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  Guías culturales

LA VOZ DE UN PREDICADOR AUDAZ


Francisco Arias Solís
aarias@arrakis.es

 

“La guerra es un mal que deshonra
al género humano.”
Fénelon.

 

El siglo XVII francés ofrece grandes figuras en la elocuencia sagrada, como las de Bossuet, Bourdaloue, Massillon y Fénelon.

Fenélon, el famoso autor de Las aventuras de Telémaco, obra de una inmensa popularidad que fue traducida a todas las lenguas y leída en francés por toda la buena sociedad de toda Europa, era un famoso predicador, pero sólo hemos conservado dos de sus sermones. Sus obras están como su persona, llenas de desenvuelta nobleza y de elegancia natural. Su inteligencia viva y variada percibe una multitud de ideas nuevas y audaces para su tiempo, siente certeramente la antigüedad helénica, toma ejemplos de las bellas artes, se interesa por la suerte del pueblo, anuncia el siglo XVIII.

François de Salignac de la Mothe, más conocido como François Fenélon, nació en el castillo de Fénelon, Perigord, el 6 de agosto de 1651 y falleció en Cambrai el 7 de enero de 1715. Perteneciente a una familia noble, realizó sus primeros estudios con un tutor privado en el propio castillo de Fénelon. A los doce años fue enviado a la Universidad de Cahors, donde estudia retórica y filosofía. Después pasó al colegio de Plessis, donde estudió teología, y desde allí, al seminario de Saint-Sulpice, ordenándose sacerdote en 1675. Dirigió el Instituto de las “nuevas católicas”, institución para la educación de jóvenes protestantes convertidas al catolicismo. Fue partidario del quietismo místico propagado por Madame de Guyon y mantuvo una gran disputa con J. Bossuet, a cuyo círculo había pertenecido. Fue preceptor del duque de Borgoña (nieto de Luis XIV y padre de Luis XV), a quien dedicó varias de sus obras, entre ellas las Fábulas (1690). En 1693 fue admitido por la Academia Francesa, y dos años después es nombrado arzobispo de Cambrai, en cuya sede acabó sus días, casi exiliado.

Entre sus obras destacan, además: Carta a Luis XIV (1694), en la que crítica la política real, Tratado para la educación de las jóvenes (1687) y la novela didáctica Las aventuras de Telémaco (1699), escrita para educar al duque de Borgoña, que es una suerte de enciclopedia de mitología y un manual de educación moral para el futuro soberano, obra que entra dentro de la modernidad por su idea de la tolerancia. Luis XIV la consideró una burla a su corte y decidió alejar a François Fenélon de su nieto desterrándole a Cambrai. Telémaco, en un largo viaje en busca de su padre, es acompañado por el sabio Mentor, que aprovecha cada circunstancia para sacar una lección práctica. Escribió también Explicación de las máximas de los santos (1697), condenada por la Iglesia, Diálogos de los muertos (1700), que reúne semblanzas sobre diversos personajes históricos, Las tablas de Chaulnes (1711) y Carta a la Academia Francesa (1714), sobre la famosa “querelle” entre antiguos y modernos, que constituye un opúsculo encantador en el que se desbordan los recuerdos de un viejo humanista, y que trata, con un espíritu independiente, del lenguaje, de la versificación, de la historia, de la poesía. Y como dijo el predicador francés: “Todas las guerras son guerras civiles, porque todos los hombres son iguales”.

 


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