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  Guías culturales

LA VOZ INQUIETA POR LAS NUEVAS VERDADES


Francisco Arias Solís
aarias@arrakis.es

 

“El espíritu del investigador arde, sin consumirse,
en una lámpara de tres llamas: la policroma de la sensibilidad
artística; la blanca y luminosa de la inquietud por descubrir
nuevas verdades; la azul, en fin, cuyo vértice se eleva muy alto
y busca la eternidad.”
Pío del Río Hortega.

 

Al recordar a Pío del Río Hortega, una de las grandes figuras de la histología española, parejo de Santiago Ramón y Cajal, evocamos también el testamento poético de León Felipe: ¡Oh, este viejo y roto violín! Esa inolvidable elegía que es casi una “letanía” hecha con los nombres de tantos y tantos caídos en el destierro: “Piedras recogidas / en las sepulturas de los grandes españoles / desterrados y enterrados en el destierro... / Piedras elegíacas ... / ¡Oh Moreno Villa / te debo una elegía! / Y a vosotros también, amigos ilustres: / Altamira, / Canedo, / Barnés (Domingo, Francisco, Paco), / Castrovido, / Albornoz, / Pío del Río Hortega...”

Hombres maduros, los profesores universitarios españoles no se arredraron ante su incierto futuro, que les ofrecía la muerte en el destierro como perspectiva ineluctable y mantuvieron una posición dignísima acorde con su ideología política, sin claudicaciones ni desviaciones, por más que la solución española, al finalizar la guerra mundial, no les trajera esperanzas de retorno a la patria.

Pío del Río Hortega nació en Portillo, Valladolid, el 5 de mayo de 2008 y falleció, víctima de un cáncer que él mismo se había diagnosticado, en Buenos Aires el 1 de junio de 1945; desde 1986 sus restos descansan en el Panteón de Hombres Ilustres de la Ciudad de Valladolid. Del Río Hortega realizó los estudios primarios en la escuela de su pueblo natal, realizando el bachillerato en el Instituto de Valladolid, en cuya universidad se licenció en Medicina en 1905. Dos años más tarde obtuvo la plaza de médico titular de su pueblo, donde ejerció durante tres años. En 1909 marchó a Madrid donde obtuvo el doctorado con la tesis: “Causas y anatomía patológica de los tumores de encéfalo”. En 1913 consiguió una beca de la Junta para la Ampliación de Estudios, trabajó en París, Londres y Berlín; a su regreso a España se incorpora al grupo de investigadores del Instituto Cajal, colaborando directamente con Achúcarro en la dirección del Laboratorio de Histología Normal y Patológica; director del Instituto del Cáncer de Madrid; fue presidente de la Sociedad Española de Historia Natural; dio cursos en Norteamérica, Rusia y Japón y en los principales países europeos. Adquiere resonancia universal a partir de sus estudios sobre neuroglia, con sus métodos de tinción argéntica a base de plata amoniacal, realizados en el laboratorio de histología de la Residencia de Estudiantes de Madrid. En 1937 parte para el exilio, trabajando sobre la estructura de los tumores cerebrales, primero en la clínica de doctor Vincent, en el Hospital de la Piedad de París, y luego con el profesor Hugo Cairns, en el Radcliffe Institute de Oxford. Fue doctor “honoris causa” por la Universidad de Oxford, siendo propuesto para el Premio Nóbel en 1929 y 1934. En 1940 se marchó a Argentina, invitado por la Institución Cultural Española para dirigir el Laboratorio de Investigaciones Patológicas de Buenos Aires. Fue profesor extraordinario de las Universidades de México, Montevideo y La Plata y miembro de diversas academias y sociedades científicas. El eminente investigador español pasó sus últimos años de expatriación en Buenos Aires.

Al desenterrar la vida y la obra de este ilustre amigo de León Felipe, traigo a la memoria lo que el poeta en su exilio nos dejó dicho: “Yo estoy asombrado. Y os lo cuento, a vosotros los poetas principalmente, porque creo como Celaya (¡Buenos días, Celaya!) que el poeta escribe para decir las cosas que le pasan...”

 

 

 


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