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  Guías culturales

LA VOZ MÁS PROMETEDORA DEL ROMANTICISMO


Francisco Arias Solís
aarias@arrakis.es

 

 

“Ya vuelve la primavera:
Suene la gaita, - ruede la danza.
Tiende sobre la pradera
el verde manto - de su esperanza.”
Pablo Piferrer.

Es lógico que los románticos sintieran, al menos en el origen de su movimiento, la opresión social en el plano ético y político. Su rebeldía no fue banal ni estaba injustificada. Esta combatividad, mantenida por lo menos hasta alcanzar las posiciones que la libertad individual reclamaba, es resultante de una convicción honda en los impulsos espirituales, en la energía interna. El romántico es quien no contiene, sino quien desborda, a beneficio de su propio rescate, la emotividad. Que, desde luego, puede ser de distintas direcciones y signos. Pero que tiene también de común con los otros románticos el servir de terapéutica privada y de móvil artístico que posibilita la catarsis pública.

La fuerza, mucho más que la pasividad melancólica, es el verdadero mundo connatural a su rebeldía. Si bien el fracaso o la misma crueldad de la lucha dan lugar a frecuentes lamentaciones que suelen ser, más que simples ayes de dolor, espacios de descanso donde se retoman los ánimos de combate.

Pablo Piferrer y Fabregas nace en Barcelona el 11 de diciembre de 1818. Su padre trabajó en la industria de la confección y fue maestro de la seda, oficio que también ejercía, durante su adolescencia, el poeta Piferrer.

Tuvo Pablo Piferrer una vida dura, pues quedó huérfano de padre en su infancia y hubo de compaginar estudios y trabajo para sustentar a su madre. En 1831 aparece ya como alumno de la Real Junta de Comercio de Cataluña. Ingresó después en la carrera de Leyes. Fue Piferrer magnífico estudiante, logrando en todos sus cursos la calificación de sobresaliente, pese a las dificultades económica que acosaban a su familia.

Sus preocupaciones sociales, unidas a la grave situación política del país, conforman su primera actitud como la de un devoto de la tendencia revolucionaria. En 1836, recién cumplidos los dieciocho años, Piferrer se alista, como voluntario para luchar contra los carlistas

La campaña militar, pese a los éxitos de Espartero no despierta su entusiasmo. Y menos cuando las luchas intestinas entre los moderados y los progresistas obligan a cambios constantes en el Gabinete de Gobierno (Mendizábal, Istúriz, Calatrava, etc.) que afectan a la guerra. En 1837 publica sus primeros trabajos en El Vapor -El castillo de Monsoliu- y en la Biblioteca Romántica-Moderna -el Cuento Fantástico-. Es también el año en que compone su poema “A una hermosa”.

A su regreso Piferrer colabora en El Guardia Nacional como crítico de conciertos y representaciones teatrales. Fue magnífico crítico musical y literario y el efecto de sus artículos, junto a su inquietud creadora, motivaron que se le confiara la redacción del primer volumen de Recuerdos y bellezas de España. En 1840 entra de bibliotecario en la Biblioteca de San Juan. Su posición política es ahora mucho más conservadora. Publica su Episodio de la Historia de los Judíos en la antigua Corona de Aragón, trabajo histórico centrado en el siglo XIV.

En 1842, Piferrer acusa los síntomas de la tuberculosis que le llevaría al sepulcro. Se repone y marcha a la montaña, conciliando sus necesidades de salud y trabajo, pero ha de interrumpir el segundo tomo de Recuerdos y bellezas de España, por las alteraciones políticas y su necesidad de estar en el periódico. Escribe ya en El Diario de Barcelona. Colaboró también durante su breve duración en el periódico La Corona.

En 1844, Piferrer es elegido miembro de la Real Academia de Buenas Letras. Publica en La Verdad -el poema a Las Navas de Tolosa- y en La Fe -el poema Canción de la primavera-; sale también el segundo tomo de Recuerdos dedicado a Cataluña.

La salud de Piferrer va empeorando. Oposita, con éxito, a la Cátedra de Retórica de la Universidad de Barcelona. Obtiene el nombramiento en 1848, pero el esfuerzo ha quebrantado mucho su salud. Tiene la obsesión de dedicarse a su “mundo poético”, pero apenas formulado este deseo su enfermedad se agrava y muere el 25 de julio de 1848, a los treinta años de edad.

Piferrer, poeta de obra muy escasa, ha sido considerado como uno de los poetas más prometedores del Romanticismo. Menéndez Pelayo lo estimó en mucho y antologó su “Canción de la primavera” entre las cien mejores poesías de la lengua castellana. “La inocencia de la vida / (Calle la gaita, - pare la danza) / No torna una vez perdida. / Perdí la mía - ¡Ay de mi esperanza!”

 

 

 

 

 


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