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LA VOZ DEL PRECURSOR DEL EXPRESIONISMO


Francisco Arias Solís
aarias@arrakis.es

 

“¡No tengo interés alguno en que me fastidien!
No he sido yo quien se ha empeñado en venir al mundo.
¿Por qué he de insistir ahora en quedarme?
¡No he cerrado ningún trato con Dios! Se me ha engañado.
No hago responsable a mis padres...”
Frank Wedekind.





La obra de Wedekind, claro antecedente del expresionismo en Alemania y del teatro del absurdo, se caracteriza por su ritmo rápido, entrecortado, el gusto por las situaciones grotescas y la ausencia de planteamientos psicológicos. Las situaciones grotescas de sus obras fueron censuradas con frecuencia ya que se entendía que iban contra la moralidad de la clase burguesa.

Frank Wedekind nació en Hannover el 24 de julio de 1864 y falleció en Munich el 9 de marzo de 1918. Hijo de un médico que estuvo al servicio del sultán de Turquía y de una actriz californiana de origen húngaro, se crió en Suiza en un ambiente muy liberal. Estudió germanística en Lausana y derecho en Munich, pero abandonó sus estudios antes de concluirlos. Fue periodista en Munich, París y Londres, llevando una vida bohemia y trabajando como jefe de publicidad de una empresa de Zurich, secretario de un circo, secretario del pintor, escultor y falsificador danés Willy Grétor. Fue redactor de la revista Simplicissimus. De regreso a Alemania, trabajó como cantante de cabaret. En algunas de sus obras, además de escribirlas y dirigirlas, actuaba, bailaba y tocaba el laúd.

Wedekind se dio a conocer con El despertar de la primavera (1918), sobre el surgir de los instintos en la adolescencia, que causó cierto revuelo, lo que le aseguró el éxito. La siguieron, en la misma línea, El espíritu de la tierra (1895) y La caja de Pandora, en la que aparece el personaje de Lulú, que desarrollará el compositor Alban Berg en la conocida ópera del mismo título, representación del erotismo reprimido por la sociedad, El marqués de Keith (1901), La danza de la muerte (1906), Censura (1909), Franziska (1912), su argumento es quizá una metáfora del feminismo moderno, cuyo personaje principal es una joven que vende su alma al diablo, para saber que se siente al vivir como un hombre, y Bismark (1915); algunas de ellas fueron censuradas por su acerba crítica social y los recurrentes temas sexuales. Entre sus relatos destacan Mine-Haha (1903) y la colección Fuegos artificiales (1906), cuyo prólogo es el ensayo Sobre el erotismo. Y como dijo el escritor alemán: “¡Da un poco de vergüenza el haber sido hombre y no haber conocido lo más humano!”

 

 


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