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  Guías culturales

LA VOZ DE LA INOCENCIA PERDIDA


Francisco Arias Solís
aarias@arrakis.es

 

 

“¿Para quién cantas, Julio Maruri
para quién,
esta noche de estío,
en el palacio real de Santander?”
Julio Maruri.

 

 

Julio Maruri se une a José Hierro y José Luis Hidalgo, amigos de su infancia, e inician, con otros, la revista Proel. Comparte Maruri con el grupo el tono existencial, el tema de la muerte progresiva, el afán por humanizar la poesía, no tanto a través de cambios innovadores, sino mediante la concentración, expresiva de imágenes o símbolos tradicionales.

Se diferencia de sus dos compañeros porque su melancolía aparece en un clima de serenidad de tono clásico; las formas métricas que predominan son lo versos octosílabos, heptasílabos y eneasílabos.

Julio Maruri nace en Santander en 1920. “Yo fui soldado de la quinta del 41-nos dice Maruri-, que estuvo cinco años en el servicio militar, por eso reclamo del Gobierno español una indemnización moral por secuestro y abuso de poder para todos lo que como yo, hijos de pequeños comerciantes, agricultores, de obreros –porque los de buenas familias se libraron-, debimos permanecer cinco años en el Ejército”. El primer libro, publicado por Proel, data de 1945, Las aves y los niños; la fecha en que comenzó a escribir poemas se sitúa en 1940, cuando Julio Maruri reside en Madrid cumpliendo el servicio militar y conoce a Dámaso Alonso, Vicente Aleixandre y Rafael Morales. El tema de Las aves y los niños es el de la infancia perdida; la nostalgia se expresa desde la angustia con que vive el mundo, que marcha ciego, al contemplarlo desde su ser adulto.

Los años (1947) fue “accésit” del Premio Adonais; el tema sigue siendo el de la experiencia de la soledad del hombre, en el tiempo de su existencia; el libro es un solo poema en forma de diálogo con un “tú” que unas veces es la belleza, otras la primavera o la mujer amada, mientras el yo -el poeta- se encuentra en las imágenes en que aparece en el fragmento “Joven de piedra”. En 1948 tiene lugar su primera exposición de dibujos realizados a tinta china en la sala del diario Alerta.

En 1956 publica Obra poética; la melancolía, la angustia por la temporalidad de la vida, el sueño imposible que le parece el amor y aún el tema del desengaño aparecen superados en el poema “El hombre nuevo”, que responde a una crisis de Julio Maruri que le llevó a ingresar en los carmelitas descalzos de Villafranca de Navarra en 1950, en la que tomó el nombre de Fray Casto del Niño Jesús. El árbol -símbolo de su vida- que “sin alegría se agitara un día” “cede su reinado / al puro firmamento soleado”. Debido a una nueva crisis religiosa se traslada a Bélgica y Francia. Posteriormente abandona la orden y se quedó a vivir en París, dedicado a la pintura.

En 1957 aparece su Antología poética, obteniendo el Premio Nacional de Literatura de ese año. Sin embargo, la inquietud y el desengaño vuelven a los versos en su libro, Unos poemas (1959), cuando se pregunta -una noche de estío- para quién canta. De nuevo el interrogante sobre el propio destino domina en su obra, que sigue expresándolo en verso corto. Durante un periodo se dedica fundamentalmente a la pintura. Más tarde se publican sus libros Como animal muy limpio (1963), Entre Laredo y Holanda (1970), Algo que canta sin mí.Poesía 1944-1992 (1993), Artículos perdidos (1994), De un Santander perdido (2002). Y el poeta montañés sigue preguntándose: “¿Para qué escribes tú, Julio Maruri; / para quién? / ¿Por quién sufres lo que cantas / y por qué?”



 

 

 

 


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