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  Guías culturales

LA VOZ DEL MAESTRO IMPRESIONISTA


Francisco Arias Solís
aarias@arrakis.es

 

“Somos los últimos hombres libres,
la época de la esclavitud llega
y no tardará mucho.”
Jean Giraudoux.


Maestro en el estilo impresionista, eminentemente lírico y dotado de un fino humorismo, de una gran fantasía y poseedor de amplia cultura, abordó con gran personalidad el teatro, el ensayo y la novela. Con personajes de inverosímil ingravidez y gran pirotecnia verbal, supo trazar un acertado cuadro de la vida y la angustia modernas.

La obra literaria de Jean Giraudoux ocupa un lugar importante en la literatura contemporánea y es uno de los mejores ejemplos de ósmosis entre poesía y ficción. Es en el teatro donde cosecha sus mejores frutos. Sus obras dramáticas son una fantasía multiforme, donde alternan la tragedia y la comedia con temas antiguos y modernos. Sus personajes son metáforas o arquetipos, impregnados de una profunda humanidad. Teatro poético y espiritual, en el que se canta al amor y especialmente al amor conyugal. Sus últimas obras, a raíz de los movimientos totalitarios que sacudían Europa, se van haciendo más sombrías y pesimistas. Su producción narrativa es también preciosista e incluso a veces cae en la más pura evasión. Sus personajes favoritos, como en el teatro, son los femeninos.

Giraudoux pertenece a una generación de escritores aparecidos antes de la I Guerra Mundial que, sin ser especialmente vanguardistas, superan la generación anterior en perfección y hondura. Sus nuevos recursos técnicos y estilísticos aparecen dentro de una serenidad que da a sus nuevos hallazgos seriedad y respeto, cuanto más a sus obras consideradas en sí mismas. Giraudoux, al margen de sus actividad como diplomático, conoce en profundidad a los clásicos griegos y latinos, tanto que recrea y sitúa en la época actual muchas de las tragedias antiguas. No son reposiciones sino recreaciones de personajes y temas. Con galanura de forma chispeante e irónica, sus obras encierran una visión profunda del ser humano, y una valoración de la dignidad humana, la sinceridad y la nobleza de ánimo.

Jean Giraudoux nació en Bellac, Haute-Vienne, el 29 de octubre de 1882 y falleció en París el 31 de enero de 1944. Estudió germanística –que siempre le apasionó, sobre todo en el aspecto de las relaciones franco-alemanas-en la Escuela Normal Superior de París, también realizó estudios en las universidades de Munich y Harvard, fue diplomático de carrera. Ocupó importantes puestos diplomáticos, desempeñó los cargos de inspector de establecimientos diplomáticos y consulares y Director General de Información. Participó en la Primera Guerra Mundial, en la que fue herido.

En 1909 publicó su primera obra, Provinciales, una recopilación de cuentos, a la que siguieron Bella (1926) y Eglantine (1927). Se le otorgó el Premio Montyon y el Gran Premio Balzac. Sus obras principales son las novelas La escuela de los indiferentes (1911), Lecturas para una sombra (1917), Simón el patético (1918), Susana y el Pacífico (1921), Julieta en el país de los hombres (1924), Combate con el ángel (1934) y La mentirosa (1969), póstuma; y las obras de teatro: Sigfrido (1928), cuya primera representación marcó un hito, a la manera de lo ocurrido con el estreno del Hernani de Victor Hugo, por aparecer por vez primera un teatro de texto, denso, literario, Electra (1937), Ondina (1939), Anfitrion 38 (1929), Judit (1931), Intermezzo (1933), La guerra de Troya no tendrá lugar (1935), Sodoma y Gomorra (1943) y La loca de Chaillot (1945), estrenada poco después de su muerte. Fue autor asimismo de varios ensayos, Las cinco tentaciones de La Fontaine (1938) y Literatura (1941). También, sus libros de memorias, Plenos poderes (1930), Armisticio en Burdeos (1945) y Sin poderes (1946), y sus guiones cinematográficos sobre La duquesa de Langeais (1942) y Bethania (1944). Y como dijo el escritor francés: “Gracias a nuestra ignorancia, que no a nuestros conocimientos, vamos seguros por la vida”.



 


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