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  Guías culturales

LA VOZ DE UNA MUJER EXCEPCIONAL


Francisco Arias Solís
aarias@arrakis.es

 

“Quiero, Galicia, en tu adorado seno
mi tristeza cantar,
tú que vives cual yo desventurada,
tú me comprenderás.”
Sofía Casanova.


La larga vida (96 años) de Sofía Casanova hace que esta poetisa represente una parte significativa de las distintas tendencias literarias que configuran el mapa español en el período que le tocó vivir, sin embargo, tiene en común con otras poetisas de la época, su casi “pertinaz” ausencia de las muchas antologías que se han hecho en nuestro país, excepto, naturalmente, las realizadas en función del sexo como elemento diferenciador del resto de los escritores.

Sofía Guadalupe Pérez Eguía Casanova nace en Culleredo (“la pobre aldea que idolatro”), provincia de La Coruña, el 30 de septiembre de 1861. Su entorno familiar favoreció notablemente el cultivo de su sensibilidad. Su padre escribía poemas, y gracias a su abuelo materno, el coronel Juan Bautista Casanova, su educación fue amplia y progresista, traspasando los límites convencionales de lo que era habitual en las mujeres de su época. Desaparecido el padre en un naufragio, en extrañas circunstancias, decide su madre trasladarse a Madrid en 1873 con sus tres hijos, con la esperanza de una mejor educación para ellos y un futuro más alentador para todos.

Campoamor le presenta a Sofía el filósofo polaco Wincenty Lutoslawkii. Ella le regala su primer libro de poemas y en ese mismo libro Wincenty escribe: “Esta poetisa será mi mujer”. Se casaron en 1887 y comenzaron sus viajes por Europa y Asia. El, algo mayor que ella, es un hombre de gran talento. Sofía tiene una gran facilidad para los idiomas, llegando a dominar: gallego, portugués, francés, italiano, inglés, polaco y ruso. Volvió a La Coruña en 1897 para recuperarse de la muerte de una de sus hijas y de una enfermedad.

Su vida literaria y social es muy activa. escribe poesía, novelas, teatro, da conferencias, traduce y participa en congresos, colabora con la Cruz Roja y otras instituciones. Entre los títulos más relevantes de su obra poética se cuentan Poesías, Fugaces y El cancionero de la dicha.

En 1906 es nombrada miembro correspondiente de la Real Academia Gallega. Al estallar la primera guerra mundial en 1914, de regreso a Polonia, se convierte en corresponsal de guerra para ABC, periódico donde publica cerca de mil artículos. Sofía Casanova toma partido por una postura pacifista y antibelicista. Su libro La revolución bolchevique (Diario de un testigo) salió en 1920.

Alfonso XIII la distingue con la Gran Cruz de la Beneficencia en 1819. Visita España por última vez en 1938. En 1939 es testigo de la ocupación nazi en Polonia. En 1945 se traslada a Poznan, población de Polonia, en donde muere ciega y olvidada el 16 de enero de 1958.

Sofía amaba a su patria, pero ya había profetizado que su cuerpo no descansaría en ella: “Porque presiento que nunca veré / el cielo de mi patria / ni han de sollozar sus brisas / mi tumba solitaria...”

Según Ángel M. Aguirre tenemos en Sofía Casanova “una mujer excepcional cuya figura es casi una leyenda enmarcada en la historia de su larga vida que roza los umbrales del mito”. Sofía Casanova hacía un examen lúcido de sus sentimientos que da un sesgo original a su imaginación poética. Y como dijo la poetisa gallega: “El horizonte abierto ante mi vista / me hace esperar la libertad ansiada; / y el paisaje y la luz me hacen artista, / y un afán de ternura desgraciada.”

 

 

 


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