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LA VOZ DEL PADRE DEL DRAMA ROMÁNTICO


Francisco Arias Solís
aarias@arrakis.es

 

“No estimes el dinero en más ni en menos de lo que vale,
porque es un buen siervo y un mal amo”.
Alexandre Dumas, padre.

El teatro fue el verdadero campo de lucha escogido por los románticos, aquel en que se libraron sus mayores batallas, cuyo objetivo era la fusión de la comedia y la tragedia, procurando que el arte fuera en todo semejante a la vida, aunque para los románticos debía huirse de un calco vulgar, pues existía una barrera infranqueable que separaba la realidad según el arte, de la realidad según la naturaleza. De ese teatro romántico, los representantes franceses fueron Víctor Hugo, Alfredo de Vigny y Alexandre Dumas, padre, autor del drama Enrique III y su corte (1829), representado con gran éxito, de Antony (1831), en el que sienta las bases del drama romántico antes del Cromwel de Víctor Hugo, de La torre de Nesles (1832), de Kean, o desorden y genio (1838), de Las señoritas de Saint-Cyr (1843), de tantas otras obras escritas, para contentar al público, por un hombre genial, pero de escasísima cultura, a quien la excesiva fecundidad llevó pronto fuera del buen camino, hacia el vulgar melodrama, como a la novela más interesante que literaria.

Alexandre Dumas, conocido como Dumas padre, nació en Villers-Cotterêt, Aisne, el 24 de julio de 1802 y falleció en Puys, cerca de Dieppe, el 5 de diciembre de 1870. Nieto de un noble afincado en Santo Domingo e hijo de un general que murió cuando Alexandre Dumas contaba tres años de edad. Recibió una escasa educación escolar. En 1823 se trasladó a París, tras una primera experiencia como pasante de abogado. Fruto de sus amores con Marie-Caterhine Labay, fue su hijo Alexandre, nacido en 1824 y autor de La dama de las camelias. Comenzó su carrera literaria en el año 1826 con el nombre de “Davy” y en colaboración con otros autores. El éxito obtenido con la representación de Enrique III y su corte, le valió la protección del duque de Orleans y le abrió de par en par las puertas del teatro. Dumas de talla gigantesca y fuerza hercúlea, derrochó sus fabulosas ganancias y asediado por sus acreedores huyó a Bruselas en 1851. En los últimos años de su vida tuvo que ser auxiliado pecuniariamente por su hijo.

Aquellos mismos Hugo, Vigny y Dumas que dieron vida al teatro romántico, se la dieron también, en Francia, a la novela histórica, con innumerables novelas de folletín y de toda clase debida al que escribió Los tres mosqueteros (1844), El conde de Montecristo (1844-1845), Veinte años después (1845), El vizconde de Bragelonne (1848) y El collar de la reina (1849).

Los tres mosqueteros han tenido gran fortuna en todos los países. De ella se han hecho diversas versiones cinematográficas y sus protagonistas -los mosqueteros D’Artagnan, Aramis, Athos y Porthos-, son todavía héroes conocidos en todo el mundo. En la obra se mezcla la historia y la fantasía con una novela de aventuras narrada de forma ágil y atractiva. También es histórica aunque de inspiración más libre y de temática popular, El conde de Montecristo, que ha conocido asimismo una notable difusión. Sus novelas, principalmente de argumento histórico, tuvieron una excelente acogida y fueron decisivas para consolidar un nuevo género de novelas por entregas, más tarde llamadas “folletines”.

Tanto los dramas de Dumas padre, que componen 25 tomos como sus novelas, que suman 15, son muy conocidos. Tuvo que recurrir a colaboraciones o a otros escritores a quienes contrataba para poder atender la creciente demanda del público. Sin embargo, siempre que pudo y quiso escribió algo en que se revelaban su geniales facultades, y que aun hoy es curioso leer o bien suscita en personas literatas un interés superior a su voluntad o a sus prejuicios. Y como dijo el novelista y dramaturgo francés: “El bien es lento porque va cuesta arriba. El mal es rápido porque va cuesta abajo”.


 


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