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  Guías culturales

LA VOZ DEL TNAJERO DE GUAREÑA


Francisco Arias Solís
aarias@arrakis.es

 

“-Quién te jizo campesino, desgraciao?
¿Quién te trujo pa estos cerros?
Güervete pa tu Sanroque deseguía,
güervete pa tus tinajas, tinajero?”
Luis Chamizo.

Luis Chamizo -como nos decía el académico Ortega Munilla en el prólogo de El miajón de los castúos- es ocasionalmente poeta y fundamentalmente tinajero. Es decir, que su verdadero oficio en la sociedad, es construir, allá en sus talleres de Guareña, recipientes para el aceite y para el vino. El poeta tinajero ha querido contar cosas de su raza, en el estilo de su raza, con el decir de los rudos extremeños.

Luis Florencio Chamizo Trigueros nace en Guareña, provincia de Badajoz, el 7 de noviembre de 1894. El padre de Chamizo comenzó su vida pobremente y trabajó porque la tinaja ventruda se estilizase. El padre de Chamizo, el inventor de la tinaja cilíndrica, fue un revolucionario de la alfarería.

A muy temprana edad Chamizo compone sus primeros versos. El poeta de Extremadura se traslada a Madrid, donde cursa el bachillerato, que finaliza en Sevilla, donde prosigue los estudios de Perito Mercantil. En los veranos de estudiante frecuenta Guareña y realiza visitas a la finca de su padre en Valdearenales. También visita la finca de Valdelapeña, donde se relaciona con varias familias de pastores. A los veinticuatro años termina la licenciatura en Derecho y vuelve a su pueblo natal y se dedica a la venta de tinajas, especialmente en la provincia de Ciudad Real. Posteriormente se colocó de pasante en la notaría de Victoriano Rosado Munilla.

En 1913 escribe la poesía “En el remanso”, en lengua castellana, que es la primera de la que se tiene noticia del poeta. Posteriormente escribe Vibraciones, libro que permanece inédito, y en el que se aprecia la influencia de Rubén Darío y de otros poetas modernistas. Colabora en el periódico La Semana en Don Benito.

En 1921 marcha a Guadalcanal, provincia de Sevilla, donde conoce a Virtudes Cordo Nogales, con quien contrae matrimonio al año siguiente. Tuvieron cinco hijas. En 1924 es elegido, circunstancialmente, alcalde de Guadalcanal, en ese mismo año, es designado miembro de la Real Academia Sevillana de Buenas Letras.

Durante los primeros meses de la guerra civil provocada por la rebelión militar del 18 de julio, Chamizo estuvo escondido en Guareña en uno de los hornos de cocer conos, protegido por los obreros de su alfarería, y pasó el resto del periodo de la guerra en Guadalcanal con su familia. Terminada la guerra civil marcha a Madrid y trabaja en el Sindicato de Espectáculos. Luis Chamizo muere en Madrid, el 25 de diciembre de 1945. El cadáver fue trasladado al cementerio de Guareña, conforme al deseo expresado por el poeta.

El poeta tinajero, mientras sus máquinas laboran, allá en una cuartito de su casa escribe. Escribe copiando la manera de hablar de los trabajadores extremeños. Y viaja el poeta para vender sus tinajas, y anda por las montaneras y por las dehesas, y pernocta a veces en chozas pastoriles, y se satura del espíritu racial en la conversación de los mercados. Y luego, de todo este caudal de ideas, de sentimientos y de frases expresivas, él realiza el empeño noble de convertir en páginas perdurables lo que de otra suerte quedaría en el olvido. Y además dignifica, ennoblece, cubre de gloria esas maneras de la actividad del pueblo extremeño. Chamizo, en frase de Zamora Vicente, representa para la región extremeña “la mejor voz del terruño”.

Chamizo contactó con el movimiento modernista a través de Salvador Rueda, Villaespesa, Carrere, Amado Nervo, etc. Coetáneo de la generación del 27, Chamizo siguiendo la línea de Gabriel y Galán y de Vicente Medina, cultivó el localismo en dialecto popularista.

Su obra poética dedicada a cantar el terruño materno comprende Poemas extremeños y El miajón de los castúos (Rapsodias extremeñas) (1921). En 1942 apareció su poema épico Extremadura. También es autor como hemos dicho de un drama rural, Las brujas (1932). En 1967 se editó en Madrid una antología poética con el título de Obra Poética Completa. Todavía permanecen inéditas una zarzuela andaluza, Gloria, y una zarzuela extremeña, Flor de Luna.

El poeta Chamizo tiene el secreto de la expresión brava. Tiene también el secreto de la expresión tierna. El feliz tinajero de Guareña posee dos cualidades eminentes y dominadoras: la originalidad y la vehemencia expresiva. Y ha acertado recogiendo del ámbito extremeño sus dos modalidades: la energía y la delicadeza. En unos poemas de extrema sencillez, Chamizo supo captar el espíritu extremeño.

Según un estudio de José Luis del Barco, profesor de la Universidad de Málaga, la autenticidad es para Chamizo el rasgo antropológico fundamental como se desprende del título de su obra más conocida, El miajón de los castúos. Luis Chamizo utiliza frecuentemente el término “castúo”. Así, en Compuerta, habla del “miajón que llevan los castúo por bajo e la corteza”. En Consejos del tío Perico, de “una raza / de castúos labraores extremeños”. En El porqué de la cosa, una mujer dice a su esposo, llena de alegría que habrá de darle un hijo que “será campusino mú castúo”. En El Chiriveje se refiere a los “muchachos castúos de tu tierra”. Expresiones parecidas aparecen en La viña del tinajero, donde habla repetidamente de “los castúos labraores”. Otras semejantes se pueden hallar, en fin, en diversos lugares del poema dramático Las brujas, así como en el poema Extremadura.

Luis Chamizo nos ha enseñado que en las montaneras extremeñas hay un hálito espiritual maravilloso. Y él nos lo ha entregado. La queja extremeña late en la profundidad de su poesía. “Semos probes, hija mía, porque icen / que son probes los que no tienen dinero: / semos probes, semos probes, ¡que sé yo! / eso icen de nusotros, icen eso”. Pero su bellísimo poema La viña del tinajero es una prueba excelente de que el hombre puede sobreponerse a las circunstancias y de que su voluntad es un atributo poderosísimo para vencer los obstáculos sin abdicar de sí mismo como “ser que siempre decide lo que es”: “Era sangre d’otras épocas su sangre; / sus agallas parecían d’otros tiempos; / era un hijo de estas tierras, de la raza / de castúos veteranos extremeños. / Y trunfó de lo que tanto se burlaron, / y trunfó de los que tanto se riyeron, / y las cepas dieron uvas / remojás con el süor del tinajero”. Y es que, como dijo el poeta “mú castúo”: “¡Qué saben d’estas cosas / los señores aquellos!”


 

 


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