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LA VOZ DEL MAGISTERIO POÉTICO


Francisco Arias Solís
aarias@arrakis.es

 

“Adelantaron
las lluvias, y el Gobierno,
reunido en consejo de ministros,
no sabe si estudia a estas horas
el subsidio de paro
o el derecho al despido,
o si sencillamente, aislado en un océano,
se limita a esperar que la tormenta pase
y llegue el día, el día en que, por fin,
las cosas dejen de venir mal dadas.”
Gil de Biedma. Noche triste de octubre, 1959.



Gil de Biedma se nos presenta, por un lado, como heredero de la espléndida Generación del 27, a cuya sombra ha realizado su formación de artista. Por otro, él es sin duda el poeta de su generación -el llamado “Grupo Poético de los Años 50”-, que más eco ha logrado entre los poetas de las promociones posteriores. Gil de Biedma ha alcanzado eso que denominamos “magisterio poético”. El poeta catalán se distingue por cultivar una poesía que hace del lenguaje coloquial y de un particular empleo de la ironía, sus elementos más genuinos. “La poesía que yo aspiro hacer no es comunión -decía Gil de Biedma-, sino conversación, diálogo”.

Biedma descubre siempre su filiación romántica en ese doble movimiento que lo lleva a idealizar y casi mitificar una realidad, para, acto seguido, burlarse de sí mismo. Su actitud antirretórica y los variados tonos (que van desde el íntimo al social) forman parte de una estrategia para que su obra aparezca como elaborada por un escritor que asume la tradición y la usa y que, a la vez, se separa de ella creando así un discurso muy personal.

El lado humano que penetra desde su vida en los textos literarios es la tierna sentimentalidad de un hombre moral y socialmente comprometido. Sin ser popularista, el tono de muchos poemas del autor es popular, las letras de canciones, los giros conversacionales, las expresiones cotidianas, las frases que circulaban dentro del ámbito de sus amigos , el conocimiento de la clase trabajadora expresado en temas y ambientes poemáticos, aparecen en su poesía en calidad de préstamos de origen popular que dan un contrapunto muy personal al otro rostro de su personalidad literaria (la que podríamos entender como literalmente “intelectual”).

Jaime Gil de Biedma nace en Barcelona el 13 de noviembre de 1929 y fallece en la misma ciudad el 8 de enero de 1990. Estudia Derecho en Barcelona y en Salamanca, en cuya Universidad se licencia en 1951. Sus primeros poemas , bajo el título de Según sentencia del tiempo, aparecieron en 1953. Con posterioridad publica Compañeros de viaje, Moralidades y Poemas póstumos. Con independencia de estos libros figuran también en su bibliografía algunas recopilaciones y separatas, que contienen poemas bien recogidos en los libros citados, o bien inéditos; así, por ejemplo, En favor de Venus o Cuatro poemas morales. Una edición fijada por el autor de todos sus poemas hasta 1969 y titulada Colección particular permaneció en los sótanos editoriales, al prohibirse la distribución del libro en las covachuelas censorias. Por fin, una edición total de su poesía, anotada por el autor, ha aparecido con el título de Las personas del verbo.

Biedma publica también un extenso ensayo crítico titulado Cántico: el mundo y la poesía de Jorge Guillén y una parte de unas memorias, con el título de Diario del artista seriamente enfermo. Rebasan su función de prólogos, las introducciones a Metropolitano, de Carlos Barral, y la edición conjunta de Ocnos y de Variaciones sobre tema mexicano, de Luis Cernuda. Son notables sus traducciones de obras de T.S. Eliot y de Christopher Isherwood.

El mejor Jaime Gil de Biedma lo encontramos en la voz comprometida con la clase obrera, la que le hace al poeta mirar desde un ángulo más positivo a la masa humana, porque a pesar de su individualismo urbano, los otros son una presencia cuyos problemas no le son indiferentes: “He ahora el dolor / de los otros, de muchos, / dolor de muchos otros, dolor de tantos hombres, / océano de hombres...”







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