|
Se marchitó el nombre de certeza
al diluirse en la sombre irresuelta,
siendo niebla de carne en sombra envuelta,
suspiro de rocío que bosteza.
Durmió su sueño en vahos de tristeza
-temblor de su amalgama disuelta-
sintiéndose ocaso de aurora esbelta,
de sequedad herida en la aspereza.
Palpó en el borde de la oscuridad
latidos ausentes de su armonía;
seco sudor de mano en soledad,
gemido oscuro, sin nombre ni día
turbó el aliento; solo frialdad
sumergida en punzadas de agonía.
Amanecer...
sólo amanecer.
Acariciar la luz,
humedecer la brisa,
alborotar la hora en calma
y despertar....
despertar aurora.
Ser tristeza...
sentir la melancolía de la hora
inundando el corazón de soledad,
paladear el silencio de la noche
y encerrarse...
encerrarse en el alma.
Agonizar...
ausentarse del alma
suspendida la hora,
hundirse en la nada
y agonizar...
anochecer agonizando.
Morir...
perderse en el vértigo del azul,
intuir la brisa,
deshojar la vida
y regresar...
regresar amaneciendo.
Despedirse del alba,
volar a la tarde disuelto en cenizas
y deshacerse...
deshacerse en el viento. |