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LA VOZ DEL SOCIALISMO CRISTIANO


Francisco Arias Solís
aarias@arrakis.es

 

 

“La única forma de regenerar el mundo
es que cada uno cumpla con el deber
que le corresponda.”
Charles Kingsley.

 

 

 

El escritor británico Charles Kingsley es el prototipo de esos novelistas docentes que involuntariamente le invitan a uno a preguntar si fueron alguna vez artistas. Con harta frecuencia se ha confundido la novela con el libro de propaganda, y esto hizo sin duda Kingsley, pastor protestante, que publicó muchas obras de vulgarización y varias novelas, de tesis socialista unas e históricas otras, así como otros libros de propaganda protestante, persecución católica y de difíciles problemas sociales o políticos.

Charles Kingsley nació en Holne, Devonshire, el 12 de junio de 1819 y falleció en Eversley, Hampshire, el 23 de enero de 1875. Hijo de un vicario y hermano del novelista Henry Kingsley, fue educado en el Magdalene College, Cambridge. Pastor anglicano, fue capellán de la reina Victoria, canónigo de Westminster y uno de los fundadores del “socialismo cristiano”. En 1860 fue nombrado “Regius Professor” de Historia Moderna en la Universidad de Cambridge. Más tarde fue presidente del Instituto de Birmingham y Midland.

Encabezó, en Gran Bretaña, el movimiento socialista cristiano, junto al teólogo Frederick Denison Maurice y el abogado J.M. Ludlow. “Hemos usado la Biblia –escribió Kingsley- como si fuera una mero manual especial para alguaciles, como una dosis de opio para mantener quieta a las bestias de carga mientras se las sobrecarga”. Loa fundadores del “socialismo cristiano” señalaron el deber de la iglesia de trabajar por una sociedad justa.

Thomas Henry Huxley, quien acuñó el término agnosticismo, le escribe una carta a su amigo Kingsley, en la que le confiesa: “Dame alguna evidencia que justifique mi creencia en cualquier cosa y yo creeré”.

Entre las obras que dieron mayor popularidad a Kingsley señalaremos: Fermento (1848), Yeats (1849), Alton Locke (1850), Hypatia (1853), ¡Rumbo al Oeste! (1855), Los héroes (1860), así como el poema dramático La tragedia de la santa (1848) y el libro infantil Los niños del agua (1863), en el que es palpable su aceptación de las teorías de Darwin, que tan polémicas eran todavía en la época. Y como dijo el escritor británico: “Actuamos como si el lujo y la comodidad fueran lo más importante en la vida, cundo lo único que necesitamos para ser realmente felices es algo por lo cual entusiasmarnos”.

 


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