- El rincón del poeta
- Relatos breves
- Libros digitales
- Trabajos de investigación
 
 
Cultura en general (museos, exposiciones, patrimonio, etc...)
Enseñanza de español y didáctica de otras lenguas
Cooperación, igualdad, dependencia, desarrollo, etc.
Publicaciones e información sobre el mundo del libro.
 
 
Publicar en Liceus







  Guías culturales

LA VOZ DE UN REVOLUCIONARIO DE LA POESÍA


Francisco Arias Solís
aarias@arrakis.es

 

“-Desnuda, casi desnuda;
y los árboles cotillas
a la ventana arrimaban,
pícaros, su fronda pícara.”
Arthur Rimbaud.

Rimbaud fue un revolucionario de la poesía. Los surrealistas lo consideraron su precursor. Para el poeta y notable dramaturgo Paul Claudel fue el profeta, la revelación de la divinidad. Uno de sus fervientes panegiristas no tenía inconveniente, unos treinta años más tarde de su muerte, en llamarle “el mayor poeta de cuantos han existido”. Su extraordinaria poesía, casi ignorada en vida del poeta, sitúa a Rimbaud entre los principales autores decadentistas y en los orígenes del surrealismo. “Yo venía de una pequeña librería íntima –nos cuenta Alberti-, cuyo librero, gran amigo de todos nosotros, acababa de conseguirme un raro ejemplar de los poemas de Rimbaud, sintiéndome infantilmente feliz aquella tarde sabiéndolo apretado bajo mi gabán para librarlo de la lluvia”.

Jean Nicolas Arthur Rimbaud nace en Charleville el 20 de octubre de 1854 y muere en Marsella el 10 de noviembre de 1891. Miembro de una familia originaria de clase media rural. Su padre era capitán del ejército y participó en la campaña de Argelia, donde obtuvo la Legión de honor. La madre era una figura conservadora rígida que llegó a prohibir a sus hijos jugar en la calle con los hijos de los obreros. Rimbaud detestaba la tiranía materna. A los dieciséis años abandonó su hogar para marchar a París, dando inicio así a una vida de vagabundeo y en perpetuo estado de rebeldía, e, incluso, se enroló en 1871 en las tropas de insurrección. Su inconformismo crecía. Atacó duramente a Napoleón III, a la burguesía y al catolicismo. En una carta a un amigo, conocida como Carta del vidente, expresó su búsqueda poética como una alquimia verbal y una exploración interna. Poseedor de una extraordinaria precocidad intelectual, escribió sus primeros versos con diecisiete años. Prometía una brillante carrera literaria, pero dejó de escribir a los veintiún años. Con el poema El barco ebrio (1871), que envió a Paul Verlaine, se inicia una turbulenta relación amorosa entre ambos. Verlaine lo introdujo en los círculos literarios de París, pero su genio variable y sus modales groseros fueron la causa de varios conflictos. Juntos viajaron a Bélgica a Inglaterra, llevando una vida bohemia. Su amistad se truncó violentamente en 1873, cuando Verlaine, en Bruselas, disparó sobre su amigo, a raíz de una discusión. Esta amistad, sin embargo, inspiró algunos de los mejores versos de ambos poetas. La fría acogida de su obra en prosa Una temporada en el infierno (1873) le impulsó a dejar de escribir y a viajar por Europa, Oriente y África: fue voluntario en el ejército colonial holandés y fue enviado a Java. Desertó y volvió a Francia. Más tarde se marchó a Chipre, Egipto, Arabia y Abisinia, realizando trabajos distintos, desde organizar caravanas a traficar con armas. Mientras tanto, Verlaine le había hecho famoso al incluirlo en su obra Los poetas malditos (1884). Un tumor en la rodilla hizo que Rimbaud regresara a Marsella en abril de 1891, le fue amputada la pierna enferma pero fue inútil. Murió meses más tarde.

Su primera obra Los regalos de los huérfanos, apareció en 1869, publicada en una revista. En ella se encuentran influencias de Víctor Hugo y de Baudelare. Más tarde renegó de esta poesía, deseando que la quemaran. Para Rimbaud el poeta ha de ser un “vidente” y casi un “visionario”, debe buscar lo nuevo, descomponer lo establecido y buscar lo desconocido. Contaba con su propio carácter pero a veces también con la ayuda de drogas o alucinógenos. En Una temporada en el infierno, publicada tras la ruptura con Verlaine, mezcla la prosa y el verso libre, pareció ya decir adiós a la poesía. Pero su última obra realmente fue Las iluminaciones (1874-1875), poemas en prosa de significado oscuro. Dijo querer romper el universo para volverlo a crear. En algunos casos más que “iluminaciones” parecen “alucinaciones”. Y como dijo el poeta francés: “La primera empresa fue, en el sendero lleno ya de destellos frescos y pálidos, una flor que me dijo su nombre.”

 

 

 

 


Volver a Publicar en Liceus ...




        
Universidad de Alcalá Confía learning confianza online