidos en los libros de caballerías. Recogió la idea Pulci, que la halló oportuna, de acuerdo con cierta atmósfera que empezaba a formarse sin obtener buen éxito, y en cuanto regresó a su casa comenzó a escribir el primer canto del Morgante, el cual leyó después a la reunión, aunque dando al asunto un giro irónico y burlesco, que es muy dudoso fuera el que deseaba Lucrecia. Le pareció a Pulci que no cabía ya allí la cándida y rutinaria imitación de los cantares de gesta, sino la parodia. Esto fue su poema, salpicado todo él de una sal bastante gruesa y acaso de intención política. La base de su asunto la tomó de un antiguo Cantare d’Orlando y de versiones de la epopeya carlovingia; pero él añadió su ironía. Su Morgante es una especie de gigantesco Sancho Panza, escudero pedestre del caballero Rolando, a quien sigue cómicamente armado con viejas piezas cubiertas de herrumbre, que habían pertenecido a otro gigante, y con el gran badajo de una campana de ermita, que maneja a modo de clava. Va a pie porque no encontró caballo que pudiera resistir su peso: en cambio él se echó el caballo a cuestas con facilidad y como alarde de fuerza dio así dos saltos para que se viera que el peso era ligero para él. El tipo Morgante, no está tomado de la historia, de la leyenda o de la tradición, ni en rigor es el protagonista de su obra. Es un nombre raro con el que se propuso llamar la atención. El poema está lleno de facundia, es alegre y entretenido, y contiene incluso atisbos filosóficos bastante atrevidos: anuncia a Rabelais y fue imitado por Byron.

 

 

 


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