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LA VOZ DE LA POESIA PURA


Francisco Arias Solís
aarias@arrakis.es

 

 

“Los dioses facilitan
el primer verso:
los demás
los hace el poeta”.
Paul Valéry .

 

Paul Valéry ha sido no sólo el teórico, sino también el fundador y primer practicante de la poesía pura. Poeta de inspiración clásica en la forma y de un intelectualismo contrario a toda emoción lírica, Valéry no se ha distinguido sólo como buen poeta, sino que es un buen prosista, un eruditísimo literato. Su obra El cementerio marino, es el mejor ejemplo de esa escuela, modo o fórmula poética que se conoció como poesía pura, una auténtica meditación metafísica de imaginería sensual. Entre sus muchas traducciones españolas destaca casi la coetánea al original de Jorge Guillén alabada explícitamente por el propio Valéry, que le escribió a Guillén, en 1929, “¡Me adoro en español!”

Ambroise-Paul-Tousaint-Jules Valéry nace el 30 de octubre de 1871, en Sète, pequeña ciudad marítima cercana a Montpellier, que posee un pintoresco cementerio sobre el mar, inmortalizado por el poeta en su célebre poema, y donde por su expreso deseo fueron inhumados sus restos. Tras cursar sus estudios secundarios en Montpellier, estudió derecho en la universidad de dicha ciudad. Seducido por la estética simbolista, tomó contacto con José María de Heredia, y gracias a su amigo Pierre Louis, con André Gide y Stéphane Mallarmé. También mantuvo amistad con músicos, como Débussy, y pintores, como Degas, Renoir y Monet. En 1894 se instala en París, donde frecuenta las tertulias literarias. Visita Londres. Poco después, trabaja como redactor de Ministerio de Guerra. Tras el fin de la Primera Guerra Mundial se convierte en una suerte de poeta oficial, inmensamente celebrado y colmado de honores. Miembro de la Academia Francesa (1925) y doctor honoris causa por Oxford y Coimbra (1931). Recorre el mundo dando conferencias. En muchas partes es recibido en olor de multitud poética. Tras la ocupación alemana rehúsa a colaborar, perdiendo su puesto de administrador del centro universitario de Niza. Su muerte, acaecida en Paris, el 20 de julio de 1945, unas semanas después del fin de la Segunda Guerra Mundial, fue celebrada con funerales nacionales.

Valéry comenzó publicando poesías en La Conque, Le Centaure y otras revistas, hasta que en octubre de 1892 sufrió una crisis sentimental e intelectual que lo alejó de la actividad poética durante más de veinte años, tiempo en el que disciplinó su privilegiada inteligencia en las ciencias exactas y la lucubración filosófica. A esos años corresponden Introducción al método de Leonardo da Vinci (1895), en la que destaca el genio y el método de trabajo de este hombre universal más allá del valor de sus obras, y La velada con el señor Teste (1896), obra de capital importancia en la literatura europea en la que contrapuso la pureza de la poesía al absurdo de la existencia humana.

Sus reflexiones fueron escritas, día a día, durante cincuenta años, en doscientos cincuenta y siete Cuadernos. En 1917 publicó La joven Parca, cuyo tema es el despertar de la conciencia en lucha con los sentidos; Valéry se propone un trabajo de ingeniero y orfebre; un arte poética despojada de toda facilidad, de toda emoción desordenada, de toda turbación; frente al verso libre, se impuso un verso disciplinado y una rima enormemente compleja. Desarrollando los conceptos aparecidos en el ensayo sobre Leonardo da Vinci, se convirtió en el fundador de la poesía pura. A este renacer le siguió El cementerio marino (1920), el mejor ejemplo de esta fórmula poética, que sería recogido en Charmes (Cánticos, 1922), donde también se incluye Boceto de una serpiente. En 1920 publicó asimismo Álbum de versos antiguos. De sus Cuadernos (que aparecieron en edición facsímil en 1963) extrajo material para los ensayos Analecta (1921), Miradas al mundo actual (1931) y Tal cual (1941-1943); Variedades (1922-1944) recoge sus conferencias, y Eupalinos o el arquitecto (1921) y El alma y la danza (1923) son diálogos de tono socrático y gran maestría expresiva que plantean problemas estéticos, intelectuales y morales. Y como dijo el poeta francés: “Ninguna cosa impuesta por la violencia será duradera. La violencia lleva implícita en sí misma debilidad”.

 



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