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  Guías culturales

REFLEXIÓN EN TORNO A ÉBANO DE RYSZARD KAPUSCINSKI


Por Francisco Collado Campaña
haerdalisstarlight@hotmail.com

Abstract:

Después de la Segunda Guerra Mundial comienzan una serie de movimientos emancipadores y nacionalistas en las colonias impulsadas por el modelo de independencia de la India en 1947. Con este contexto parte la obra Ébano como una narrativa histórica de África, desde los primeros años de los movimientos de emancipación hasta nuestros días desde el punto de vista del autor. Es el desarrollo de un conflicto cuyos inicios se remontan al siglo XIX cuando los países occidentales se lanzan a la conquista y al sometimiento de África y Asia. Las potencias europeas vieron en todos esos territorios una amplia fuente de materias primas y de mano de obra a bajos costes que ofrecían unas resistencias político-militares mínimas. Así y con la máscara de la moral comienzan una serie de negociaciones y congresos con el fin de dividir los territorios coloniales en diferentes zonas de influencia correspondiente a cada uno de los países occidentales.

Más allá de una narración:

Pero Ébano no es sólo una obra de narrativa histórica, sino que también es una obra caracterizada por un estilo informativo propio del periodismo que se desprende en la lectura de las descripciones humanas, geográficas y políticas. Además de poseer un estilo periodístico y de ser una narrativa también es una obra cargada con un lirismo y una profundidad literaria como instrumentos que desvelan la cultura y el mundo africanos al lector. Pero más allá de la literatura, la narrativa historicista y del estilo periodístico nos resultaría realmente difícil encuadrar esta obra dentro de un género. Ante todo porque la misma obra de Ébano es un texto con una forma muy cambiante y variable. A veces se puede ver como una pequeña crónica de un país, otras veces es una narración de su propia vida, en algunos capítulos se convierten en un monólogo interior del autor y en otros un auténtico relato descriptivo del entorno humano de África.

Kapuscinski no sólo nos habla de las guerras, los políticos y los hechos más importantes de África, es decir; de eso que nosotros llamamos Historia, sino que también nos habla de aquellas personas y de aquellas situaciones menos relevantes, de esa intrahistoria que es la vida silenciosa de millones de hombres sin historia. Para hablarnos de esa intrahistoria él mismo se hace protagonista en ella evitando las embajadas, los palacios y las paradas obligadas. Se sumerge en la vida común del africano: viviendo en casas de los arrabales, padeciendo enfermedades y sufriendo las mil y una penalidades que hacen la vida del africano de a pie. Se convierte en uno más de ellos y eso le permite relatar, tal cuál es; la auténtica vida en África durante la última mitad del siglo XX.

Eso es lo que realmente nos permite ver con otros ojos y con otra mirada ese trozo de tierra que llamamos África. Con los ojos de un occidental africanizado. Ya desde el principio nos explica que sería casi imposible explicar de un modo racional todo el gran continente, todas sus culturas, su geografía y su conjunto.

Cuando nos narra la historia de un país africano, desde su colonización hasta su emancipación nos cuenta como el hombre blanco ha sido el auténtico culpable de la situación en la que se encuentran en la actualidad el país. Como un hombre blanco procedente de más allá de los mares llega a la costa, destruye tribus, esclaviza a las poblaciones, establece puertos, extrae riquezas e intentar poner un nombre y una mensura a un lugar que nunca los tuvo. Dejando al final a la gran mayoría de la población nativa en un estado de miseria una vez ha conseguido sus objetivos. En la actualidad tan sólo las enormes metrópolis africanas atestadas de un gran muro de chabolas puede asegurar un mínimo de supervivencia al hombre africano.

Un entorno cruel:

Nos muestra un mundo hostil, pobre y salvaje donde la democracia es una mera palabra sin significado que se ve manchada una y otra vez por la corrupción de los gobernantes, los golpes de estado, las dictaduras y la guerra. El africano nace en la pobreza extrema y ante todo su único objetivo es sobrevivir. Para muchos de ellos su riqueza no es más que un puñado de camellos o cabras, una simple cacerola donde transportar arroz o una herramienta. El triunfo para una mayoría de ellos es la milicia pues supone una forma de conseguir alimentos y bienes fácilmente mediante el pillaje, la masacre y la eliminación de cualquiera que compita por sus mismo objetivos. Para otros la supervivencia supone por obligación la erradicación de una tribu o grupo contrario hasta el último de sus miembros. A partir de ahí el horizonte es el poder. Por eso cuando un gobierno africano comienza a fracasar debe vigilar porque ya sabe de antemano como será su posible final. Así a un gobierno efímero le sigue una dictadura militar. Del mismo modo al nuevo déspota le seguirá otro tirano aún mayor. Creando una gran cadena de gobiernos corruptos, golpes de estado y guerras que parecen sucederse una y otra vez.

Aún así la vida en África no es una única sucesión de tragedias. También hay muchas más cosas que el africano valora y explica de un modo totalmente diferente al occidental. Mientras que el occidental se aferra como un navegante ingenuo a la nave de la razón y la lógica el africano se entrega a ese mar que es la creencia en los espíritus, la superstición y la magia. Un mar cuya actuación no tiene sentido para nosotros, pero sí es explicable para la mentalidad africana. Como también el africano no sabe valorar lo que es suyo, sino lo que es de los suyos, lo que por igual le pertenece a sus familiares y amigos. Por eso cualquier africano poseedor de un bien común sabe que también posee un bien colectivo a todos sus allegados.

Esa forma de vivir, de pensar, su situación y su cultura hacen del africano un hombre único y exótico, tan opaco al cristal de las ciencias humanas de Occidente. Ese modelo de vida que parece haber heredado de ellos Kapuscinski. Realmente con esta mirada se comprende lo que no se ve con la nuestra.

Ya fuera de la propia obra en sí lo que nos hace única la lectura de ésta es el propio estilo del autor. Esa forma de escribir que está entre la literatura y el rigor científico. No sólo es una lectura bella literalmente, sino que también es realista y descriptiva. Eso es lo extraordinario de su estilo el saber aunar esas dos formas de escribir y de expresarse. Por eso Ébano se definiría: como una mirada, un mundo y una lectura diferentes.

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