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LA VOZ DE LA PALABRA ENCENDIDA


Francisco Arias Solís
aarias@arrakis.es

 

“La libertad –me corrijo-
la libertad lo primero.
Se la comerán los lobos
si la dejas para luego.”
Dionisio Ridruejo.

 

“Porque tú sólo tenías corazón –escribía Giménez Caballero sobre Ridruejo-, el que te iluminaba los ojos y te encendía la Palabra. Y te impedía encarnecer al enemigo y sí: abrazarle”.

Dionisio Ridruejo nace en Burgo de Osma el 12 de octubre de 1912. Estudió en los maristas en Segovia, luego en los jesuitas en Valladolid, más tarde con los de Chamartín. Su primera vocación literaria. De 1935 a 1950 –año que obtiene el Premio Nacional de Literatura- publica una decena de libros que reúne en la antología En once años; otros nuevos se incorporan a su nueva antología Hasta la fecha.

En cuanto a su trayectoria política, el mismo no recata ninguna fase, por lo mismo que su fuerza moral y su actitud ejemplar están basadas en una severa rectificación. Afiliado desde 1933 a Falange Española ocupa altos cargos políticos. En 1940 funda con Pedro Laín Entralgo la revista Escorial. En 1941 se alista voluntariamente en la “División Azul” para combatir en Rusia como soldado raso. En el año 1942 Dionisio Ridruejo rompe con el partido oficial y dimite de todos sus cargos políticos. Es desterrado a la ciudad de Ronda y Cugat de Vallés (1947). Desde 1951 fija su residencia en Madrid, y a través de numerosas conferencias, tiende cada día más a lograr la transformación del régimen imperante en España y de sus estructuras sociales en un sentido liberal, así como a la pacificación e integración de vencedores y vencidos. “En 1952, con ocasión del primer Congreso de Poesía en Segovia –nos contaba José Luis Cano-, le oí hablar por primera vez en público, y aún recuerdo la honda emoción que sentí al escucharle. Fue su discurso un canto emocionado a la libertad y a la fraternidad de los poetas de todas las Españas. Por primera vez se hablaba, en la dura España de la posguerra, de la libertad, y no para vituperarla sino para reivindicarla y ensalzarla”.

En 1957 denuncia la situación política en un “informe confidencial” entregado a Franco. Acusado de haber fundado un grupo político “Acción Democrática” se le encarcela nuevamente y se le somete a dos procesos. Y desde entonces su voz no dejó de alzarse con tanta serenidad como valentía en todas las coyunturas, diciendo sus verdades al mundo y a su país. Ejerció la docencia en EE.UU. a principios de los años sesenta, y en 1962 acudió al encuentro de Munich entre dirigentes de la oposición del interior y del exilio. 1962 es también la fecha de su obra ensayística Escrito en España, censurada en nuestro país. Hubo de exiliarse a París desde ese años hasta 1964. En 1974 fundó la Unión Social Demócrata Española.

Escrito en España de prosa sencilla y escueta es, además del libro que revela su auténtica personalidad, el que da toda la medida de su valor, de su dignidad moral. Decir lo que se siente de verdad es lo valeroso y valiente. Callarlo es miedo, cobardía. Pedro Laín Entralgo decía de Ridruejo: “Dionisio es un ser liberal y lo será mientras haya en el mundo hombres que libertar”.

Como poeta, pertenece a la generación del 36 y se caracteriza por el clasicismo, la austeridad de la forma y el contento meditativo. Dionisio es un poeta convencido de siempre que poesia y política no son fáciles de separar, y quiso hacer clara manifestación de lo que es dignidad y sufrimiento... y lo demás.

Las equivocaciones que se pagan al precio de Dionisio Ridruejo podrían tener una síntesis expresiva en una copla de esta vieja tierra del Sur que el escuchó en su destierro en Ronda: “El que nunca se equivoca / tampoco puede acertar. / Para estar seguro y cierto / te tienes que equivocar”.

Entre su obra poética destacan Plural, Primer libro de amor, Poesía en armas, Sonetos a la piedra, En la soledad del tiempo, Elegías, En once años, Hasta la fecha, Cuaderno catalán, 122 poemas y Casi en prosa; y entre su prosa: En algunas ocasiones, Escrito en España, Guía de Castilla la Vieja y Diario de una tregua. También escribió un drama en tres actos Don Juan, y un texto autobiográfico publicado póstumamente Casi unas memorias.

El día 29 de junio de 1975, Dionisio Ridruejo murió en Madrid de un mal muy español, de acabamiento, de cansancio de corazón (como Unamuno, como Don Quijote), era un espíritu valiente, como Quevedo; era hombre de esa espíritu de verdad: moral, poético tal vez sobre todo, y, ¡naturalmente! político. Escribía en España, vivía, peleaba en ella, en una España donde “escribir es llorar”, como es sabidísimo que dijo Larra, que acaso se suicidó por eso, porque se quedaba sin lágrimas. Murió Dionisio Ridruejo de cansancio de corazón, porque peleó de corazón toda su vida, hasta que el corazón se le rompiera. Y se le rompió. Porque era hombre de verdad, poeta valeroso. Y es que, como dijo nuestro poeta: “La verdad de la verdad / y la verdad verdadera / y la verdad como un templo / son verdades como fieras”.

 


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