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LA VOZ DEL MAYOR ARTISTA DE LA NOVELA MODERNA


Francisco Arias Solís
aarias@arrakis.es

 

“La conquista de la tierra en su mayor parte
no consiste más que en arrebatársela a aquellos
que tienen una piel distinta o la nariz ligeramente
más achatada que nosotros.”
Joseph Conrad.

 

Joseph Conrad, seudónimo adoptado para sus novelas inglesas por el aristócrata y marino polaco Jozef Teodor Konrad Korzeniowski, ha realizado una estupenda labor en la literatura inglesa: lo sería aunque no hubiera logrado más que ser un maestro en el idioma que aprendió después de los veinte años de edad; pero esto es en él lo de menos: lo principal es que nadie ha sabido hablar del mar y de exóticas de vidas que en él se desarrollaron, con el vigor, la profundidad, el color, el arte y el hondo conocimiento con que él lo hizo. Todo esto nos lo presentó de un modo que era nuevo en Inglaterra, que se asemejaba algo a la presentación adoptada por célebres novelistas continentales, como algunos franceses o rusos, y esto explica el que haya podido decirse en Francia que Conrad se había hecho más popular allí, a pesar de que escribía en inglés, que en la misma Inglaterra. Lo que se hizo es una importante figura de la literatura universal de estos últimos tiempos, no sólo por “los múltiples personajes que ha situado en los cinco continentes o ha paseado sobre los siete mares”, según la frase feliz de Lalou, sino por lo que representa, porque llega un momento, como hace observar Priestley, en que aquellos personajes se convierten en simbólicos de toda la raza humana, y son el alma del hombre desafiando heroicamente a un universo misteriosamente hostil, como un barco en mitad de la noche. El mismo Priestley, que es inglés, nos ha dicho: “La influencia de Conrad ha sido inmensa y es él, sencillamente, el mayor artista que tiene la novela moderna”. Es también, como Kipling, un gran profesor de energía, de lealtad, de fidelidad, de hombría de bien, de estricto y severo sentimiento del deber. ¿Defectos? Los tiene, indudablemente, pero apenas son nada al lado de sus buenas cualidades. Al igual que Henry James, Conrad destaca sobre todo en la novela corta.

El escritor inglés de origen polaco Joseph Conrad nació en Berdichev, Ucrania, el 3 de diciembre de 1857 y falleció en Bishopsbourne, Kent, el 3 de agosto de 1924. Perteneciente a una familia noble de la Polonia ucraniana, que luego pasó a formar parte de la U.R.S.S., a los doce años quedó huérfano y a los dieciséis abandonó Polonia ocupada por los rusos, en 1874 llegó a Marsella, atraído por el mar se alistó muy joven en la marina francesa, y en 1878 llegó por primera vez a Inglaterra sin saber absolutamente nada de inglés. En 1844 fue nombrado capitán de la marina mercante inglesa. Navegó por todos los mares, también estuvo en España donde luchó en las guerras carlistas en las tropas de Don Carlos. Un viaje por el río Congo perjudicó su salud y tuvo que retirarse, dedicándose por entero a la actividad literaria. A pesar de escribir en una lengua aprendida la utilizó de manera poética y expresiva, llegando a ser uno de los grandes maestros de la narrativa inglesa. Sus novelas, de gran popularidad, tienen base argumental en sus propias experiencias de viajes por el mar y se caracterizan por la agilidad narrativa, aspecto que le ha convertido en un clásico de la literatura de aventuras. Conrad murió de un ataque al corazón y fue enterrado en el cementerio de Canterbury.

En 1895, Conrad publicó su primera novela La locura de Almayer, a la que siguieron: El negro de Narcissus (1897), Lord Jim (1900), una de las más conocidas, y para muchos, su obra maestra, centrada en los sentimientos de traición y culpa, El corazón de las tinieblas (1902), ambientada en el Congo y cuya denuncia de la barbarie “blanca” sirvió de inspiración a Francis Ford Coppola para el célebre filme Apocaliypse Now, Juventud (1902), El tifón (1903), Nostromo (1904), ambientada en un imaginario país de Sudamérica, es tal vez la más ambiciosa de todas, El agente secreto (1907), virulenta crítica de las ideas revolucionarias que coartan al individuo, Bajo los ojos de Occidente (1910), Azar (1914), cuyo enorme éxito consiguió que se revalorizaran todas sus obras anteriores, y La flecha dorada (1919), ambientada en las guerras carlistas. De carácter autobiográfico son sus libros El espejo del mar (1906) y Una historia personal (1909).

El mar y los hombres relacionados con él aparecen en casi todas las novelas de Conrad. Fino analista de las reacciones de los hombres cuando se oponen a un destino calculado para vencerlos, sus temas son la lucha incansable de los seres humanos contra los elementos y contra los poderes invisibles que se apoderan de ellos. Y como dijo este gran maestro de la narrativa: “El mar nunca ha sido amable con el hombre, como mucho, ha sido el cómplice de la crueldad humana”.




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