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LA VOZ DE LA LITERATURA ESTIMULANTE


Francisco Arias Solís
aarias@arrakis.es

 

“El pensamiento más profundo, canta.”
Carlyle.



La fama de Carlyle reverdeció a fines del siglo XIX y comienzos del XX. Las ideas y el estilo de Carlyle volvieron a influir en el estilo de numerosos escritores de todos los países. La actuales generaciones le tienen algo olvidado. Con todo, no cesan de publicarse libros de la llamada literatura estimulante, la cual procede toda, precisamente de Carlyle y de los voluntaristas como Nietzsche, Maeterlink, James y otros.

Thomas Carlyle nace en Ecclefechan (Escocia), el 4 de diciembre de 1795. Estudia en la Universidad de Edimburgo y se distingue, sobre todo, en el estudio de las matemáticas. Poco después se dedicó a la enseñanza de esta ciencia. Y uno de sus primeros libros fue una traducción del francés, de los Elementos de Geometría y Trigonometría de Legendre (1824). Su primer libro importante fue una Vida y obras de Schiller. Trabó conocimiento y amistad con varios escritores alemanes, y es interesantísima su correspondencia epistolar con Goethe. En 1826, se casó Carlyle con Juana Welsh. El escritor amaba intensamente a su esposa; cuando en 1861 contrajo ella una grave enfermedad mental, que estuvo a punto de hacerle perder la razón, Carlyle le cuidó con ejemplar paciencia.

Su Sartor Resartus (El sastre Remendado) es, sin duda alguna, una obra fundamental del siglo XIX y una de las más importantes de todos los siglos. Sus dotes de historiador ilustre, unidas a las de original pensador y escritor genial, se asociaron brillantemente para producir en 1834 otra obra inmortal: su Revolución francesa.

Carlyle escribió mucho en periódicos y revistas. También pronunció varias series de conferencias. Otra de sus mejores obras es La Historia de Federico de Prusia, que le acreditó de gran historiador. Carlyle se preocupó por cuestiones sociales y la suerte de los trabajadores y se adelantó a muchas ideas actuales en obras como Charstin (1840) y Pasado y Presente (1843). En esta última pide para los trabajadores “no caridad sino justicia”. Los Héroes es su obra más conocida. El heroísmo de Carlyle consiste en saber resistir, en saber reaccionar y reírse. Para Carlyle, toda auténtica personalidad tiene razón, es verdadera o, de lo contrario será no héroe; es decir, no sería sino ficción, simulacro; como tantos hombres, no sería nada. Y contra esta nada que finge ser algo, contra esa máscara que pretende sea rostro, es contra la que luchan valientemente sus héroes.

En 1866, fue elegido por los estudiantes lord rector de la Universidad de Edimburgo, donde había estudiado. Este acontecimiento fue para él motivo de profunda satisfacción.. Pero, poco después moría su esposa. Tanto le afectó esta desgracia que, a contar desde aquella fecha, puede considerarse terminada su vida de escritor. Su vida humana se prolongó hasta el 5 de febrero de 1881.
Los hermanos espirituales de Carlyle son los místicos iluminados, como Novalis y Jacobi; los líricos exaltados y declamatorios como Schiller; los filósofos postkantianos, panteístas e idealistas, líricos de la filosofía como Fichte y Schelling; los atormentados humoristas como Juan Pablo Richter. No hay duda que influyó en él, más o menos directamente, el historicismo de Hegel y que fue profunda la impresión que le causaron las obras místico-naturalistas de Rousseau. Y con éste, todo lo que significase romanticismo, porque Carlyle era, por naturaleza, el escritor más romántico de Inglaterra.

El secreto del verdadero estilo de Carlyle es su música. El pensamiento mismo de Carlyle, desde luego, es más musical que discursivo y reflexivo; siente más que ve. Carlyle es un gran enamorado; sus reacciones violentas descargan contra todo lo que se opone y contradice a sus grandes amores. Carlyle, en los primeros años de su matrimonio escribió en un Diario íntimo “sin amor no hay conocimiento”.








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