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LA VOZ DEL TEATRO DEL ABSURDO


Francisco Arias Solís
aarias@arrakis.es

 

 

“Quisiera que mi amor muriese
y que lloviera sobre el cementerio
y las callejas por las que camino
llorando a aquella que creyó que amaba.”
Samuel Beckett.

 

 

 

 

Este escritor irlandés en lenguas inglesa y francesa es uno de los dramaturgos más originales y que mayor influencia ha ejercido en los escritores contemporáneos. Su teatro se caracteriza por la ruptura de las técnicas tradicionales. Sus obras cada vez más estáticas, sin acción y sin trucos escénicos, presentan un mundo interior sin relación con el exterior: son la apoteosis de la soledad humana sin el menor atisbo de esperanza. En su producción destaca la pieza teatral de dimensión filosófica Esperando a Godot (1952), con la que inició al mismo tiempo que el rumano Eugène Ionesco, el llamado “teatro del absurdo”, alcanzando con ella fama mundial.

Samuel Beckett nace en Foxrock, cerca de Dublín, el 13 de abril de 1906 y muere en París el 22 de diciembre de 1989. Después de asistir a una escuela protestante de clase media en el norte de Irlanda, estudia en el Trinity College de Dublín, donde obtiene la licenciatura en lenguas romances en 1927 y el doctorado en 1931. Emigra a París como lector de la Ecole Normale Superieure. En ese periodo, inicia su amistad con otro famoso escritor irlandés, James Joyce, del que fue secretario y que ejerció una gran influencia en sus obra. Se ilustra con textos de René Descartes y Arthur Schopenhauer. Entre 1932 y 1937 escribe y viaja sin descanso, desempeñando diversos trabajos para incrementar los ingresos de la pensión anual que le ofrecía su padre, cuya muerte en 1933 le supuso un duro golpe. En 1937 se establece definitivamente en París. En enero de 1938 y estando en París, debido a que rechazó los reclamos que le hacía un mal afamado proxeneta, que por ironía se llamaba Prudent, Becket fue apuñalado en el pecho y se salvó por muy poco de la muerte. James Joyce consiguió para el herido un habitación privada en el hospital. La publicidad que generó el accidente atrajo la atención de Suzanne Deschevaux-Dumesnil, lo que dio lugar al inicio de una relación sentimental que terminaría en boda en 1961. En la primera audiencia judicial que tuvieron Beckett le preguntó a su atacante el motivo de su apuñalamiento y Prudent le contestó simplemente: “No sé, señor, lo siento”. Beckett levantó los cargos contra su atacante, en parte para evitarse otras molestias procesales pero también porque encontró que Prudent era agradable y de buenas maneras. A partir de mediados de los cuarenta Beckett escribe preferentemente en francés. Cuando estalló la Segunda Guerra Mundial y Francia fue ocupada por el ejército nazi, Beckett apoya a la Resistencia Francesa y es perseguido por la Gestapo. En 1961 le otorgan el Premio Internacional de Literatura compartido por Jorge Luis Borges por su contribución a la literatura mundial y en 1969 el Premio Nobel de Literatura.

Beckett inicia su carrera literaria en el ámbito de la poesía con Whoroscope (1930). Al año siguiente escribe un ensayo crítico Proust, que sentaría las bases filosóficas de su vida y de su obra. Sus primeras novelas, Murphy (1938) y Watt (1953), intentan recoger las posibilidades humorísticas de la lengua inglesa, en combinación con su obsesión por el lenguaje y el orden lógico de éste impuesto por la mente humana; en ellas aparece ya una de sus ideas claves: la impotencia individual. Todo ello se hace más palpable en su trilogía de novelas escritas en francés Malone muere (1951), El innombrable (1953) y Como es (1961), a las que habría que añadir Molloy (1951). En ellas a la inseguridad mental de sus personajes se une su conversión en objetos inmóviles físicamente; todo ello manifestado a través de un lenguaje deliberadamente deformado, en el que, sin embargo, Beckett introduce su comicidad no exenta de simbolismo. Su obra más famosa es una pieza teatral, En attendant Godot (Esperando a Godot) (1952), sobre la historia, absurda en apariencia, de dos mendigos que esperan a un supuesto señor Godot y se encuentran con un extraño rico y su esclavo, planea una compleja red simbólica (que los críticos no han sido capaces de descifrar), a la vez que un lenguaje vulgarista y tópico, acorde con la inanidad de los personajes; como en otras ocasiones, el nihilismo de la obra de Beckett se salva por el humor. Otras obras del autor, que siguen la misma línea son Final de partida (1957), escrita en inglés, Días felices (1961) y Acto sin palabras (1962).. Y como dijo el gran dramaturgo irlandés: “Las palabras es todo lo que tenemos”.

 

 


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