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  Guías culturales

LA VOZ DE UN REBELDE


Francisco Arias Solís
aarias@arrakis.es

 

“Las ciudades se habrán construido
sobre la punta de los paraguas.

(Y la vida nos parece mejor
porque está más alta)”.
Carlos Oquendo de Amat.

 

El libro de Carlos Meneses Tránsito de Oquendo de Amat otorga a Carlos Oquendo de Amat la categoría de un “rebelde”, siguiendo así a Mario Vargas Llosa, que en 1967 reivindicó la figura del poeta en el acto de la entrega del premio Rómulo Gallegos. Un nuevo mito acababa de surgir en la literatura latinoamericana por decirlo de forma más precisa, el poeta mítico (de orígenes románticos, como Rimbaud) parecía encarnar la pureza revolucionaria y poética.

El poeta peruano Carlos Oquendo de Amat es uno de los escritores más enigmáticos de la poesía latinoamericana y de la poesía en lengua española contemporánea. Nacido en Puno el 17 de abril de 1905, murió tuberculoso en Navacerrada (España) el 6 de marzo de 1936. Sus poemas, escasos, fueron publicados en un breve y raro libro titulado Cinco metros de poemas, en 1927, que es una única hoja de unos cinco metros, plegable como un acordeón. El paralelo inmediato que establece la crítica es equiparar su “actitud” a la de Rimbaud. Su muerte, acaecida en un sanatorio de Guadarrama, pasó prácticamente desapercibida hasta la revalorización que llegó de la mano del inteligente crítico español Luis Monguió en La poesía postmodernista peruana (1954). La joven crítica ha desalojado de su posición marginada y “maldita” a Carlos Oquendo de Amat.

Los orígenes de los Oquendo y Amat reflejan el ascenso y decadencia de unas familias aristocráticas reducidas a la miseria de sus últimos miembros. La familia paterna deriva del propio almirante vasco Antonio de Oquendo y la materna del virrey Amat. Huérfano desde niño, Carlos Oquendo de Amat, con su madre, sufre las privaciones de la familia venida a menos y la adolescencia del poeta discurre entre la miseria y la lucha por combatir el alcoholismo materno Hacia 1923 escribe los poemas “Poema del manicomio”, “Cuarto de espejo” y “Reclame”. No son los mejores poemas de Oquendo de Amat, pero muestra en ellos su capacidad de asimilar formas vanguardistas, en especial caligramáticas. En la biografía de Meneses aparece con toda su dureza y también como muestra de un romanticismo vital determinante, la bohemia literaria. Y quien dice bohemia quiere decir marginación, pobreza y hambre: “Libre, con hambre, lleno de incertidumbre, sin techo seguro, aunque con la posibilidad de encontrar quien escuche sus poemas, se preocupa más en alimentar su espíritu que su estómago. No sabe donde dormirá la noche siguiente, pero sí que puede disponer de todos los bancos de las plazas públicas.”

La poesía de Oquendo de Amat no puede calificarse de surrealista, puesto que carecen de las intenciones que determinarán los maestros de dicha escuela. Meneses no precisa la adscripción de Oquendo de Amat a dicha tendencia pero algunas de sus afirmaciones pueden inducir a cierta confusión al lector: “solamente después de 1927, o a partir de 1928, cuando en realidad circuló el libro de Oquendo de Amat, surgieron otras muestras de surrealismo en Perú...”

Sabemos de la adscripción de Oquendo de Amat al partido comunista, de su paso por Panamá, de su detención y de su liberación, de su llegada a España, con probable paso por París, pero desconocemos lo que le llevaría a renunciar a la actividad poética.

Considerada con cierta perspectiva su obra poética, aun valorando la calidad de las muestras conservadas, no significa una auténtica renovación poética; adquiere, sin embargo, el papel de un símbolo, del que no podrá desprenderse la propia biografía del poeta. Puesto que, en definitiva, su aventura vital es trascendente como su misma poesía. En este sentido es en el que habremos de referirnos al “romanticismo” de este poeta vanguardista, en cuya tumba del cementerio de Navacerrada, pueden leerse los bellos versos de Enrique Peña a él dedicados: “Oquendo, tan pálido, tan triste, / tan débil, que hasta el peso / de una flor te rendía”.

 


 


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