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  Guías culturales

LA VOZ DEL PESIMISMO CONSOLADOR


Francisco Arias Solís
aarias@arrakis.es

 

“Una mano posada sobre el yugo, otra sobre el anca
del toro, el arador mira el espacio:
debajo de él, verde acuoso, el Lacio;
y allá sobre el monte, una larga brecha blanca.”
Giovanni Pascoli.


El poeta italiano Pascoli tenía motivos íntimos para adorar la naturaleza, pues en pleno campo vivía; para ahondar en sus misterios como un labrador que es al mismo tiempo poeta y filósofo; para ver su lado malo, ya que al asomarse a los umbrales de la vida vio la más terrible tragedia en su propia casa, pues su padre fue asesinado misteriosamente. Produjo una clase de poesía entre idílica y triste, entre filosófica y sentimental. Pascoli es pesimista, como Leopardi, pero su pesimismo consuela, educa en la escuela del dolor. El ser humano, dice, es como el trigo, que no da su harina hasta que es molido: así en el hombre no se desarrolla la bondad hasta que ha pasado el dolor. La poesía de Pascoli ha sido calificada no ya sólo de humanitaria, sino de socialista, y, por la forma de esencialmente clásica. Alma delicada, a menudo melancólico, artista consumado, dice unas veces las emociones de la vida cotidiana, otras las tradiciones heroicas nacionales con una perfección matizada que le conquista un elevado puesto entre los poetas modernos.

Giovanni Pascoli nació en San Mauro di Romagna (hoy San Mauro Pascoli), Forli, el 31 de diciembre de 1855 y falleció en Castelvcchio di Barga, Bolonia, el 6 de abril de 1912. Su padre era administrador de una finca y fue asesinado cuando el poeta contaba sólo doce años de edad, al poco tiempo murieron una hermana, su madre y dos hermanos. “Yo he tenido (la vida) dificilísima desde pequeño –nos dijo el poeta- y estoy vivo por milagro. Varias veces estuve a punto de morir de hambre”. Estudió en un colegio de los escolapios de Urbino y posteriormente en la Facultad de Letras de la Universidad Bolonia. Su participación, en 1879, en una manifestación organizada por los socialistas contra el gobierno motivada por la condena del anarquista Filippo Passanante, le supuso unos meses de cárcel, de la que salió totalmente resignado a su destino. Fue profesor de las universidades de Bolonia, Messina y Pisa y a la muerte del famoso poeta Carducci desempeñó la cátedra de literatura italiana en la Universidad de Bolonia.

Su poesía está compuesta tanto en latín como en italiano. Pascoli con su obra Myricae (1891) introdujo en la poesía italiana un nuevo registro que se ha denominado “poesía infantil”, atento a resaltar las pequeñas cosas que nos ofrece la vida. Esta particular mirada sobre lo menudo, lo natural, lo local, lo visto con la emoción descubridora de unos ojos de niño, impregnará toda su obra, entre las que destacan: Primeros poemas (1897), Canto de Castelvecchio (1903), su obra cumbre, Poemas conviviales (1904), Nuevos poemas (1909) y Poemas del rey Enzo (1909). Su producción en latín se editó póstumamente entre 1914 y 1930 con el título Carmina, que recoge poemas sobre historia romana (Res romanae) e historia literaria romana (Liber de poetis) y poemas de inspiración y temas cristianos (Poemata christiana ). Y como dijo el poeta italiano: “Entre el verdor apareció una cosa más que humana, / hermosa de contemplar / y luego que ágil se movió / destelleando deseos de los negros ojos, / los pinos se balancearon quedamente gimiendo / y en aquella / en las trémulas sombras / todo fue silbo, murmullo, zumbido”.

 


 


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