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LA VOZ DEL SECRETO ENCANTO DE LA POESÍA


Francisco Arias Solís
aarias@arrakis.es

 

“Sols desitjo per ma gloria
que, si algú aquesta oda sap,
al moment en qué jo mòria,
me la digui de memòria
mot per mot, de cap a cap.”
Joan Maragall.

 


Joan Maragall es el poeta lírico más importante de nuestro país en 1900, según Dámaso Alonso. Escribe en catalán su poesía y en catalán se dirige a todos nosotros para contarnos, poéticamente, la experiencia de ser catalán en un país conflictivo. También escribe en buen castellano. Joan Maragall tiene el secreto encanto de la poesía, el secreto encanto del arte. Y como decía Bécquer: “Tiene el arte no sabemos qué secreto cuanto que todo lo que toca lo embellece”.

Joan Maragall i Gorina nace en Barcelona el 10 de octubre de 1860. Terminado el bachillerato, Maragall se incorpora al negocio de su padre empezando por abajo, como un aprendiz de almacén de tejidos. A los diecinueve años entra en la Universidad para estudiar la carrera de Leyes. Estudia alemán, para leer a Heine, Goethe y Novalis. Y aprende a tocar el piano para gozar sobre todo, de Mozart. Antes de licenciarse en derecho en 1884, había ya comenzado a ganar juegos florales.

Después de los primeros trabajos como abogado, sin entusiasmo, el amor hacia Clara Noble, una niña de quince años, que luego será su esposa y las primeras colaboraciones en el Diario de Barcelona, donde publicó gran número de artículos y ensayos que influyeron enormemente en la vida intelectual.

Con motivo de la “semana trágica”, en 1909, escribe artículos palpitantes criticando al mundo en que vive y desde la burguesía a la que pertenece increpa y sacude a los burgueses. La posición de Maragall le llevó a rechazar cargos públicos o actas de diputado. Joan Maragall muere en Barcelona el 20 de diciembre de 1911.

Maragall es poco conocido. Tal vez suene su nombre más que se conozca su obra. Una minoría intelectual se puso en contacto con él mientras vivió. Desde Unamuno a Menéndez Pelayo pasando por Azorín, Ortega y Gasset, Miró y Giner de los Ríos mantuvieron relación con el gran poeta catalán. Especialmente su amigo Unamuno, con quien compartió sus inquietudes, prueba de lo cual es la interesante correspondencia mantenida entre ambos intelectuales. En 1903 accedió a la presidencia del Ateneo barcelonés, ante cuyos miembros leyó el célebre discurso Elogi de la paraula,, en el que se exalta una concepción de la poesía próxima al modernismo. Maragall está considerado uno de los iniciadores de la poesía catalana moderna, además de haber sido un traductor y divulgador de Goethe, Nietzsche, Novalis y Píndaro.

Convencido de que la lírica exigía la lengua vernácula, dejó en Poesies (1895), Visions i cants (1900), Les disperses (1903), Enllá (1906, premio Fastenrath de la Real Academia Española) y Seqüències (1911) la praxis de una estética propia. Para Maragall –a quien tantas cosas acercan a su amigo Unamuno- la poesía es pensamiento, concepto; por lo cual su forma es sobria, austera incorrecta en ocasiones; pero no por ello descuida el ritmo en algunos poemas, por ejemplo, en La vaca cega. En cuanto a la temática, Maragall se limita al amor, la naturaleza, la vida ciudadana, la poesía cívica y política, hallándose entre sus mejores poemas su Cant espiritual.

Cuando Marcel Camus o E. Montale traducen el Cant espiritual de Maragall al francés o al italiano lo hacen porque sintonizan con unas palabras que saben universales. Y cuando Unamuno traduce La vaca cega, estamos ciertos de que también trata de hacer suya la poesía verdadera.

“Aprended a hablar del pueblo... Aprended de marineros y pastores. Y cuando los poetas sepan enseñarnos ese lenguaje simple y sublime, haciéndonos olvidar todo otro en su olvido, entonces llegará su reino, y todos hablaremos encantados en la música creadora. Todos hablaremos como cantando, como voz brotada de la tierra de cada uno; y desde luego de las lenguas, todos nos entenderemos en aquello que debamos entendernos; que en lo demás, ¿qué importa? Nos entenderemos sólo por el amor de hablar... Y no hay más lengua universal que ésta”, así escribía el grande y puro poeta Joan Maragall, en esa prosa catalana que vale bien su verso.

 

 


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