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  Guías culturales

LA VOZ DE LA LITERATURA LIBERADORA


Francisco Arias Solís
aarias@arrakis.es

 

 

“Cree en aquellos que buscan la verdad,
duda de los que la han encontrado.”
André Gide.



André Gide ha sido una de las personalidades europeas que mayor influencia ha ejercido en las primeras décadas del siglo XX. Partidario de una libertad absoluta frente a la moral, sin reconocer más freno que el sentimiento de la belleza, hizo un panegírico del acto gratuito y de la homosexualidad y fue un defensor de los derechos de los homosexuales. Contrasta con el fondo inquietante de su pensamiento la intachable corrección y precisión del estilo. Gide es un gran estilista. Gide hacia un estudio del alma humana a través de sí mismo; hasta trastoca los géneros literarios, porque piensa que por encima de todo está la autonomía del individuo. Su obra es una larga confesión inquietante, en la que expresa su firme deseo de liberarse de las convenciones sociales, morales, sexuales y religiosas de su tiempo, así como de la propia educación recibida. Desarrolla un humanismo sensual, encerrándose en su sensibilidad y en su inteligencia. Su impulso a la confesión y su aspiración a la sinceridad le hicieron profundizar en el autoanálisis y alcanzar así un amplio conocimiento de la naturaleza humana. André Gide es el más agudo observador de todos los movimientos de renovación por los que atravesó la literatura francesa, definió así al dadaísmo: “Dadá es el diluvio tras el cual todo renace”.

André Paul Guillaume Gide nace en París el 22 de noviembre de 1869 y murió en la capital francesa el 19 de febrero de 1951. Perteneciente a una familia de holgada posición económica, su padre era protestante, profesor en leyes de la Universidad de París, y su madre era católica. Su tío fue el economista político Charles Gide. Criado en Normandía, tuvo una infancia enfermiza y viviendo prácticamente aislado se convirtió en un autor prolífico desde temprana edad. Estudió en la Ecole Alsacienne y en el Instituto Henri IV. En 1895, luego de la muerte de su madre Juliette Rondeaux , se casó con su prima Madeleine Rondeaux, pero el vínculo nunca fue consumado. La preocupación de Gide sobre la responsabilidad moral individual le llevó a ocupar cargos públicos. En 1896 fue alcalde de La Roque-Baignard, una comuna de Normandía. Amigo de Mallarmé y de Valéry, fundador de la Nouvelle Revue Française, no será hasta el final de la Primera Guerra Mundial cuando sus obras alcanzan gran difusión y fama. En la década de 1920 Gide se convirtió en inspiración de escritores como Albert Camus y Jean-Paul Sartre. En 1923 nace su hija Catherine, hija de María Van Rysselberghe. Su esposa Madeleine falleció en 1938. Posteriormente el utilizó el trasfondo de su matrimonio no consumado en su novela Et Nunc Manet in Te (1951). A partir de 1925 comenzó a pedir mejores condiciones para los criminales. En 1926 viajó a las colonias francesas en Äfrica con su sobrino Marc Allégret, como enviado del ministerio de las Colonias. Durante la década de 1930, militó durante cierto tiempo en el partido comunista, pero quedó desilusionado luego de su visita a la Unión Soviética. Durante la Segunda Guerra Mundial regresó a África y vivió allí hasta el final de la guerra. En 1947 obtuvo el Premio Nobel de Literatura. Al año siguiente de su muerte la Iglesia católica incluyó sus obras dentro del Índice de Libros Prohibidos.

El puritanismo del medio familiar y social en que se desarrolló su juventud y el influjo simbolista marcaron sus primeras obras: Los cuadernos de André Walter (1891), Poesías de André Walter (1892), complemento de la anterior, y El tratado de Narciso (1893). Con Los alimentos terrestres (1897) se inicia la etapa de literatura liberadora y provocativa, que va a caracterizar al conjunto de su obra; mezcla de verso y prosa, es una exhortación al cultivo de los sentidos, y Prometeo mal encadenado (1899), constituye un canto al individualismo, ambas obras suponen una ruptura relativa con la doble herencia citada. La exigencia de libertad y la superación de sus antiguos prejuicios se hicieron patentes en la novela El inmoralista (1902), aunque el fondo puritano de Gide afloraría todavía, de modo exacerbado, en su siguiente obra, La puerta estrecha (1909). Dieron al escritor una indiscutible notoriedad Isabelle (1911) y Los sótanos del Vaticano (1914), donde trata el fascinante tema del “acto gratuito” nacido de una autoexigencia llevada al extremo. Hitos importantes en su vida y en su obra después de La sinfonía pastoral (1919), último tributo a su pasado, lo forman el tratado en forma de diálogo Corydon (1911), justificación de la homosexualidad , y Si el grano no muere (1920), especie de confesión a la vez impúdica y honesta destinada a la posteridad. Respondiendo con la indiferencia a los escándalos que deparaba su nueva personalidad, Gide se dedicó a redactar Los monederos falsos (1925), con el apéndice Diario de los monederos falsos (1926), la primera obra que llamó novela, que combina exceso y mesura con el fondo moralista que nunca abandonó el escritor. A consecuencia de su viaje al África negra escribió Viaje al Congo (1927), denuncia del colonialismo, y Retorno del Chad (1928). Su experiencia comunista, resumida en Regreso de la U.R.R.S. (1936), donde arremete contra el régimen estalinista, y su postura concreta ante el catolicismo (correspondencia con Paul Claudel en la que aparece su polémica con Claudel, nacida de su diferente visión del catolicismo), constituyen el fiel reflejo de una conciencia conflictiva. Entre 1943 y 1951 apareció el Diario, interesante documento psicológico y literario, una especie de aprendizaje de novelista. En 1946 ofreció al público el drama Teseo, mensaje de fe en el progreso. En 1952 apareció su obra póstuma, Así sea o la suerte está echada. Y como dijo el escritor francés: “No puedo creer que la civilización se base forzosamente en la mentira”.

 

 

 

 

 


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