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LA VOZ DEL POETA MARINERO


Francisco Arias Solís
aarias@arrakis.es

 

“Éramos como huéspedes de la libertad,
tal vez demasiado hermosa.”
Carlos Barral


El poeta Barral pertenece de pleno a la generación de la poesía social, la del realismo crítico o socialrealismo, la de los niños de la guerra. Sin embargo, no faltan quienes llaman a este grupo de escritores la generación pacifista porque no hay pacifismo más auténtico que el de quienes vivieron su infancia en guerra, de mayores nunca combatieron y eligieron el bando de los vencidos.

Carlos Barral Agesta nació en Barcelona el 2 de junio de 1928. Se licenció en Derecho por la Universidad de Barcelona en 1950. Desde este año residió regularmente en su ciudad natal donde ejerció de editor, dirigiendo primero la Editorial Seix Barral, y más tarde Barral Editora. Su inevitable propensión por el mito le llevo a considerar que el paraíso de su infancia se ubicaba en Calafell, la población tarraconense donde su familia tenía una casa. La devoción de Carlos por la playa de Calafell se extiende a sus aguas. Desde 1982, fue elegido Senador por Tarragona, figurando en las candidaturas del PSOE. Sus amigos, los pescadores de Calafell, fueron testigos de su boda con Ivonne Hortet, el 4 de octubre de 1955 y compañeros de su última singladura un 17 de diciembre de 1989, en que las cenizas de Carlos Barral fueron esparcidas en el mar, a dos millas de la costa calafellense.

Premio de Literatura Ciudad de Barcelona (1978) por Los años sin excusa. Fundó el premio de novela “Biblioteca Breve” y en colaboración con doce editores de otros tantos ámbitos lingüísticos, el “Prix International de Litteratura “ y el “Prix Formentor“, que se otorgaron entre 1950 y 1967.

Sus primeros poemas aparecen en 1952 bajo el título Las aguas reiteradas, que, junto a Poemas previos y en forma de apéndice, se incorporan a la primera edición de Metropolitano (1957), cuya segunda edición Metropolitano y poema (1973-1975), se abre con un estudio original de Jaime Gil de Biedma.

Diecinueve figuras de mi historia civil dio lugar a una edición bilingüe en traducción al italiano de Dario Puccini. Otras de sus obras poéticas más relevantes son: Usuras, Figuración y fuga, Informe personal sobre el alba y acerca de algunas auroras particulares, Lecciones de cosas y Veinte poemas para el nieto Malcom.

Años de penitencia y Los años sin excusa constituyen los dos primeros tomos de las Memorias de Barral; y Penúltimos castigos, su primera novela. También su obra en prosa cuenta con dos libros de viajes escritos en catalán: Per cal de fora, Catalunya des del mar y Catalunya a vol d’ocell. De su trabajo de traductor debe resaltarse la versión al castellano de los Sonetos a Orfeo, de Rainer María Rilke.

Carlos Barral es una de tres figuras que compone la Escuela de Barcelona. No hace mucho que ha aparecido un estudio espléndido de Carmen Riera, La Escuela de Barcelona. Barral, Gil de Biedma, Goytisolo: el núcleo poético de la generación de los 50. Irremediablemente, en las muchas y amenas páginas de este libro la generación de los 50 queda, para bien y para menos bien, en cueros vivo y con una copa de más.

La fama de poeta hermético, de “distinto entre los diferentes”, la comparte Barral con el poeta jerezano José Caballero Bonald desde siempre. Tanto Caballero como Barral han manifestado en sus poéticas la pasión por la lengua y los dos se han esforzado en sus poemas por atisbar misterios transitando las galerías de la mente que conducen a los arcanos. Como todos los herméticos auténticos, han terminado habituando al lector al universo propio y hoy en día sólo por sus respectivas voluntades de estilo a los dos poetas se les puede colgar el sambenito del hermetismo.

Buen narrador oral, Barral ha usado siempre en sus poemas sistemas y técnicas narrativas. Con voz propia y rica en registros, la obra de Barral no elude articularse sobre el nudo de experiencias históricas, propias y comunes a las gentes de su época.

A pesar de no tener mucho donde elegir en la cultura censurada de su tiempo de aprendizaje; Carlos Barral, mantuvo la terquedad, hasta la bendita pedantería, de leer, debatir y meditar como si aquello no fuese aquella España nuestra. Quizá no se le perdona esa cáustica ironía de que hace gala ni tampoco esa desmitificación de unos valores aceptados e intocables realizada con mucho adelanto, pero que han seguido las jóvenes promociones: el amor naturalista, el ataque a la ciudad hipócrita, la vaciedad de la burguesía puesta en la picota, etc.

Gran parte de la vida de Carlos Barral transcurrió navegando. El mar ocupa en sus poemas un lugar privilegiado y raro en la lírica española. El mar, el tiempo, y las indagaciones de la sensibilidad han sido constantes auténticas en la obra literaria de Carlos Barral, perito en los azules del mar. Y como dijo nuestro poeta: “Y cada vez son menos / los mástiles y menos / marineros los hombres que se embarcan”.







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