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A LA VOZ DEL POETA POR EXCELENCIA


Francisco Arias Solís
aarias@arrakis.es

 

“Oh, sabiendo mi dolencia,
prisionero de tu amor,
viéndome en tan duro trance
Masha, ten piedad, por Dios.”
Pushkin.


Si la literatura ha sido y es la expresión más elevada del espíritu ruso, Alexandr Serguéievich Pushkin ha sido y es su mayor poeta, el exponente máximo del culto a la belleza y a las letras rusas, Pushkin no sólo ha creado el crisol en el que se ha forjado la lengua literaria rusa moderna, sino es el artista insuperado en la poesía y el adelantado de la primera prosa moderna rusa. Pero, Pushkin, para los rusos es mucho más: es símbolo y encarnación de la identidad nacional. Por si esto fuera poco; Pushkin tiene el atractivo romántico de su biografía: niño no querido por sus padres, perseguido por las autoridades, logró imponerse como el mejor vate de Rusia. Amante de la libertad, nunca pudo salir al extranjero; enamoradizo, contó con el favor de muchas mujeres, pero fue desdichado en su matrimonio y murió, defendiendo su honor, en un duelo con el cortejador de su propia esposa.

A partir de su obra poética se abre el abanico de la lírica rusa y sus primeros pasos en el relato y la novela se construye la obra de Gógol, de cuyo Capote, en palabras de Dostoyesvski, salieron todos los novelistas del siglo XIX.

A Pushkin le debe la cultura rusa la figura del poeta por excelencia, un poeta eternamente joven y poderoso, un genio perseguido por el poder y muerto en un duelo, y a su arte equilibrado, ligero, sutil, armonioso, la máxima expresión de la poesía. Su obra poética es un largo y medido trazo desde la poesía de los primeros años -amorosa, galante, desenfadada- hasta el verso sobrio, acompasado y dúctil de sus últimas obras, teñidas por el gris sereno de la edad y el pensamiento dolorido de quien aspira a la soledad del creador. “Acudí a una cita -nos cuenta Pablo Neruda- con un poeta muerto hace 100 años, Aleksandr Pushkin, autor de tantas imperecederas leyendas y novelas. Aquel príncipe de poetas populares ocupa el corazón de la grande Unión Soviética”.

El 6 de junio 1799 (el 26 de mayo según el calendario juliano, vigente entonces en Rusia y que todavía rige para la Iglesia ortodoxa rusa) nace en Moscú Alexandr Serguéievich Pushkin en el seno de una familia noble. Toma contacto con el folklore a través de su aya Arina Rodiónovna, de quien aprende a amar a la lengua rusa. Ingresa en el Liceo de Tsárskoye Seló, centro creado por Alejandro I para los hijos de la nobleza. Sus primeros poemas vieron la luz cuando el autor tenía sólo diez años de edad, y en 1820 obtuvo la fama poética con la composición Ruslán y Liudmila, exaltación de la cultura medieval rusa. Sus poesías revolucionarias y poco respetuosas casi lo llevan a Siberia; pero la intercesión de los amigos -Zhukovski, Karamzín- suavizarán el castigo, y Pushkin será enviado al sur. Odessa, Crimea, el Cáucaso, Besarabia serán sus lugares de destierro y también los paisajes románticos de un poeta que compite en genio y en obras con el admirado Byron. Durante su destierro compuso numerosos poemas, entre los que destacan: El prisionero del Cáucaso, La fuente de Bajchisarai y Los zíngaros. Empieza a escribir su novela en verso Eugenio Oneguin. Por conflictos con sus superiores es expulsado del cuerpo de funcionarios del Ministerio de Asuntos Exteriores y enviado a la propiedad familiar de Mijáilovskoye, encierro que lo salvará de verse envuelto en la sublevación de los decembristas a fines de 1825. A partir de entonces Pushkin se mantendrá hasta su muerte bajo la “protección” del zar Nicolás I, que le perdonará sus travesuras de juventud y le concederá el honor de ser su censor. Acaba la tragedia Borís Godunov, que muestra influencia de Shakespeare.

Desde esta época Pushkin intenta denodadamente conciliar la vida creadora y libre del artista con los inevitables compromisos a que le obliga su condición de noble, de genio admirado y odiado, compromisos que le impone su sociedad y que le recuerda con amoroso celo y mano de hierro el poder.

Pushkin logró escribir una gran obra, en la que abunda ciertamente la poesía, pero en la que asoma ya perfilada y esbelta la nueva prosa rusa. El primer Pushkin en la prosa será un afrancesado, mal del que curará gracias a su contacto con el rico, sabio y melodioso lenguaje popular: la “creación verbal” y la tradición folklórica oral que permanecía muy viva en el pueblo y que en los tiempos románticos fue objeto de particular interés por los escritores.

Tras varios intentos de escribir algún relato o novela abandonados en años anteriores, en el otoño de 1830 se retirará a la propiedad familiar de Bóldino para vivir tal vez el periodo de mayor y más inspirada creatividad de su vida. Pushkin en algo más de dos meses, además de crear unas cuantas poesías -entre ellas la conocida Elegía- y un ciclo de lo que el llamó “pequeñas tragedias”, escribe una colección de relatos: Relatos de Belkin y La casita de Kolomna.

En 1831 se casa con Natalia Goncharova, joven bellísima y según algunos la causa de su perdición. Al año siguiente escribe la novela Dubrovski, la historia de un noble humillado que se convierte en bandolero. Con La dama de picas el elemento fantástico parece interpretar con mayor fidelidad la vida rusa. Otra novela famosa es La hija del capitán.

Hoffmann, Sterne, Walter Scott, Cervantes, Shakespeare y muchos otros maestros sobrevuelan la prosa de Pushkin, ¿y qué literatura no ha bebido en otra? Pero si Pushkin el poeta logró plantar los primeros brotes de la prosa rusa, fue gracias a su genio, gracias a la combinación exquisita de breve precisión, modelo de la lengua rusa y veracidad, privilegio y condena de las letras rusas.

Crea su revista El contemporáneo, donde publicará sus últimas obras. A pesar de su deseo de aislarse y escribir en soledad, lejos de la corte, la “alta sociedad” envenena la vida del poeta. Rumores, cartas anónimas, ponen en duda la honestidad de su esposa y manchan su honor. Pushkin era un Don Juan, pero también era un marido muy celoso. Su hermosa esposa era objeto de la atención de muchos, incluso de la del zar. Pero la tragedia se desencadenará a causa de Georges D’Anthes, un barón realista francés que servía en Rusia y cuyas relaciones con el embajador de Holanda, que figuraba como su padre adoptivo son conocidas. Pushkin, al enterarse de un encuentro secreto entre éste y su esposa, le provoca pero D’Anthes logra evitar el duelo casándose con Yekaterina, la hermana de Natalia. Sin embargo, D’Anthes utiliza este matrimonio como pantalla para ocultar no sólo su relación con el diplomático holandés, sino también para seguir cortejando a Natalia. Finalmente, Pushkin recibió una carta anónima con un diploma en el que se certifica su admisión en la Orden de los Cornudos. El poeta no podía soportar semejante afrenta.

D’Anthes hiere a Pushkin en el duelo de Chórnoya Rechka (Arroyo Negro), en los suburbios de San Petersburgo, y el poeta muere, después de dos días de sufrimientos, el 10 de febrero de 1837 (29 de enero según el calendario juliano) con 38 años. Las autoridades temerosas de demostraciones públicas de simpatía por Pushkin, a toda prisa, durante la noche, llevan el cadáver del poeta al monasterio de Sviatogorsk, próximo a Mijáilovskoye, donde es enterrado.

En la única nota necrológica dedicada al poeta se decía: “¡Se ha puesto el sol de la poesía rusa Pushkin ha muerto, ha fallecido en la flor de la vida, en la mitad del glorioso camino!... No nos vemos con fuerzas de decir más, aunque tampoco es necesario: no hay corazón ruso que ignore el valor de esta irreparable pérdida...”


 

 


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