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RELATOS


Germán Fernández Jambrina
gfj20@hotmail.com

UNA DE CAL Y OTRA DE ARENA

Todo sonido quedó subyugado a la majestuosa presencia del rojo carmín en los labios. No existía rostro alguno, difuminándose el que era, en materia sombreada que acentuaba la existencia de la boca que se acercaba inefable. Cada latido furibundo casi arrancaba el corazón de su pecho más el tiempo compasivo no hizo esperar el contacto. Un choque estéril que prosiguió dulce yse torno fuego.

  • No puedo creer lo que está pasando – Dijo el joven aturdido por la pasión y el desatino.
  • Olvida lo que creas y disfruta el momento – Espetó la fémina resabiada en la concupiscencia.

Ya no todo era rojo. Ahora también castaño cabello y blanca tez de porcelana que contrastaba con rimel y ojos negros. Ya no eran ellos sino todos.Qué momento de felicidad canalla, encontrar una musa entre la molicie confusa que danzaba ebria con acordes desafinados. Hallar un rayo de luz entre efluvios de alcohol y neblina canábica.

Era necesario sumergirse otra vez en el océano de placer indescriptible, salir del infierno para entrar raudo en el empíreo. Renunciara Dios si hiciese falta por disfrutar de los placeres carnales de la núbil criatura. Una mano vigorosa atenazó la nuca, otra se posó en las tersas nalgas al tiempo que la húmeda lengua penetró brutalmente la boca. Todo volvía a ser calma. Olor a pachulí que en aquel antro era sublime aroma. Fuego salvaje que adquiría movimiento desplazándose fugaz hacia la entrepierna. Dos cuerpos entrelazados con tan vesánica pasión que parecían fundirse.

Y así fue como uno lo vio todo negro.

  • ¡Levántate si tienes cojones hijo de puta!

Ahora el fuego era caústico y sentíalo en el pómulo derecho, el olor áspero limaba los entresijos de su nasal tabique , el rojo no eran labios sino sangre que manaba de su boca , la pasión no aturdía sino que hacía lo propio el dolor de cabeza , y la risa despiadada tornó al ángel en puta babilónica.

Una temerosa mirada encontró a aquel fortachón con orejas de soplillo. Aquel cuyos ojos había evitado hacía unos momentos y su cara temía. Aquel que le gritaba por qué un mierda como él besaba a su chica. El muchacho lo entendió todo. No podía hacer nada. Era de los que creía que una retirada a tiempo era una victoria. Al menos marcharía a casa , por una vez en su vida , habiendo probado la dulce miel del éxito (alguna vez tenía que ser la primera) . Había perdido la batalla pero ganado la guerra, tantas veces acostumbrado a recibir sólo una de cal y ese día le habían dado también una de arena.

ALZHÉIMER

Hermético silencio
La voz que mana del llanto
Por el héroe que muere cada día
Hermética agonía
Fluctúa inerme como una sombra
Entre la noche venidera

No era un buen día para morir. Lo paradójico de la aparente imposibilidad de que algo brutal sucediese quedaba reflejado en el tedio inmanente a cada uno de los individuos que deambulaban por la calle. Por eso, cuando un vehículo arrolló al hombre que , inmerso en la abisal profundidad de sus pensamientos, dejó como recuerdo buena parte de su cerebro esparcido más allá de la mediana ,la monotonía con que los transeúntes se ataviaban fue virtualmente aniquilada .No había lluvia que limpiase el rastro que agita la conciencia del observador despistado, no había solemnidad que imprimiese contraste bucólico a desgracia tan casual como estúpida, por contra el sol se erigía despótico calentando la sangre sobre el asfalto, impregnando de patética crueldad el hecho de la finitud de la vida, haciendo sentir, aún más con su majestuosidad, el peso de la realidad como una losa sobre las cabezas de los congregados en pos del dantesco espectáculo .El nutrido grupo respiraba aliviado al no ser su cuerpo el que yacía inerte. Nada como sentir de cerca el aliento de la muerte para aferrarse sin tregua a la vida. Volverían a sus quehaceres diarios, impactados sin duda por la escena , pero felices en el fondo al serles recordada la fragilidad de su existencia; dispuestos a saborear cada instante de tiempo futuro a modo diletante y contemplativo , dispuestos a volcarse con sus seres queridos, dispuestos a dar la importancia justa que cada situación se merece. La muchedumbre agolpada se fue dispersando una vez el cuerpo fue retirado. Y cada paso que los alejaba, su memoria iba enturbiando.

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