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  Guías culturales

RELATOS


Por Germán Gorraiz López

 

HACIA TU DIMENSIÓN

Cuando se duerme la hora vuelvo a ser yo mismo, pintando nieblas en la aurora y enterrando en poesía el corazón.

-nazco de nuevo para la luz y se iluminan mis días con la música que siempre brilló en sus pupilas-

Añoro las nubes caídas en la ausencia de un invierno hoy cercano a mis sienes, mas tardan en llegar los ojos que cambiarán la miope mirada que esbozan mis sueños.

-basta para mi ausencia el guiño invisible de la brisa en mi frente-

Pronto, el sueño extasiado se disuelve en la nada y sé que se acaba mi tiempo, la lenta sucesión de huellas en la mañana hacia el mediodía soñado.

Vence la luz de esta hora mi apego a las cosas y rindo mi espíritu al guiño palpitante de la nueva vida contenida en las yemas de la brisa que aletean en mis ojos.

Estoy ya preparado para despedirme de las flores que se insinúan en los surcos de mis manos y de las pocas nubes que todavía cuelgan de mis ramas.

Dejaré mi corazón como testigo de que fui, treparé por escalas de silencio hasta el final intuido en los sueños y me desharé... me desharé en el viento.

 

ESPLEDOR DE OTOÑO

El viento desnuda mañanas de azul  y  la vida se despierta extasiada en sus colores...

Los árboles viven un apasionado idilio de ocres y rojos y los campos amamantan sus verdes incipientes.

Mientras,  el aire se llena de latidos del valle y lejanas cumbres se insinúan con trazos desusados...

De improviso, un vuelo de palomas enluta la tibiez del cielo y la vista azulea sin remedio su mirada...

- Una brisa cálida de besos inunda ya la hora y miles de ramas deshojan sus manos-

Los minutos son ahora una sucesión de jilgueros y la altura se suspende en las alas del cernícalo.

Lentamente, la corriente va derramando aguafuertes de oro en sus orillas y un otoño inacabado dibuja umbrías en el bosque.

Imperceptiblemente, la atmósfera atenúa sus tonalidades y las hojas más altas reflejan segundos de una tarde que se pierde a lo lejos.

- Se me va el sol……..; se me va el sol de las manos-

 

PARA MI YO ENVUELTO EN TI

Después de hablar contigo, he vuelto a sumergirme de nuevo en las nieblas del océano que nos separa, pues todavía resuenan en mi cerebro los ecos de tus palabras.

Me he dado cuenta de que hoy ya no eras la niña enamorada de tu príncipe, sino la cerebral mujer que después de mucho sopesar los avatares de nuestra maravillosa relación, ha decidido levantar un muro en el alba para dejar que nuestro amor vaya languideciendo hasta su extinción.

Hoy he comprendido que a pesar de nuestras breves lunas de miel en las que destilabas tu amor en tu acento caribeño, en los falsos suspiros y en los sentidos besos que me enviabas, la sombra de la duda anidó hace tiempo en tu corazón y nos has podido ahuyentarla de su nido.

Por fin he comprendido la decepción que supuso para ti mi regreso, cuando todo estaba al alcance de nuestra mano y he entendido que a pesar de estar totalmente enamorada de un príncipe lejano que un día te robó el corazón, has conseguido sustraerte a su conjuro amoroso y has llegado a la conclusión de que sigo siendo un inmaduro e inestable.

Entiendo por tanto tus dudas y vacilaciones para fijar la fecha de nuestro encuentro e incluso me atrevería a afirmar que seguirías toda la vida con esta relación idílica, pero yo necesito algo a lo que agarrarme, unos brazos que me arropen y unos labios que besen los míos hasta la asfixia.

Doy por supuesto que la magia de nuestro amor se ha ido diluyendo por nuestra falta de decisión y que se ha convertido en el maravilloso sueño de una inolvidable noche de verano y he decidido que es mejor guardar en nuestro recuerdo este amor que siempre endulzará mis labios con tu néctar derramado y aliviará mi alma en los años que me restan hasta enamorar la tierra.

Estoy muy orgulloso de haber sido amado y deseado por una maravillosa princesa rubia de allende los mares y sólo le pido al Buen Dios que nos permita juntarnos en la eternidad para poder brillar por fin juntos en un firmamento desconocido.

Doy por terminada nuestra relación, aunque sé que tu recuerdo me acompañará hasta el final de mis días, cuando el sol amarillee del todo las yemas de mis sueños.

- Tú en todas las cosas y yo en todo solo-

 

LA HERENCIA DEL DESTINO

La hora suena mi nombre...

¡Todo lo presentido, el anhelo brotado de años de vigilia va a consumarse en su plenitud!

(¿Cómo pude vivir tanto tiempo sin otras manos a las que entregar mis sueños?)

Nada importa ya; atrás quedaron las estrellas que le robé a la noche y es el momento de hacer el recuento de mi espera.

Confieso que nunca conseguí saberme centro del mundo que me rodeaba y me recuerdo días enteros de niñez sin agitar las manos hasta el atardecer.

Mis primeros titubeos coinciden con el declive de mi adolescencia, (nunca quiso el alma estar enjaulada en mi cuerpo destartalado).

Mi juventud significó la aparición de mujeres nunca antes anheladas por mi corazón, antes bien ignoradas u odiadas en mi impotencia.

Imperceptiblemente, amigos y estaciones me fueron abandonando y sólo yo vacilaba al intentar escribir mi vida.

(¿De dónde nacía aquel vértigo ante el futuro?)

Cada amanecer se convierte pues en un misterio insondable para mis ojos y todo camino emprendido se tornó insufrible sin más compañía que mis huellas en el barro.

Mi cuerpo sufrirá entonces los primeros síntomas de desequilibrio emocional y acabé amarrado a las raíces de mi pasado.

(Ni las más violentas agonías de mil noches en soledad podrán borrarme su estigma)

Me veo destapando recuerdos y viviéndome en cada piedra, rama o nube que saludaba mi paso.

El mundo giraba sin mí y yo giraba sobre mi mismo ya olvido...

Esta etapa de anacronismo acabó con la aparición de un alma de niña que hará posible mi encuentro con la poesía.

(Hoy no recuerdo ya su rostro y sólo conservo las breves poesías que me regaló su mano y donde más tarde se mirará tantas veces mi alma para recordar su voz).

Tras este ilapso de idealismo, intuí que la maquinaria humana debía engrasarse con mi sudor, por lo que descorché botellas enteras de ilusiones evaporaras entre jirones de amaneceres de insomnio.

(La obsesión de enfocar mi aliento creativo junto con el alcohol aniquilaron parte de mi cerebro).

La suerte me deparó entonces oposiciones a perdedor humano a los que debo sin embargo el reavivarse el fuego interior que quemará durante cierto tiempo los restos de mi orgullo.

Superado el trámite de la incorporación al engranaje productivo, resuelvo unir de por vida mi esfuerzo intelectual a la búsqueda del amor anunciado para mí en el tiempo.

Se suceden a continuación largos peregrinajes de soledad e inacabables naufragios de años hasta desembocar en un corazón totalmente desnudo.

- Por primera vez, descubro en el guiño de unos ojos el brillo primigenio que sólo mucho después nacería como herencia del destino-

Lo cierto es que el desengaño de mi miopía fue sólo el anticipo de la herida que haría sangrar buena parte de mi existencia posterior.

A raíz de este desenlace, quedé desprovisto de todo sentimiento afectivo y en consecuencia decidí agazaparme en un recodo del invierno, pendido tan sólo de los latidos de mi corazón enterrado en poesía.

- Llegué a estar tan lejos de este mundo que no creí necesario suicidarme-

(El alma se me dormiría después en una estrella, a la espera de amanecer con su luz)

¡Cuántas hojas caerían de mis ramas mientras la nieve iba poblando mis sienes!

Mis días más próximos han sido un continuo desfilar ante mi vista de veranos agostados y primaveras marchitas sin poder siquiera atrapar la niebla con mis dedos.

Cuando acabo de hacer el recuento, oigo que suena mi nombre y sé que todo lo anhelado, el deseo acumulado en años de espera, va a realizarse en su plenitud.

(Oigo en sus latidos las promesas que siempre brillaron en mis pupilas y leo en sus ojos el destello que alumbró mis días).

Estas hojas son las últimas que anota mi tembloroso pulso, pues pronto iré a su encuentro a ser en ella lo que siempre fue en mí.

- Si veis un amanecer el vuelo de dos almas, será que ya hemos enamorado la tierra-.

 

IN MEMORIAM

Fuera esperaba el amanecer…

Una vida enterrada entre sábanas recelaba de iniciar la aventura de vivir.(Su cuerpo recordaba bien otros amaneceres en soledad). Últimamente sus días acababan al mediodía; el tiempo de colgarse de un cigarrillo y fumarse toda la niebla de unas pocas horas en que podría deslizar su fantasma por entre las cosas.

No recordaba de seguro su edad; el espejo le traicionaba y sólo lereflejaba la mitad que nunca sospechó ser. Sin embargo, la nieve que cubría sus sienes le recordaba su estancia ya antigua entre los hombres y que pronto daría por terminada. Todas sus vivencias nacían de los sueños; incluso había días enteros en que la estela de su recuerdo no lograba desertar de sus neuronas. Nada de especial en su cara ni en sus gestos, sólo un ser apartado por la vida y encumbrado después en gustosa aceptación hasta su total olvido.
Decidió no afeitarse la cara: los seres que poblaban su mundo solamente le exigirían que les mostrara el verde su alma; desayunó mecánicamente, tanteó el estado de su ilusión y ya totalmente decidido, inició la huida por la puerta trasera de la vida, la que conduce al silencio del corazón.

Sus primeros pasos en la escarcha deshojaron la armonía del arcoiris concentrado en la hierba (la mañana se rompería después en mil luces). Sabía que todo eran espejismos preparados para cegar sus pupilas y que todo el trayecto estaría lleno de alucinaciones de nubes en charcos nunca creados para impedirle el ascenso del mediodía e ignoró el saludo de mudas manos que entre ramas intentaron cercarle ( no necesitaba aliento para saberse solo).

Pronto una nube taparía su horizonte y le rememoraría su inútil obsesión de atrapar nieblas entre los dedos (otro día más sin hojas que crecieran en sus manos).Nada importaba; nadie le detendría en su invisible trepar por escalas de silencio hasta las más altas horas del mediodía.
Supo que hoy llovería: la certeza le venía del halo que robó la tarde anterior en un descuido del sol, mas no le preocupaba en exceso no tener paraguas en las manos pues siempre le quedaba el recurso de hundirse en las aguas del río.
Sería un día de claros y sombras para sus ojos; una lucha desigual de sus retinas para captar todos los espíritus que brotaban por doquier de las huellas de la noche. Sin duda tal esfuerzo le desgastaba sobremanera y le impediría conocer el final de su viaje como más tarde veremos, mas todavía se sabía fuerte y los latidos le empujaban hacia su destino.

SEGUNDA PARTE

Procuró no pisar las huellas de otras vidas ajenas a la suya; cada paso debía ser invisible en las arrugas de su secreto camino. Nadie venía tras él, sólo estaba consigo mismo y cada movimiento innecesario le recordaba los tumbos que diera en el pasado.
En un momento dado, las botas y sus pies dejaron de ser sincrónicos en el caminar y presintió que algo dentro de él había quedado atrás , dormido entre las mudas paredes que vigilaron los sueños de su infancia. Era ( ahora lo podía ver con claridad), un niño que nunca despertó a la vida y que siguió soñando rostros de estrellas inexistentes.

Más adelante tropezó con sus pies y estuvo a punto de caer, no pudiendo impedir que se le desprendiera una capa de piel, la más gastada por el viento y que además llevara cicatrizada en sangre los estigmas de su amarga juventud. Ya no podía mirar atrás; ya no habría más auroras de rosicler ni tardes en arrebol: sólo el mediodía le esperaba.

El saberlo le alivió de la sensación de orfandad que oprimió su pecho y le impidió caminar; detuvo su marcha y descubrió al palparse un hueco en el corazón nunca antes intuido y que debió rellenar apresuradamente con flores marchitas y nubes desganadas que recogió de un charco y se notó un poco más ligero de alma al saberse solo en la mañana, libre ya de recuerdos y huido de esperanzas, mas el viaje ya no sería lo que pensó en un principio: mucho de su primitivo ser no conseguiría llegar hasta el nuevo yo que le esperaba.

TERCERA PARTE

Su marcha se tornó vuelo por minutos oscilante en la inseguridad de su nuevo ser que le instaba a desamarrarse de sus lugares tan queridos, ya raíces en su pecho pero sintió el sobresalto de un rayo de sol fugado que le indicó el camino por donde treparía más tarde, cuando todo él estuviera disuelto en cenizas.

No obstante las emociones se fueran amontonando en su cerebro,había ya intuido que su despedida de los hombres no sería tal y como se soñó ser: algo se lo impedía: una conciencia exacerbada le alejaba por momentos de lo inalcanzable para un ser humano….
¡Fue en ese momento…! Hasta él llegaron las notas de una música que volaba desnuda en una brisa no definitiva: ¡Esa era la voz…..! ¡La que tantas veces lograra descifrar a las noches de invierno, confiadas en su oscuridad!.
Imperceptiblemente iba ganado notas a la altura. La presión de los cielos sería pronto aprisionante y el resplandor conocido estaba cegando la miope mirada que únicamente podían esbozar sus ojos mas le irritaba enormemente su conciencia vigilante: el cerebro se resistiría a aceptar el choque inevitable con el azul deseado.¡Tenía que disolverse pronto en el viento escondido tras los montes nevados!.

Por momentos , todo fueron certezas de su hundimiento irremediable en la dimensión de la que intentara huir durante sustreinta años. ¡Su destino estaba suspendido en las horas pues el atavismo de su herencia le impelía a hundir sus amputadas raíces en suelos ya hollados de los que nunca podría brotar ya verde, por lo que necesitó de mucho valor para sustraerse a la ayuda de los últimos montes conocidos y aprovechando el choque de dos estratos todavía semidormidos, impactó con fuerza en su popa, quedando desgajado de su existencia corporal.
Todo atisbo de conciencia humana le fue negada a partir de esa hora: por minutos desaparecía de su alma el vértigo del azul; tan sólo le restaba ya deshojarse rápidamente y con los primeros brotes de la lluvia desatada, deshacerse en cenizas. Culminada la operación y como vestigio, sólo jirones del alma desvestida quedarían entre nubes bajas y lentamente fueron las horas llevando un espacio de la nada hacia el retorno.

Luego, toda la hora se inundó de lluvia con los primeros bostezos de un viento desvelado, hundiendo en tierra postreras cenizas que disolviera el espíritu: ¡Al fin emergía como lirio en sombra su alma ya verde, definitivamente voz sin nombre prendada del azul..!.
Todo era silencio el mediodía….

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