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  Guías culturales

LA VOZ DEL INICIADOR DEL NEORREALISMO


Francisco Arias Solís
aarias@arrakis.es

 

“Uno no se mata por el amor de una mujer.
Uno se mata porque un amor, cualquier amor,
nos revela nuestra desnudez, nuestra miseria,
nuestro desamparo, la nada.”
Cesare Pavese.


Con Vasco Pratolini, Alberto Moravia, Elio Vittorini y Cesare Pavese surge un momento de gran auge artístico-social. Inician el famoso neorrealismo italiano, cuyas traducciones cinematográficas de Visconti, Vittorio de Sica y Rosellini, entre otros guionistas y directores, se han divulgado con gran éxito a través de todo el mundo. Este movimiento, junto con el de los “beats” angloamericanos significa la más honda evolución de nuestro tiempo, culminando el primer paso, fuera de la saturación humanística. El mundo asentado sobre la lógica aristotélica empieza a ser sustituido por el de la dialéctica, la estatua por la fotografía, el teatro por el cine, y la vieja novela de “pasatiempo” por la búsqueda filosófica y literaria de una cultura útil para lo cotidiano.

Cesare Pavese ha sido uno de los más inquietos representantes de la generación que alcanzó su madurez en la Segunda Guerra Mundial. Novelista, poeta, ensayista, fue también un excelente traductor de la literatura anglo-americana.

Cesare Pavese nació en Santo Stefano Belbo, Cuneo, el 9 de septiembre de 1908 y falleció en Turín el 27 de agosto de 1950. Su infancia y juventud transcurrieron en Turín, en cuya universidad se graduó en filología inglesa con una tesis sobre Walt Whitman. Profesor de latín e italiano, tradujo a autores británicos y estadounidenses como Charles Dickens, Herman Melville, John Dos Passos, James Joyce, John Steinbeck, Sinclair Lewis y Daniel Defoe. Codirector de la famosa editorial de la casa Einaudi, fundada en 1933 por Giulio Einaudi. Su fascinación por la ciudad como tal y el descubrimiento de la literatura estadounidense ejercieron notable influencia en su primera colección de versos, Trabajar cansa (1936). Algunas crisis sentimentales y la relación amistosa con intelectuales antifascistas reunidos en torno a Leone Ginzburg, que le valió el encarcelamiento y posterior exilio a Calabria, cambiaron sustancialmente su vida. Renunció a un viaje a América, quedando ligado definitivamente a Italia. Llamado a filas, se le dispensa por su condición de asmático. Durante la Segunda Guerra Mundial se refugia con su hermana en Serralunga. Al finalizar la guerra se afilia al Partido Comunista Italiano. Hacia 1943 conoce a la actriz norteamericana Constance Dowling, su último gran amor, quien le rechaza. Su carácter tímido, sus contradicciones políticas, religiosas y sentimentales, le llevaron a un aislamiento que culminaría en el suicidio. Pocos días antes de su muerte había escrito en su diario: “Todo esto da asco. Basta de palabras. Un gesto. No escribiré más”. En la habitación 346 de un hotel de Turín, el Albergo Roma, Cesare Pavese escribe sus últimas palabras: “Perdono a todos y a todos pido perdón. No murmuren demasiado”. Después se tomó el contenido de dieciséis envases de somníferos.

Más interesantes que sus versos ( Trabajar cansa y la colección póstuma Vendrá la muerte y tendrá tus ojos, de 1951), son las narraciones con las que Pavese se convierte en el iniciador del neorrealismo italiano: De tu tierra (1941), la colección de cuentos Fiestas de agosto (1945), El camarada (1947), Diálogos con Leucó (1947), Antes que cante el gallo (1948), que comprende dos novelas, La cárcel y La casa en la colina, El bello verano (1949), El diablo en las colinas (1949), Entre mujeres solas (1949) y La luna y las fogatas (1950). Póstumamente se publicaron su diario, El oficio de vivir (1952), los cuentos escritos en 1936 y 1937, reunidos en Noche de fiesta (1953), la novela Fuego grande (1959), en colaboración con Bianca Garufi, y el estudio crítico La literatura americana y otros ensayos (1951). Y como dijo el iniciador del neorrealismo italiano: “Los suicidas son homicidas tímidos”.

 


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