- El rincón del poeta
- Relatos breves
- Libros digitales
- Trabajos de investigación
 
 
Cultura en general (museos, exposiciones, patrimonio, etc...)
Enseñanza de español y didáctica de otras lenguas
Cooperación, igualdad, dependencia, desarrollo, etc.
Publicaciones e información sobre el mundo del libro.
 
 
Publicar en Liceus







  Guías culturales

LA VOZ DE LA LIBERTAD


Francisco Arias Solís
aarias@arrakis.es

 

“Yo soy mi libertad.”
Jean Paul Sartre.

No es corriente acceder a la filosofía por vía de la novela. Sin embargo, esta posibilidad nos la ofrece Sartre con La náusea. A medida que nos íbamos interesando por las tribulaciones de un héroe imaginario a través de las páginas patéticas de su diario, el desenvolvimiento de una extraña experiencia nos fue situando en presencia del ser y de su misterio.

No es de una gran originalidad conceder al hombre el privilegio de la libertad. Ya lo han hecho la mayor parte de los filósofos. Muchos, desde Sócrates hasta Bergson, habrían podido pronunciar su frase de Las moscas “ la dolorosa preocupación de los dioses y de los reyes, es que los hombres son libres”. Pero no es eso lo más importante, ya que, Sartre llega, a la conclusión indiscutible de que no sólo el hombre es libre, sino que conciencia y libertad son la misma cosa. Afirmando: “Esta libertad la busqué muy lejos: pero estaba tan cerca que no la podía ver, no puedo tocarla. No era otra cosa que yo mismo. Yo soy mi libertad”.

El hombre situado en presencia del ser y de su contingencia experimentaba una sensación de náusea. En presencia de sí mismo, es presa de un sentimiento de angustia. Angustia ante la libertad, decía Kierkegaad; angustia ante la nada replica Heiddeger. Y para Sartre ambas afirmaciones vienen a encontrarse.

Según Sartre, no hay una naturaleza humana, sólo existe nuestra libertad. Y esta libertad siempre, creadora de valores, de todos los valores. Por otra parte, sería imposible que fuera de otra manera. Para Sartre, esto no es una simple cuestión de hecho sino de derecho. Sobre este punto, tenemos un texto importante de él, su estudio sobre Descartes, considerado la clave del existencialismo sartriano. Entre los filósofos, nos dice Sartre, Descartes es el que tiene un sentido más agudo de la autonomía del hombre; pero es un matemático, y es, en primer lugar, ante las esencias inteligibles donde él proclama su fe en la libertad.

Jean Paul Sartre nació en París, el 21 de junio de 1905. Muerto su padre, su infancia estuvo dirigida por su abuelo materno, que ejerció sobre él una influencia decisiva. Estudió en el Liceo Enrique IV en la Escuela Normal Superior, donde en 1928 obtuvo la Agregation de Philosophie con distinción. Entre 1931 y 1938 fue profesor de filosofía en los liceos de Le Havre, Laon y Neuilly-sur-Seine y en el Condorcet de París. Viajó por Egipto, Grecia y Alemania y estudió las filosofías existencialistas y fenomenológicas de Kierkegaard, Heidegger y Husserl.

El pensamiento de mayor representante del existencialismo francés no sólo se encuentra en sus obras de carácter filosófico, sino también en su abundante producción literaria. El ser humano definido por Sartre como pasión inútil, sufre la condena de su misma libertad; esta es, al propio tiempo, la fuente de su angustia. Su literatura ampliamente difundida en todo el mundo, es uno de los fenómenos más representativos de la moderna vida intelectual.

Sarte adoptó el principio básico –la existencia precede a la esencia- en su primera novela, La náusea (1938), y en diversas narraciones cortas del mismo periodo, en las que trató de explicar la angustia que siente un alma consciente de estar condenada a ser libre. En 1939 Sartre se incorporó al ejército de su país en 1939, y fue hecho prisionero por los alemanes en 1940. Repatriado al cabo de un año, volvió a París, donde intervino activamente en la resistencia antinazi y escribió la primera de sus muchas obras teatrales, Las moscas (1943), obra en la que utilizó el mito de Orestes para explicar la impotencia de Dios ante la libertad del hombre. De ese año es también su primera gran obra filosófica, El ser y la nada. De 1944 es Huis clos (Puerta cerrada), obra breve sobre los infiernos y en la que concluye que el infierno son los demás. Terminada la guerra, Sartre intentó mantener vivo el espíritu de resistencia como continua revolución social. En este sentido, y a partir del éxito de sus obras, comenzó a vérsele como un guía de la juventud, aproximándose a los partidos de izquierda, en concreto al partido comunista. De esta época filosófica-política son los artículos aparecidos en la revista Temps moderns, fundada por él mismo en 1946, y que dirigió hasta su muerte.

El resultado de combinar el existencialismo con el marxismo lo expuso en la extensa obra Crítica de la razón dialéctica (1960), y también en Marxismo y existencialismo (1963), donde trata de explicar la necesidad del marxismo a través del existencialismo.

Además de las mencionadas pueden citarse entre sus obras, las novelas El muro y el ciclo Los caminos de la libertad; las piezas teatrales A puerta cerrada, Muertos sin sepultura, La p...respetuosa, Las manos sucias, El idiota de la familia, El diablo y Dios; la evocación autobiográfica Las palabras; los ensayos La imaginación, El existencialismo es un humanismo, ¿Qué es literatura?, Baudelaire, Saint Genet, comedien et mártir, sobre Jean Genet, y Gustave Flaubert de 1821 a 1857. Jean Paul Sartre falleció en París, el 15 de abril de 1980. Póstumamente se publicaron en el diario Le Monde (agosto de 1984) una serie de artículos sobre la liberación de París, en 1944, los Cuadernos para una moral (1983), Cartas a Castor y a algunos otros (1983), en edición de Simone de Beauvoir, y Cuadernos de guerra.. Noviembre 1939-marzo 1940 (1987).

Sartre mantuvo toda su vida una postura política de compromiso, que se radicalizó con acontecimientos como el mayo francés de 1968 o la invasión soviética de Checoslovaquia, que le alejaron del partido comunista francés. Desde que en 1945 renunciara a la enseñanza, su figura inseparable de sus actitudes de defensa de la libertad absoluta y de un sarcasmo ante el mundo burgués, ha influido en filósofos como Merleau-Ponty y escritores como Albert Camus, aunque en ambos casos la relación se rompiera violentamente, y sobre todo en la escritora Simone de Beauvoir, su compañera sentimental.

Sartre fue el último filósofo que supo llevar con pasión la metafísica a los cafés. Se ha recordado con frecuencia el célebre dictum De Gaulle cuando un ministro del Interior le sugirió la posibilidad de detener al escritor por su apoyo a la causa argelina: On n’embastille pas Voltaire (más o menos: a Voltaire no se le encarcela). La frase apócrifa, resume bastante bien ese respeto de la burguesía vecina por el eterno disidente que se atrevió a rechazar el Premio Nobel en 1964, como antes hiciera con la Legión de Honor. Y es que, como dijo el intelectual francés verdaderamente comprometido: “El hombre está condenado a ser libre”.


 

 


Volver a Publicar en Liceus ...




        
Universidad de Alcalá Confía learning confianza online