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Platón y La República

Una de las preocupaciones últimas de Platón, en La república o de lo justo, es la demostración de la inmortalidad del alma. No deduce de ello ningún premio ni castigo de ultratumba. Vicente Adelantado Soriano

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RELATOS


Por Gloria Martí


VIAJE A MARRUECOS

Se inicia este viaje, llegando a Málaga procedentes de Madrid, para seguir por tierra a Algeciras y ahí tomar el trasmediterráneo a Tánger.

Yo iba con mi hija Karen, al encuentro de Alexander (mi hijo y su hermano) en Marruecos, que residía temporalmente en ese país.

Llegando a Málaga, en el Aeropuerto tomamos un bus al centro de la ciudad. El conductor nos dijo que nos dejaría en la estación de buses de Málaga. Yo le pregunte que tan lejos estaba de la estación, la calle Córdoba V donde estaba ubicado nuestro hotel: “Castilla Guerrero”; me dijo que como a 10 cuadras.

Cuando llegamos a la estación y nos bajamos con nuestras maletas, el conductor me llamo y me dijo: ¿ no le dije que yo la llevaría a la calle Córdoba V?; ¡suban otra vez!. Yo no le había entendido nada porque hablaba muy rápido, ¡lo mismo que todos los españoles!...

Nos subimos nuevamente, y solo por nosotras fue hasta esa calle; o sea que nos dejo a media cuadra del hotel; ¡quede sorprendida de tanta gentileza!..

El hotel, no siendo lujoso era bonito; nuestra habitación tenía un balconcito de donde se veía algo del puerto y parte de la ciudad. Estando en este balconcito, del 5ª piso, vi que pasaban una bandada de gaviotas voladas que parecían proyectiles; hasta miedo me dio que se estrellaran conmigo; ¡no se porque llevaban tanto afán!.

Aunque llegamos a las ocho de la noche, estaba muy claro todavía; así que dejamos el equipaje y salimos a conocer el centro de la ciudad, ya que ahí estaba el hotel.

Al salir, llegamos a una gran avenida que atraviesa el centro de la ciudad y termina en el puerto. Atravesando esta avenida, nos encontramos con lo que debía ser el centro de comercio. La calle era preciosa, muchos edificios boutiques, una de las calles siendo muy amplia solo era para peatones. Tenia a cada lado unas materas muy grandes con matas llenas de flores que le daban un aspecto muy lindo; por ahí caminaba mucha gente y en las calles aledañas habían muchos restaurantes, cafés, heladerías etc. todos con sus parasoles y mesas en los andenes; ¡que bonito todo esto!; me parecía la gente muy abierta y muy simpática.

Dando vueltas por ahí llegamos a una plaza importante “José Antonio Primo de Rivera”. En sus alrededores había muchos restaurantes.

Escogimos el que mas nos gusto; nos sentamos en la parte de afuera al frente de esta importante plaza en donde había reunida mucha gente. Nos dispusimos a comer.

Este sitio estaba muy concurrido; habían muchos grupos de señoras de edad, comiendo y compartiendo con sus amigas; todas muy elegantes y bien arregladas. En medio de la animación de la comida, aparecían cantaores que con sus guitarras, cantabas una estrofita y luego enseguida pasaban la gorra para la limosna: yo pensaba: ¡que bonito cantan…, pero si quieren que les den dinero a lo menos deberían cantar mas larguito!.

Ahí volvimos a ver a una señora Inglesa, absorta en la contemplación de la fuente central de la plaza. Tendría alrededor de 65 años. Con ella habíamos conversado en el aeropuerto de Málaga. Llegaba sola, no tenia hotel, pensaba dejar sus maletas en la estación de buses y ponerse a buscar donde hospedarse. Yo le recomendé nuestro hotel, pero creo que buscaba algo mas barato.

Nos saludamos nuevamente y me contó que había conseguido algo a buen precio; dijo, seguiría de Málaga a conocer Sevilla. No dejo de sorprenderme esta señora a esta edad, sola y hospedándose en no se que hoteles, andando sola a las 11 PM con su equipaje; ¡en fin!, “ojala le haya ido bien”..

Terminada la comida dimos unas vueltas más alrededor de la plaza. Encontramos la catedral y otros equipamientos públicos, como la alcaldía, oficina de correos y demás.

Al otro día, antes de ir a la estación a tomar el autobús para Algeciras, fuimos a ver si alcanzábamos a visitar la Alcazaba. Desayunamos por el camino en una cafetería muy agradable, con sus mesas al lado de la calle; con árboles y parasoles; tomamos un chocolate tan espeso que bien podía tomarse con cuchara a forma de sopa. l El camarero, un joven muy simpático con el que conversamos y nos reímos un buen rato, pues soltaba fácilmente carcajadas. Después de averiguarnos un poco la vida, nos indico por donde ir.

En el camino se me acerco una especie de gitana que insistió en adivinarme la suerte en la mano; yo no quería; ella insistió,… me miro la mano, y concluye su lectura diciendo: “Usted va a hacer un gran viaje próximamente”. ¡Como si no fuera evidente que éramos unas turistas comenzando un viaje!. Inmediatamente me dijo que eran 5 Euros; yo le dije que ni peligro; me dio una ramita de romero, yo le di un Euro. “Se fue rezongando”..

Llegamos a la Alcazaba. Entramos a ver la parte inicial y luego empezamos a subir una cuesta entre muros antiguos, arcos, rejas y miradores, con el fin de llegar a la parte principal situada en una colina muy empinada. Se veía como un palacio muy importante a lo lejos; pero era demasiado lejos y no teníamos tiempo; así que nos devolvimos más bien para el hotel a sacar las maletas.

Por el camino apreciamos esta avenida tan linda, tan llena de árboles; pasamos por delante de un parque en el que habían muchas bancas; se encontraban por ahí muchos ancianos sentados y caminando. Pensaba: “Que bonito esto; aquí se ven muchos ancianos por la calle, en los parques, restaurantes etc.; en la ciudad donde yo vivo los ancianos viven encerrados en sus casas y es muy raro el anciano que se ve por las calles”.

Cuando llegamos a la estación había un bus dispuesto a salir en ese momento, así que en él partimos para Algeciras.

Por el camino, parecía que no hubiéramos dormido porque nos dio un ataque de sueño sorprendente. En los escasos momentos en que estuvimos despiertas, contemplamos unos inmensos molinos de viento que como a Don Quijote, nos parecían fantasmagóricos.

Cuando llegamos a la estación de Algeciras, tomamos un taxi al puerto, tan pronto como llegamos al puerto, en ese mismo momento salía un buque para Tánger.

Abordamos pues el trasmediterráneo para dirigirnos a Marruecos.

Esta era nuestra primera experiencia de montarnos en un buque, y eso de atravesar el estrecho de Gibraltar, nos parecía portentoso.

Ver esa inmensidad del océano, esa fuerza con que el motor va embraveciendo las aguas; todo esto era muy nuevo y sorprendente para nosotras.

Ya en el puerto, empezamos a ver muchos marroquíes que se afanaban con sus cargamentos para abordar el buque. Llevaban toda clase de equipaje, tulas, mochilas, cajas, maletas, etc. Empezamos a ver sus atuendos característicos, cosa que nos llamaba mucho la atención pues prácticamente no lo habíamos visto; sus mantas largas con capucha, tanto en hombres como en mujeres. ¡Yo me preguntaba! como podían con tanta ropa aguantar ese calor, y las mujeres con su cabeza cubierta por pañuelos grandes que aseguran alrededor del cuello.¡como deben sentirse esas mujeres a quienes se les impide mostrar y lucir su pelo!. Hablaban en su lenguaje discutiendo y conversando sobre cosas que no podíamos entender. El buque a pesar de ser grande, se encontraba casi lleno de ellos.

Al emprender el viaje pensaba: ¡como serian esas ciudades llenas de gente vestida así, y sin poderles entender nada de lo que decían!... Me encontraba en esas reflexiones cuando empezó a aparecer la costa Marroquí. ¡Me produjo mucha emoción!. Lo que parecían unos montes lejanos fueron acercándose. Casas, edificios, torres; ya alrededor de la montaña, ya al nivel del mar, todo se veía blanco y cada vez más cercano, mas a nuestro alcance.

MARRUECOS - TANGER

Entro el buque al puerto donde se encontraban otras embarcaciones; descendimos del barco y empezamos a caminar por esa tierra desconocida. Buscando a Alexander y sin poder preguntar a nadie, pues nadie nos entendería.

Siguiendo la gente, salimos del puerto a una especie de plaza en donde se divisaban carros parqueados, puestos de venta de artículos y luego una especie de cafetería que parecía llamarnos. Nos apresuramos a dirigirnos con nuestras maletas. Pedimos un refresco y un pan ¡quien sabe como!; al primer mordisco me di cuenta que estaba muy bueno; pensé: “será que siempre aquí el pan va a ser tan rico?”.

Si en el barco miraba yo a todos esos viajeros marroquíes como algo ajeno, pintoresco y extraño; al estar sentado junto a ellos en la cafetería, como compartiendo el rato, como entregados con ellos a cumplir con el placer de la bebida y la comida, ya los sentí como mas cercanos, como mas amigos. Estábamos todos compartiendo la vida, cada cual con su vestido, su idioma y sus costumbres;...

¡Claro que los veía un poco extraños!, pero me hacia gracia oírlos hablar, ponerle atención a ese idioma desconocido, que me resulto simpático.

Me las arregle para que me ayudaran a usar un teléfono y llame a Alexander para avisarle que ya estábamos ahí. Me respondió que estaba en camino y que tardaría como media hora. Salimos con Karen de la cafetería a curiosear los puestos de mercancía y no alcanzamos a acercarnos cuando nos sorprendió Alexander. ¡ Seguro que cuando lo llame, estaba era parqueando el carro!... ¡que sorpresa y que dicha! Todo abrazos y besos, ¡que felicidad de verlo!; no paraba de mirarlo, pues me pareció que estaba súper buen mozo y risueño.

Fuimos a coger el carro, y nos dirigimos a la ciudad, todo me parecía extraño, la gente por la calle, las casas, edificios con sus arcos característicos Marroquíes, todo diferente. Fuimos por una avenida amplia y bonita, parqueamos el carro para caminar un poco por estas calles que estaban muy concurridas, lo que más llamaba la atención era la indumentaria de las mujeres. En una especie de plaza al lado del mar, el paisaje era magnifico, ¡el mar, sus embarcaciones, sus gentes!, “todo nuevo”.

Fuimos a un restaurante al segundo piso, en una gran terraza, “con una esplendida vista al mar”; sus mesas con parasoles, me pareció bonito y agradable, fue buena la comida y muy agradable el rato que pasamos ahí.

En seguida nos dirigimos a la Alcazaba; la imponencia y sobriedad de sus muros sorprende; sus arcos, que de pronto dejan ver un espectáculo marino; ahí en medio de ese paisaje de mar, se diviso a un hombre Marroquí, en medio del paisaje, sentado solo, en actitud de meditación, con su atuendo árabe, su bastón; ¡una fotografía memorable!.

Al terminar de apreciar esta imponente obra, fuimos de paseo, caminando hacia la Medina , yo iba pensando: “como será eso de la Medina”:… ¡hay que ver como son esos mercados!.

Bastante me sorprendí de ver tanta gente y tantos objetos diferentes y mezclados que venden. Empieza uno a fascinarse con sus objetos de cobre, sus telas, collares, adornos, cerámica etc. Tanta gente y todos caminando por esas calles tan estrechas. De esas casas rusticas que sirven de locales, aparecen de pronto unas puertas magnificas, con sus arcos y toda esa decoración Marroquí. Puertas que seguramente esconden faustuosos interiores; pensaba: “estas bellezas están como desperdiciadas entre este tumulto y estas casas viejas. “Pero esto hace parte de la maravilla Marroquí”.

Por mi, me habría puesto ahí mismo a comprar cosas, pero Alexander no dejo; decía: “dejen para después; todo el tiempo van a ver lo mismo, van a tener muchos sitios para comprar”. Después de dar varias vueltas por ese lugar tan particular, fuimos saliendo y en uno de esos puestos vi el libro que presentía podría leer en Marruecos, seguramente me estaba esperando: “El pan desnudo” de Mohamed Choukri. Alexander me lo compro y yo me fui feliz con mi libro. Caminamos un buen rato fuera de la Medina admirando casas, edificios especiales, avenidas etc, esa arquitectura y ese estilo propio de ornamentación.

Como entre tanto ya habían pasado unas horas, fuimos a una casa inmensa (anteriormente un hotel). Quedamos realmente maravilladas de ver tanta belleza, esta casa gigante, tenia unos arcos, unas salas, un trabajo tallado en sus paredes, en sus ventanas, en el piso; en todo. Un trabajo de mosaicos, cerámica, filigrana Árabe etc.. Sus

muebles, sus cortinas todo era sorprendente, a la entrada había una terraza grande, donde nos sentamos en una mesa a tomar, el primer “Te verde a la menta”, bebida característica de Marruecos. Venia en una jarra plateada con unos vasitos pequeños muy particulares, para que uno se sirviera; al servir de la jarra, empezó a salir un liquido sorprendentemente verde; yo saboreaba esto a ver a que sabia y concluí que era hierbabuena mezclada con menta, pero tampoco quede muy segura, pues ninguna hierbabuena daría este color tan verde. ¿Cómo se llamara esa mata? ; lo cierto es que resulto ser una bebida muy agradable; ¡que lindo rato el que pasamos ahí en esa casa!. Habían otras personas; unos hombres compartiendo también su te, no se les notaba ningún afán; parecía que estuvieran ahí hace horas y que duraran ahí otras mas.

¡Nosotras, para empezar, ya estábamos maravilladas!

Saliendo de esa esplendida casa, cogimos nuevamente el carro para empezar el viaje a Rabat.

Lo que mas me sorprendió inicialmente, fue el buen estado de las carreteras, tienen unas avenidas magnificas, aunque eso si, cada rato paran los del transito, porque se excede la velocidad o cosas así, aunque por lo general son amables y terminan accediendo a que se continué sin problema.

El paisaje es diferente; ver todas sus casas con su estilo propio, tantas palmeras, sus gentes andando por las calles etc. Se aprecia el campo con poca vegetación, sin embargo, es bonito; ¡diferente!.

Ya cerca de Tánger hicimos una parada en una bomba de gasolina; me llamo mucho la atención el nombre de las bombas; todas se llaman AFRIQUIA; no sé porque me gusto mucho ese nombre; tal vez le hace sentir a uno más que está en el África.

Me gusto todo el tiempo pasar por las gasolineras para ver este nombre, que siempre se destaca mucho por estar muy elevado y muy grande.

Entramos en una de estas gasolineras a tomar un café o algo; era un local muy espacioso y bonito, ¡y que sorpresa!, al entrar nos encontrarnos con una muy elegante mesa de comedor en cedro, con su aparador, y decorados con excelentes piezas de cerámica marroquí, pero como si fuera poco, además había un poderoso piano complementando el ambiente del comedor, yo no cabía del asombro, ¡como puede uno encontrarse esto en una bomba de gasolina!; ¡esta bomba fue toda una sorpresa!.

RABAT - I

Ya entrando en Rabat, empezó a verse una ciudad elegante y bonita, el barrio donde residiríamos era de casas grandes y elegantes, con hermosos jardines. La casa donde nos hospedamos (en que vivia Alexander) me pareció bonita, grande y cómoda; me encanto mi habitación, donde dormiría durante el tiempo de estadía en Rabat.

Alexander muy atento mostrándonos la casa y ofreciéndonos algo para comer; pensé: “que delicia pasar estos días en esta magnifica casa”, tenía tres pisos, ocho habitaciones, siete baños, la sala muy grande lo mismo que el comedor, el hall de recibo, estudio, cocina etc.; además tenia dos puertas de entrada, antejardín a todo el rededor, ya que era casa de esquina; también tenia solar con árboles; en uno de estos árboles había construida una especie de casita de bambu. Todo muy grande y bonito; todo me parecía como de nosotros tres.

Cuando ya nos fuimos a acostar, yo feliz comencé la lectura del libro recién adquirido; me sentía encantada de estar con Alexander, con mi libro, con mi pieza, con la casa, “con todo”.

Al otro día, una vez que nos levantamos, fuimos caminando a la embajada de España; se encuentra en una de esas calles muy bonitas; al medio día almorzamos en un restaurante muy simpático, nos ubicamos en la terraza, rodeada de una baranda de madera, con la vitrina de fondo llena de colores, de copas decoradas, en un marco de madera amarillo, lo mismo que las barandas.

Después de esto, sin perdida de tiempo, Alexander, nos llevo a conocer la ciudad ¡y que ciudad!; no sabe uno si mirar primero los arcos, las murallas, las mezquitas, los minaretes, o la elegancia de esas avenidas; “todo es bellísimo”. Razón tienen de llamarla “La perla de Marruecos”; sus casas, equipamientos oficiales, edificios etc. todo es de una deslumbrante blancura.

La avenida Mohamed V es realmente maravillosa, empieza con unas murallas terracota, muy largas y con arcos en las avenidas para dar paso a los carros; todo esto rodeado de zonas verdes, palmeras, faroles etc ; esta avenida es muy espaciosa, además de bonita. Todos los edificios y construcciones del estado son de una blancura y buen gusto sorprendentes; con sus arcos, detalle de sus puertas y ventanas, todo propio de la arquitectura marroquí; en la parte central de ésta muy amplia y elegante avenida, que además es un paseo peatonal; hay jardines decorados con unas enormes y elegantes palmeras, de noche tienen una iluminación espectacular. “que belleza”.

Esta avenida, además es muy transitada; tiene cafés, restaurantes y almacenes, diriase que es el diario transitar de los marroquíes; se les ve caminar tranquilos y sonrientes, la mayoría de los hombres andan con vestidos occidentales; menos las mujeres, aunque no es difícil encontrar dos amigas, la una cubierta por su vestido marroquí y su cabeza tapada, y la otra con bluyin y camiseta.

Caminando por estos lugares, llegamos a unas murallas muy largas, al acercarnos y pasar por sus arcos, nuevamente nos sorprendidos de ver toda esta ciudad interna llena de comercio y de gente; las calles muy angostas para soportar tanta gente y además motos, carros y hasta carretillas, tendría que estar uno todo el tiempo mirando para atrás para no ser atropellado; aunque ellos manejan esta situación y van pasando sus motos y demás vehículos entre las personas; “pero si es la locura”.

Entre todos estos puestos de mercancías y estas calles atestadas; se encuentran monumentos, grandes y magnificas puertas, que como en Tánger y en otras ciudades, esconden grandes e imponentes construcciones con cientos de años de antigüedad, todo esto es una mezcla de lo popular, cotidiano, histórico y artístico; no se imagina uno que pueda haber un buen restaurante entre todo este bazar, pero: “Sorpresa”: al pasar por una de estas imponentes puertas, entre este tumulto aparece un muy elegante y exclusivo restaurante.

Ahí si fue difícil para Alexander disuadirnos de comprar, queríamos mirar, preguntar y comprar mil cosas; yo, encantada con la cantidad y variedad de collares, bufandas, artículos de cobre, cerámicas etc.

Atravesando esta medina, nos esperaba otra sorpresa: “que construcciones, que monumentos esos de otros tiempos”; se veían unas imponentes escaleras al otro lado de una gran avenida, con murallas, torres, arcos y no se que mas; al subir todas esas escaleras y atravesar sus arcos, nos encontramos con la Kasbah des Oudaya.

Es este un barriecito o pueblito de calles extremadamente angostas, con farolitos y unas casitas blancas con sus puertas y ventanas azules, sus ventanitas pequeñas y ubicadas donde menos se espera, las puertas también pequeñas, aunque de pronto sorprenden unas magnificas, dignas de una gran casa; sus callecitas, con el piso también blanco y empedrado hacen del bario un laberinto, ya subiendo, ya bajando cruzando o volteando; parece todo esto como un cuento de hadas; hasta me imaginaba yo ver por ahí al “Flautista de Amelín”.

Termina este lugar encantado, en una especie de terraza natural, desde donde se divisa el mar, con sus costas de grandes rocas, sus bahías, y en la distancia, la ciudad de Rabat, con sus minaretes, sus torres, sus edificios; “toda una ciudad”.

De ahí, fuimos a la torre Hassan. Desde lejos ya se veía algo impresionante; atravesando una magnifica entrada, cercada por rejas y muralla, nos encontramos con una plaza gigante, donde habían una gran cantidad de columnas como inacabadas, distribuidas en todo el espacio de esa área gigante. En el centro está la gran torre Hassan; ¡pero gran torre!, al lado de la cual, las columnas muy altas se veían pequeñitas; estuvimos admirando esta monumental obra inacabada.

En uno de sus costados se encontraba el mausoleo, de un porte impresionante, nos acercamos; subimos su gran escalera para apreciar su trabajo magnifico de muros, techos y unas imponentes puertas extraordinariamente ornamentadas, al entrar se siente una gran solemnidad en su recinto interior, donde se hallan tumbas de importantes antepasados. Era un recinto ricamente decorado, la iluminación viene de unas cornisas al alrededor de su sala central en donde se encontraba un sepulcro, que podía observarse desde balcones del segundo piso.

Al salir del mausoleo, en sus partes laterales se encuentran una serie de puertas imponentes con sus arcos, sus detalles admirables, no se sabia cual pudiera ser la mas bella; ¡parecían de oro!.

Después de pasar un buen rato apreciando estas esplendidas obras, nos dirigimos al centro de la ciudad, donde admiramos nuevamente la avenida Mohamed V que de noche es todo un espectáculo con su impresionante luz nocturna; se ve a lo lejos la gran mezquita con su minarete iluminado, muy alto y destacado; sus murallas terracota, todo esto con una iluminación espectacular. Esta avenida, sus edificios, sus lindos faroles en la parte central de la avenida y sus palmeras inmensas, hacen de esta avenida:-¡la avenida mas linda de Marruecos!.

Esa noche nos sorprendimos también de ver una multitud de marroquíes alborotando y corriendo, lo mismo que los carros con banderas y pitando. “Habían ganado los marroquíes en no se que partido de football importante”…, y estaban celebrando. Se dirigieron todos a una glorieta central de la avenida, pusieron una bandera en el centro, y todos alrededor se arrodillaron como besando el suelo, luego se levantaban con los brazos en alto, dando gracias a ALA. Nos fuimos luego a comer a un restaurante muy Marroquí, y de ahí a casa.

Al otro día, Alexander alquilo un carro para irnos a recorrer Marruecos. Nos dispusimos a emprender viaje rumbo a Fez.

Por la carretera, se ve algo de vegetación y cultivos, aunque no deja de ser desértico. Hay muchos pequeños pueblos sobre la carretera.

FEZ:

Por la entrada, hay casas corrientes pero con su estilo propio, de color crema casi blanco; también se aprecian en otro sector, casas muy grandes y lujosas a juzgar por lo que se alcanzaba a ver de ellas, es su estilo marroquí muy elegante de arcos y mampostería en ventana etc., aunque no se pueden apreciar bien, ya que están siempre rodeadas de un gran muro, para conservar su privacidad.

En la ciudad, se aprecian construcciones antiguas de gran belleza, rodeadas de murallas; se dice de esta importante ciudad, que es la capital intelectual y artesanal de Marruecos; ¡llena de joyas arquitectónicas!. Esta vieja ciudad amurallada, ha sido declarada, patrimonio histórico de la humanidad.

Además hay una parte moderna “Ville Nouvelle”, que se debe a los franceses, donde hay muchos restaurantes cafés, bares, discotecas etc. y mucha vida nocturna; se dice que esta es la parte bohemia de Fez.

Nos dirigimos al palacio real. Está precedido de una imponente avenida de jardines, faroles, palmeras etc. Con un espacio amplísimo, y al final se encuentra el monumental palacio real, que según se ve, es el mas grande, importante y hermoso de Marruecos. Sobresalen sus enormes puertas talladas y su minuciosa decoración; sus techos verdes, ¡hacen todo un conjunto majestuoso!.

En las cercanías al palacio hay un parque, muy grande y tranquilo; hay diferentes árboles y matas con flores, caminos, puentes; se respiraba ahí un ambiente fresco para los paseantes, protegidos del sol y del intenso calor del verano con la frondosidad de los árboles; lo que mas se destaca son unos caminos rodeados de unas inmensas; ¡pero inmensas palmeras!, que lo hacen sentir a uno diminuto, y dan al parque una impresión de grandiosidad; su copa esta tan alta que cuesta trabajo mirarla; proyectan su sombra en el piso haciendo un espectáculo muy bello.

Desde muchos sitios de la ciudad, se ve la gran mezquita Karaouiyine, importante joya arquitectónica, y según dicen, la más grande del África; sus techos verdes, muros y ventanas talladas; sus puertas terminadas en forma de aguja: dicen que tienen cabida hasta para 20.000 personas.

Mas tarde en la medina, que como la de Tánger, Rabat y todas las ciudades marroquí, es todo un remolino de actividad; de mercancías, de compradores, de vendedores etc., y muy fácil para perderse entre todo este inmenso laberinto de calles. En esta fascinante medina, en que una callejuela se pierde en un pasaje laberíntico, que termina en un pasillo oscuro y angosto, rodeado de gigantescos muros, atravesados a forma de laberinto, y con unas puertas de madera tan pequeñas que sería preciso bajar la cabeza para entrar por ellas; parecen como escondiéndose de otra puerta, muy cercana e imponente.

Se encuentran ahí, mezquitas y minaretes, lo mismo que en todas las medinas. Se dice que es la más grande Medina de Marruecos; se considera además como un compendio de tradiciones religiosas, culturales y artísticas; Fez en general, se considera como “la capital espiritual del reino”.

En una de esas imponentes puertas de la Medina, se encuentra la Medersa; Antigua universidad para el estudio del Coran; su arquitectura y decoración, se comparan a la Alambra en Granada; esta escuela, seguramente con mas de mil años de historia; tiene su patio central, rodeado de un pasadizo con múltiples arcos bellamente ornamentados con mosaicos, azulejos, estuco o madera pintada:

Terminan estos arcos en un recinto con una gran sala, a la que no dan acceso. El segundo piso, esta rodeado de balcones con múltiples arcos a forma de recibo a sus grandes y hermosos recintos; dan a todo el conjunto una gran belleza. También en una de esas imponentes puertas, se aprecia el gran palacio “Tibhri” hoy convertido en un muy elegante restaurante.

Esta medina, que por su tamaño, es toda una ciudad de calles antiguas, con arcos, muros blancos pasadizos, balcones etc. es famosa además por el trabajo artesanal; todas sus artesanías propias, en cobre, cerámica, alfombras, como también la industria del cuero, sus teñidos, elaboración de artículos y demás que es posible visitar al turista, pero que por la hora, no pudimos conocer.

Ya tarde, casi noche, emprendimos viaje nuevamente para regresarnos a Rabat. Llegamos tarde en la noche, pero encontramos en la casa un compañero de Alexander al cual mostramos nuestras compras, que en su mayoría eran collares; conversamos un rato y nos fuimos a dormir.

Al siguiente día salimos rumbo a Casa Blanca. Llama la atención esta súper avenida de Rabat a Casablanca; digna de envidiar por muchos países importantes.

CASA BLANCA:

Entrando a Casa Blanca, se aprecia ya la gran ciudad; dimos varias vueltas por las calles principales, muy llenas de gente, de carros; muchos grandes y bonitos edificios, y mucha actividad comercial. Es esta la ciudad mas cosmopolita de Marruecos, como al estilo de las importantes ciudades europeas. No nos detuvimos para visitar sus monumentos y sitios de especial interés, pues la idea de Alexander era ir directo a Marrakech.

Que pesar no haber estado ahí aunque fuera un par de días para haberla podido conocer mejor.

Antes de partir, almorzamos en un Burger King; me llamo la atención el retrato del Rey en primer plano, (como en todo restaurante, almacén mercado o lo que sea, siempre lo primero es el retrato del Rey; muy joven y vestido a lo occidental).

Así pues iniciamos el viaje a Marrakech. Fue largo pero sorprendente; ver por el camino, esa belleza árida; esas tierras, “si se pueden llamar tierras”, pues es mas arena que tierra; ¡esos colores!; van desde el ocre amarillo, al dorado, al rojo, al terracota etc, sus montes, ya café, ya rojos o dorados, según la distancia y el reflejo del sol.

Se ve algo de vegetación, aunque escasa; unos pocos árboles en los montes como luchando por sobrevivir y poblar la montaña en medio de la arena; “como humillados de no poder mostrar toda su belleza”; ¡ y esto todavía no era el desierto!. Se admira uno de ver tantos contrastes y tanta variedad en la naturaleza.

“Me sentía muy privilegiada de contar con la oportunidad de conocer y apreciar tantas cosas admirables de este increíble país”.

Paramos en un sitio a tomar algo; era como una especie de terraza; un sitio como de pueblo, pero muy agradable, pues se podía observar a la gente, con sus costumbres propias, ahí sentados al lado de la carretera, compartiendo un refresco; ver la gente ahí tranquila en su cotidianeidad.

Nos sentimos muy observados, pues esta gente no deja de observar mucho a los extraños!; era como una parada de buses, caros etc.

MARRAKECH

Entrando en la ciudad, ¡otra sorpresa!. Sus casas, murallas, edificios y monumentos, todo color terracota, “la ciudad terracota”; es algo muy lindo y muy original; se veía que la ciudad era grande e importante, en primer lugar dimos una vuelta por el centro, con sus edificios, avenidas, parques, plazas etc. “todo terracota”; la gente parecía como diferente; “seguramente el reflejo del terracota”; me llamó la atención una especie de plaza, con una fuente en el centro. Se veía que era el sitio donde la gente va a descansar, a pasar el rato o los padres a pasear a sus hijos, pues estaba muy concurrido.

Por la noche buscando donde comer paseamos un poco y fue muy agradable ver la gente sentada por ahí, compartiendo. Esta plaza esta ubicada en una avenida amplia y llena de edificios.

Encontramos un sitio donde comer; resulto un restaurante muy amplio, tenía en la acera muchas mesas, había mucha gente allí; ¡de la comida!: empecé a darme cuenta que los marroquíes asan demasiado sus carnes y las condimentan mucho; siempre la comida de Marruecos sabe mucho a condimento, especialmente a comino.

El hotel donde nos hospedamos “El Hartí”, bonito y muy árabe; la entrada con su arco; paredes decoradas con mosaicos, su sala, cafetería o restaurante, hacen sentir que se está en Marruecos; lo mismo que la habitación, con sus colores terracota en las paredes, en el tendido de la cama y combinado con su tono propio de azul; el baño me llamo la atención, pues no era la cerámica que se espera, sino paredes terracota con mosaicos. Había un balcón en la habitación, desde donde me gustaba observar los otros edificios, la gente caminando y un parque muy grande que había al frente.

Al otro día bajamos a tomar el desayuno en una cafetería muy agradable; había un buffet muy lleno de frutas, variedad de panes etc.; nos ubicamos en una terraza, en la parte exterior; tenia todas sus mesas en hierro, redondas y de bonito estilo, lo mismo que sus asientos, y cubierto todo esto con parasoles; esta terraza daba para la calle; así que se podía observar los paseantes a través de las matas que rodeaban las mesas. Muy abundante el desayuno; su gran variedad de panes árabes que como lo presentí en Tánger, resultaban siempre deliciosos..

Después del desayuno, nos fuimos a conocer los sitios más importantes. Como en todas las ciudades marroquíes, llaman la atención sus múltiples murallas, en este caso siempre terracota, lo mismo que sus mezquitas y minaretes.

Dimos un paseo por la ciudad; sus avenidas, sus edificios, monumentos especiales; sus arcos y murallas, eso si: “todo terracota”; esto le da a la ciudad un encanto especial; un encanto que supongo es único en Marruecos.

Después de dar muchas vueltas, fuimos a la Medina. Al igual que las demás medinas, es como una ciudad amurallada; en este caso, precedida de una plaza gigante, en donde se concentra muchisima gente, y toda una serie de personajes; desde vendedores de Klines, de artesanías, de agua etc.; y estos del agua, si que son un caso particular; tienen una indumentaria sorprendente. Una especie de abrigo de color rojo generalmente y muy adornado, además de un sombrero de ala ancha con mucha decoración, llevan colgando una especie de bota donde esta el agua, y vasos colgando de la cintura, de los hombros, ¡de donde sea! .

En esta plaza, se ven malabarismos, atracciones como de circo, hasta encantadores de serpientes, que además insisten en colgarle una de estas al cuello de los turistas; como fue el caso de Alexander, que le toco aguantarse su serpiente en el cuello (muy buena foto).

Esta plaza en las horas de la noche, es todo un carnaval de actividades, y no le cabria mas gente; los hay “encapuchados” mujeres con sus túnicas y cabeza cubierta, otros vestidos con pantalón y camiseta, lo mismo que algunas mujeres de bluyean y además muchos turistas.

Había ahí diferentes grupos de música Marroquí; “esto si que fue maravilloso”; escuchar esta música interpretada por grupos muy autóctonos, sin arreglos modernos; cada grupo con sus instrumentos particulares, y cada cual con su estilo propio; hacían un espectáculo único con su música muy bella; no sabia uno a cual escuchar primero.

Ahí pasamos un rato inolvidable, fascinados con sus músicas y sus gentes; ¡y de comida!: impresionante”: habían tantos sitios de comida que no se sabia donde decidir. Eran unas mesas gigantes alrededor de estufas, asados ollas etc. Rodeadas de unos mostradores en mesas llenas de comida; muchas clases de ensaladas, verduras, panes, asados, carnes, pollo, cordero, mariscos etc. ¡no faltaba nada!; alrededor de todo esto estaban las mesas (como unos tablones largos) con unas bancas mas bajas para sentarse a comer; estuvimos comiendo de toda esa comida exótica; le dan a uno ahí las 12 de la noche.

Como en las demás Medinas, hay cuadras de zapatos, de carteras y bolsos de mil estilos, vestidos, bufandas, blusas etc., telas, tapices, alfombras, muchos artículos de cobre, de los cuales hay mucha variedad: platos, espejos, cofres lámparas y muchos otros artículos decorativos; generalmente son muy bonitos estos almacenes, especialmente los de artículos de cobre, los de tapices, y variedades decorativas.

Sus dueños, generalmente están sentados fuera del almacén, como observando a los turistas y compartiendo con el que pase. Les oía hablándole algo a la gente; “me hubiera encantado saber lo que decían, y poder cambiar unas palabras con estas gentes que parecen siempre muy tranquilas y cordiales.

Hay también gran variedad de artículos de madera, losa, porcelana etc; y gran cantidad de bisutería; collares pulseras anillos aretes, ya en plata, ya en metales y pedrería; hay de todos los precios. Por lo general los de plata o de artesanía original antigua son muy costosos. También hay de fantasía a bajo costo y muy bonitos.

Lo más curioso de estas Medinas, es que no están clasificados los almacenes; en un sitio hay tapetes valiosos y joyas finas y el puesto que sigue, puede ser de frutas, verduras, panes cereales o lo que sea.

Andando por esas calles, muy atestadas de gente, a cada momento lo sorprenden a uno los guías; “todos quieren ser guías”; que,… qué necesita, que el sabe donde lo venden; que si quieren ver monumentos especiales, restaurantes etc. ellos le dicen donde. Aunque uno los rechace, no se rinden; siguen insistiendo hasta el cansancio, y además lo persiguen a uno.

Se ven ahí algunos indigentes y discapacitados en el suelo esperando una limosna, “pero no la piden”. Por lo general no vi mendicidad, como tampoco vi nunca que robaran a nadie; no observe prevención de la gente por riesgo de robo. Me sorprendía que Alexander, dejaba el carro parqueado en cualquier parte y a veces sin llave; los carros que habían en la casa en Rabat, quedaban toda la noche en la calle “mal cerrados”.

Lo que si me desconcertó, “aunque me entere después”, es que algunos de estos Musulmanes de Marruecos, se acercaban a Alexander a ofrecerle camellos por Karen. ¡que horror!.

A estas Medinas, hay que llegar después de las 4 PM pues antes está cerrado todo por ser la hora de descanso y de oración; pero luego hay actividad hasta mas de las 11 PM.

En estas horas de la tarde los muezzines, llaman a los creyentes a la oración desde los minaretes de las mezquitas. Sus voces sonoras, llenas de solemnidad y de un encanto indescriptible, se oyen desde sitios alejados como llevadas de las brisas marinas. Oyendo esto quede absolutamente impresionada; no entendía nada, no sabia lo que estaba pasando; me quede un buen rato meditando en todo esto; ¡que país tan particular. ¡Hay como magia!..

A este llamado, los hombres ( a las mujeres se les prohíbe entrar a las mezquitas) van dirigiéndose a la mezquita; ¡al templo de Mahoma!.., a la entrada dejan sus zapatos ya que no se puede entrar calzado...

El marroquí, es muy creyente y muy observador de sus normas y creencias religiosas; siempre que se refieren a ALA, se ponen la mano en el corazón..., se inclinan y hacen una linda sonrisa..

Por una de sus increíbles puertas, entramos a un restaurante, muy elegante con varios recintos de comedor; sus paredes y arcos, sus mesas, sus cortinajes etc. todo en tono verde; muy bellamente decorado.. ¡y muy árabe!

En la parte central de los comedores, había un gran patio con su fuente; rodeado de mosaicos y lindas matas con flores.

Otra de las puertas imponentes de esta Medina, es la Medersa; Antigua universidad de estudios religiosos en otros tiempos.

Yo pensaba: “cuantos jóvenes, habrán pasado por aquí, cuantas vidas consagradas a los estudios religiosos”; ¡al estudio del Coran!; “se pregunta uno esto y también como podrían vivir ahí al entrar en ella y conocer la clase de habitaciones de esos jóvenes”.

Se trataba de unos cuartitos pequeñitos y muy rústicos, con el piso de cemento y sin ningún mobiliario, pues según entiendo no tenían derecho ni a cama, solo una estera y una pequeña mesita donde ubicar su “Coran”. Me parecieron tan pequeños, tan insignificantes estos cuartitos que tampoco cabria una cama; mas parecían celdas que habitaciones (aunque las celdas, siempre serian de mayor tamaño); había alguna ventanita pequeñísima y muy alta; no tendrían como asomarse a ella. Algunos eran un poquito mas grandes; seguramente para estudiantes especiales o mas avanzados.

Alrededor de estos múltiples cuartitos hay corredores con unas barandas de madera tallada lindísimas a forma de miradores al patio central del primer piso, desde donde se podían apreciar las de todos los pisos, con sus arcos y todo el esplendido decorado marroquí.

El patio o parte central de la primera planta, con decorados similares a los de las mezquitas, de muros en mosaicos con innumerables grabados en yeso alrededor de sus corredores entre arcos; no termina uno de sorprenderse de ver todo este bello trabajo de ornamentación en sus antiguas construcciones.

Almorzamos ahí en la medina, en un restaurante muy árabe; tenía unas mesas redondas, los asientos tapizados, también redondos alrededor de la mesa. Su comida, siempre muy condimentada, con mucho sabor a comino.

Después de almorzar en el piso de abajo, subimos a la azotea, que también era comedor; tenia mesas y asientos decorados en hierro forjado lo mismo que sus barandas y arcos desde donde se apreciaba una excelente vista de la Medina, los minaretes de sus mezquitas etc; ahí un camarero, nos tomo una foto muy bonita, de los tres felices viajeros.

Después de esta jornada de la Medina, fuimos a conocer la Menara; esto es un gran estanque, que según entiendo fue hecho para hacer regatas o practicas de algún deporte acuático. A un lado se encuentra la entrada con un recibidor de su estilo propio, y al frente, al otro extremo, una especie de palacete, y todo esto rodeado de jardines.

Luego fuimos a visitar un museo, en donde habían muchas vitrinas con artesanías antiguas en oro, cobre plata etc. collares pulseras etc; una sala con un sofá bajito y muy lindo con unas lámparas de pie de cristal tallado, de muchos colores y con mucha filigrana árabe, “llamaba la atención esta bella lámpara”; habían muchos corredores y recovecos para pasar de una sala a la otra, parecía un laberinto. En esta gran casa, seguramente de algún sultán o algo así; entiendo que se hacia culto al baño, pues en algunos de esos cuartos hay paredes recubiertas de algún material como el asbesto, que es según entiendo para mantener la temperatura del agua; además habían muchos cuadros donde se mostraban escenas de baño.

A la entrada del museo había un patio con un jardín lleno de flores y una fuente; a un lado un café; “o mas bien un té”; pues se servía el clásico té a la menta; fue un placer sentarnos ahí a disfrutar de este té en su jarita de plata humeante y con sus vasos especiales, ver y degustar esta bebida tan verde y “tan rica”.

Al otro día, después de nuestro frugal desayuno en la terraza, salimos ya rumbo a Essaouira. No dejaba de dar tristeza irse de esta ciudad roja, con sus tierras ocres y terracota. ¡ Impresionantemente bella!.

ESSAOUIRA.

Después de bordear el mar, y pasar por varias pueblos, llegamos a Essaouira; era ya casi de noche; fuimos acercándonos a una muralla al lado del mar. La avenida era amplia y fue angostándose a la altura de la muralla. En una calle angosta con muchos carros parqueados a cada lado; Alexander parqueo el carro a un lado. Me parecía como raro dejar el carro como tirado ahí toda la noche pues pasamos la muralla y entramos en la ciudad amurallada.

Era casi de noche y hacia mucho frió a pesar de ser verano; además del frió, estaba muy nublado; daba a esta cuidad un aspecto misterioso y particular; mirando en cualquier dirección, se veía todo como empañado. Fue algo que me produjo emoción e inquietud. Empezamos a andar por esas calles nubladas de esta medina. A diferencia de otras medinas, en otras ciudades, en ésta las calles eran mas amplias, como mas ciudad. Se sentía más espacio y menos tumulto de gente. Hasta los almacenes me parecieron distintos; la gente que caminaba por ahí, parecía más familiar.

Como había comprado un lindo chal de rayas azules (muy Marroquí) en Marrakech, me alegre de tenerlo a mano para poder protegerme del frió, y además lucirlo.

Caminamos por diferentes calles, y a mitad de una de ellas, entramos por una puerta azul, al que seria nuestro hotel de esa noche en esta cuidad: “Hotel Riad Nakhla”; era pequeño pero muy agradable, todo azul con blanco, un patiecito central con una especie de pila y al rededor arcos.

El encargado nos llevo a varias habitaciones libres en diferentes pisos, para que escogiéramos. Había que subir por una escalera angosta, con pared a uno de los lados; en esta pared habían varios cuadros colgados de paisajes Marroquíes muy bonitos; advirtiéndonos que eran para la venta.

Me dio mucho pesar no poder cargar tanto, pues me hubiera encantado adquirir alguno de estos bonitos cuadros con paisajes Marroquís.

Escogimos una habitación en el cuarto piso; muy azul y muy árabe, la cama principal cubierta por una estructura con velos blancos que caían alrededor de la cama, el cubre lecho muy azul y su almohada en forma de cilindro; fue una sorpresa que no me esperaba, dormir en esta cama; parecía como de “las mil y una noches”, me sentía como aislada de los demás por sus velos.

Una vez organizados en nuestra habitación salimos a conocer más y a comer. Todavía estaba abierto el comercio. Yo feliz observando estas calles, casas y locales, siempre azul con blanco y café; y tan llenos de tanta artesanía marroquí.

Dimos con un restaurante muy agradable y nos ubicamos en el segundo piso, la niña que nos atendió muy amable; en la mesa de al lado habían unas Inglesas acompañadas de un amigo; hablaban, reían y fumaban mucho, estaban vestidas de una forma llamativa, yo los observaba y mas tarde para mi sorpresa, esas jóvenes se hospedaban en el mismo hotel que nosotros, pues llegamos a dormir al tiempo.

Después de comer, ya era tarde, sin embargo seguimos recorriendo la ciudad, nos fuimos alejando por unas calles estrechas en medio de murallas de piedra y arcos, ya estaba muy oscuro y además nublado; el aspecto de esta calle era misterioso y miedoso, pues habían unos personajes por ahí que daban miedo.

Se nos acerco un hombre mal vestido como indigente que insistía en darnos la mano para saludarnos; yo no sabia si quería limosna o servirnos de guía, el decía “amigos” pero me dio miedo este personaje, y como éste habían otros en medio de esta calle oscura y nublada. Yo hubiera preferido que nos devolviéramos; pero seguimos y al final, después de un arco de esos nos sorprendió el puerto de Essaouira.

Se veían unos barcos, y barcas mas pequeñas con muchos colores y diferentes formas, que en esa oscuridad y neblina, parecían como buques fantasmas.

Los marinos, eran unos personajes inquietantes que se encontraban por ahí tirados en el suelo, fumando hablando o no se que y nos miraban de forma extraña. Fue un espectáculo que me causo sorpresa y temor. Las únicas mujeres por ahí éramos Karen y yo. A mi me asusto mucho todo esto dada la hora y la oscuridad.

Para esos hombres seguramente debería ser toda una osadía aventurarse unas mujeres a esa hora y a andar por ahí. No quede tranquila hasta que llegamos al hotel.

Al otro día observe que por la ventana de la habitación, se veía buena parte de la playa, tejados y una cantidad de gaviotas, que parecía se fueran a entrar por la ventana. Fuera de nuestra pieza en el tercer piso había un balcón de madera cuadrado alrededor del patio, lo mismo que en los otros pisos; asientos y mesas con flores, y unos ceniceros muy particulares…, ¡con tapa!

Subiendo más la escalera, encontramos una terraza, con decoración de muros y ventanas azul con blanco, mesas con mosaicos de colores y parasoles para el desayuno; el balcón alrededor, dejaba ver parte del puerto; me gusto mucho esta terraza para el desayuno.

Salimos nuevamente a seguir conociendo la ciudad y a hacer compras, la gente muy amable, en algunos almacenes, si uno les “conversa” (si se puede decir así, no conociendo este idioma). Karen y Alexander, se defendían en francés ya que muchos marroquíes lo hablan.

Los vendedores muestran muchas cosas y explican de su procedencia, “que si es Berebere””; o sea antiguo; si es artesanal y cual es su procedencia... Aunque uno no les compre nada, se despiden dando la mano y algunos hasta beso, y dicen “amigos”.

Esta ciudad de calles anchas y rectas, rodeada de múltiples murallas con grandes arcos y fortificaciones; hay muchos cañones apostados como defendiendo la ciudad por la parte del mar, esto es algo “sorprendente”.

A través de los arcos de esta como terraza gigante; al acercarse, muestran una porción de mar y de acantilados, que visto desde estos arcos y mirando a distancia, es lindísimo. Esta ciudad produce gran riqueza de impresiones y de admiración

Por el lado del comercio, hay una plaza grande, con cafeterías o restaurantes alrededor de unas casas y edificios blancos y azules; todo esto es muy lindo. Esta ciudad de Essaouira, me pareció especialmente bella.

En esta ciudad, la sensación Islámica es como de ensueño. ¡Comprende uno porque esta ciudad ha sido declarada patrimonio de la humanidad!.

Faltó tiempo para conocer mas de esta extraordinaria ciudad, además que se desperdicio mucho insistiendo en las compras. Para poder apreciarla y conocerla mejor, tendría que estarse ahí por lo menos ocho días. Y ojala vivir ahí…, ¡porque es realmente maravillosa!.

Después de almorzar, dimos otras vueltas por la ciudad y cogimos carretera, ahora rumbo nuevamente a Rabat.

RABAT II.

Alexander escogió una carretera, en gran parte bordeando el mar: ¡que paisajes tan bellos los que se ven por estas regiones!; pasamos por algunos pueblos o ciudades en donde estuvimos solo de paso.

Saliendo de una de estos pueblos, nos detuvimos en un sitio por la avenida de la playa, en una calle muy amplia, llena de palmeras y jardines, a tomar un café con pasteles; en estos cafés o pastelerías, prácticamente todos los clientes son hombres, pareciera que las mujeres se restringen de ir a cualquier sitio a tomar algo, porque es muy mal visto.

Llegando a Rabat, nos dirigimos a un supermercado a comprar provisiones para comer algo en casa, este supermercado me pareció moderno y bien surtido; había muchos productos importados y gran variedad de panes, se veían deliciosos todos.

El paseo por estas ciudades, fue maravilloso, pero también fue maravilloso volver a Rabat y a nuestra casa. Fue un placer volver dormir en mi cama, y en mi pieza.

Tenía dos ventanas que daban para la calle. Por un lado había una casa muy linda y muy grande, con mucho jardín alrededor. Por el otro lado, también había una casa bonita, aunque casi no se veía, pues estaba muy cubierta por árboles y jardines.

Me estaba muy buen rato el la ventana antes de acostarme, contemplando estas calles, esta quietud de la noche, y alguno que otro paseante.

Si.., contemplaba este barrio en el que me encontraba y el que no hubiera nunca pensado en conocer, lo mismo que todas esas ciudades, caminos pueblos, monumentos etc. la afabilidad de sus gentes, esa expresión que yo interpretaba como de tranquilidad, de paz y de cordialidad.

A pesar de que en este país no pueden tomar licor, “ya que su religión lo prohíbe”; sin embargo, todos parecen estar conformes con esta circunstancia..; parecen estar muy en armonía con su vida. “Con su ALA”.

Al otro día, y los que siguieron; mientras Karen se levantaba, y como Alexander se iba a trabajar, yo salía a dar una vuelta por el barrio. Observaba las casas lindas de las Embajadas, con muchos jardines y muchas flores; al lado de nuestra casa, en la embajada de Francia, había un colegio para niños “Albert Cammi”; llegaban las mamás por sus niños y era toda una algarabía, me gustaba ver todos esos niños jugueteando por ahí.

Unas cuadras adelante, se encontraba la parte de atrás del palacio real, con un portón inmenso y rodeado de guardas que se apostaban en la calle para preceder la salida del Rey, o alguien de la casa real. Todo esto resultaba muy emocionante. Siempre me llamo la atención la amabilidades de soldados , policías de trafico etc. Siempre que daban una orden parecía como que también se disculpaban por molestar, y explicaban los motivos con mucha cordialidad, procurando que uno entendiera.

En estos paseos, disfrutaba mucho de las calles y de ver sus gentes, daba muchas vueltas; estuve entrando a diario en una tienda a llamar por teléfono o a comprar pan o algo para el desayuno.

En estos paseos tenia que bregar mucho para volver a encontrar la casa, pues imposible pedir indicaciones en Árabe.

Al medio día, nos reuníamos con Alexander para almorzar, generalmente íbamos al restaurante del club de la embajada., y también sitio de trabajo de Alexander, pues al lado habían montado unas oficinas para la obra que se proyectaba. Este restaurante tenia además de los salones de comedor, parte de sus mesas en el jardín, con parasoles y rodeadas de jardines, flores y palmeras.

Después del almuerzo, el primer día de esta última semana en Rabat, Karen hizo su propio paseo. Yo entonces, me aventure a hacer el mío. Empecé a caminar mucho para ir al centro, a la avenida Muhamed V. Siguiendo las indicaciones que me había dado Alexander. No me fue tan difícil llegar a ella como devolverme.

Mi paseo particular me gusto mucho. Caminando sola por esas calles que no conocía, y que después de dar muchas vueltas, no sabía donde me encontraba. Estuve en la estación de trenes averiguando a que hora salían los trenes para Tánger, pues en unos días nos iríamos en tren a Tánger nuevamente, con destino a España.

Después de visitar la estación de trenes, di un paseo por la avenida. Entré en una librería y dure un buen rato escogiendo unos libros que quería llevar a mis hijos de regalo; escogí unas obras de literatura en Francés, a 10 Dirhams cada una, ¡o sea baratísimas!. Mas de media librería estaba dedicada a libros del Coran, los había de todos los tamaños y precios; algunos eran lujosísimos.

Al salir de la librería, busque un sitio donde tomar un café; creo que elegí muy bien el sitio, pues era como una pastelería y además de ser bonito, me cayo muy bien mi pastel y mi café, y lo mejor: quede enfrente de un ventanal sobre la avenida y estuve ahí fascinada, viendo pasar la gente, observando a los que entraban, como hablaban entre ellos, sus expresiones amables y sonrientes. Esta gente pareciera como a gusto con su vida y con la de los demás. Me sentí bastante observada, pues no debía ser lo corriente ver una mujer sola sentándose en una cafetería a tomar un café, en donde casi todos eran hombres.

Al salir de ahí visite algunas joyerías que tenían unas joyas preciosas marroquíes, pero sumamente costosas.

Resolví en mi libreta, ir trazando como una especie de mapa por donde iba pasando e irme orientando. Después lo confundí todo y más bien me perjudico mi tal mapa, porque me sentí mas perdida.

Para preguntar.., lo único que podía decir era el nombre de la calle donde vivía, y aunque no me entendían, siempre trataban de ayudarme y me llevaban donde un policía de trafico a ver si me podía ayudar, pero por lo que me daba cuenta era el que menos sabia donde era lo que yo buscaba; ¡en fin!; yo seguía avanzando esforzándome en recordar las calles por donde había pasado y en esas estaba, ya muy cera de la casa, cuando me encontré con Karen, que tampoco era que tuviera muy claro por donde vivíamos; prácticamente éramos las dos las perdidas, tonteamos un rato, hasta que al fin llegamos a casa.

Luego de descansar un rato, y ya con Alexander, volvimos a salir al centro para ir a comer. Fuimos a un Mc Donals, pues como en todas partes, ahí tampoco falta.

Al otro día, como todos los días, salía por la mañana a hacer mi paseo. Encontré una Escuela de Ingeniería de donde salían muchos jóvenes, las niñas de blue jeans se montaban en su carro y se Iván.

A unas cuadras ya cerca de la casa, vi una niña como de ocho años que caminaba con un gran atado entre sus manos de esa mata verde con que hacen su te a la menta; no sabia como pedirle que me regalara una ramita.

Le mostré una moneda de 5 Dirhams, haber si me entendía que quería un pedacito de su mata; seguramente me entendió porque corto un pedazo y me lo dio, “no recibió la moneda”.

Yo me fui feliz a casa a preparar mi te. ¡Quede sorprendida!; corte algo así como 2 hojitas y las herví; “pues con esa pequeñísima cantidad, me salio todo un posillo de liquido verde y con mucho sabor”; esa ramita me alcanzo para varias tasas, ya que solo echaba de a dos hojitas… Volvía a pensar: ¿Que tal mata será esa?.

Esa tarde fuimos con Karen al museo arqueológico; llegamos a pie no antes de caminar mucho y perdernos varias veces. Este museo, es moderno y esta bien conservado; tiene muchas piezas de orígenes marroquíes, sus cerámicas, monedas esculturas etc.

Fue muy interesante ver este museo; luego dimos una vuelta por el centro; por la avenida Mohamed V . Cada vez que pasaba por esta avenida, la sentía más familiar, admirando siempre su belleza. De vuelta para la casa y ya cerca, encontramos una pastelería; entramos a escoger que pedir y nos sentamos en unos asientos en la parte de afuera.

Nos llamo la atención, en primer lugar que éramos las únicas mujeres ahí; y en segundo lugar, los asientos, estaban dispuestos todos contra el muro de esa casa y con vista hacia la calle; o sea que las mesas solo tenían un lado útil. Pareciera como que el objeto principal de sentarse uno ahí era para observar la calle; los carros, las casas, y sobretodo los transeúntes. Muy particular este lugar y entiendo que hay varios como este en que observar a la gente es lo principal. Compramos unos biscochos para llevarles a Alexander y sus compañeros.

Pasamos un buen rato en la casa, compartiendo y conversando con Alexander y sus compañeros. Contaban anécdotas de Marruecos de las diferentes ciudades y de sus cosas. Comimos algo y salimos a dar una vuelta a pie, por los alrededores del barrio. Ya era como tarde; Las calles estaban muy solas, se sentía mucha tranquilidad; se veían algunos hombres por ahí deambulando, a mi no dejo de darme un poco de miedo, pero no tuvimos ningún problema.

Seguramente, como en este país está prohibido el alcohol, esto favorece para que la gente sea menos agresiva.

Al otro día, salimos juntas con Karen pero ya llegando al centro quedamos en que yo me iba a la Medina y ella iría a la Necropolis; así que yo me fui por mi lado.

Llegue a la Medina y volví a dar vueltas y vueltas por ese laberinto; observe unas casas muy importantes y lindas a la entrada que en mis idas anteriores no había visto.

Es muy fácil perderse en la medina; como de hecho me perdí en esa ocasión. Daba vueltas y vueltas, y siempre llegaba al mismo sitio, los de esas ventas ya me estaban mirando como curiosos, como preguntándose porque pasaría tantas veces por ahí. ¡Y ni modo de preguntarles algo!..

Con los días ahí en Rabat, me iba acostumbrando a la gente que le sonríe a uno por la calle, y que se ven tan tranquilos, tan despreocupados, tan sonrientes etc.

Me hubiera gustado conocer ese idioma para poder dirigirles la palabra a esas gentes.

Esa noche había un espectáculo de coros en un sitio que parecía un palacio, con una entrada principal muy grande y precedida de un gran espacio antes de las escaleras, donde se situaron los del coro.

Los integrantes de este coro; eran una cantidad de Marroquíes, parecían viejos la mayoría y vistiendo

sus trajes de túnicas, y con sus instrumentos para la presentación. Muy emocionante ver todo este grupo de marroquíes con su indumentaria y sus instrumentos propios, aunque lo vimos de lejos, pues aunque logramos que los guardas nos dejaran entrar el carro al parqueadero, que entre otras cosas era de arena y a los carros se les hundían las ruedas y empezaban a patinar, cosa que nos paso a nosotros y a mucha otra gente también.

Cuando finalmente Alexander logro parquear el carro, ¡que no obedecía ni al motor ni al conductor!. Nos dirigimos a un enrejado donde daban paso para ver el espectáculo a los que tuvieran no se que invitación. Como nosotros no la teníamos y mucha otra gente tampoco, hablábamos todos al tiempo y le insistíamos al guarda que nos dejara entrar ya que era un espectáculo al aire libre. Pero no… no lo logramos; los guardas se negaron rotundamente aunque no sin mucha cordialidad, nos pedían disculpas de no dejarnos entrar y trataban de dar muchas explicaciones, que a uno le daba hasta pena insistir tanto. Al final para nada, pues no nos dejaron pasar. Aunque no entendía nada de lo que hablaban, si me di cuenta que la gente allí también arma mucha polémica.

Al otro día, ya jueves (nos íbamos el sábado). Al medio día, nos invito Alexander a almorzar nuevamente al club que entre otras cosas queda a tres cuadras de la casa, y además de lo bonito, la comida es muy abundante y muy rica. ¡Muy bueno esto de sentirse uno invitado a este sitio y gozar de los beneficios de esta buena vida!.

Esa noche, fuimos con dos de sus compañeros a comer a un restaurante tipo francés. La decoración muy bonita, un tapete muy rojo, una chimenea con unos candelabros y esculturas muy lindas lo mismo que su iluminación, apliques y cuadros de las paredes; también una escalera muy elegante para ir al segundo piso.

Al día siguiente, ya en vísperas de nuestra partida, empecé a sentir la nostalgia de irme, de despedirme de mi hijo, de dejar este país maravilloso, sus calles, sus gentes, sus murallas, mezquitas, la Medina…, ¡Todo!. Salir de esta hermosa casa que nos albergo mas de quince días.

Salí por la mañana a dar mi ultima vuela por el barrio; a tres cuadras de la casa, en la tienda donde varias veces fui a llamar por teléfono, a comprar pan o algo. El señor que atendía, como hablaba español y ya me conocía de ir todos los días, me estuvo conversando un buen rato; me comentaba sobre cosas del barrio y de los alrededores, sugiriéndome que visitar.

Cuando salí de la tienda pensaba: “a este no vuelvo a verlo”. Mañana se extrañará de no verme, y no se imaginará que tan lejos vivo.

Ese día también fuimos a almorzar al club, en compañía de los compañeros de Alexander; duramos buen rato con ellos conversando de muchas cosas; Alexander se quedo en su trabajo, y nosotras nos fuimos a dar nuestra ultima vuelta , “como quien quiere guardar en su menoría, todo lo que ve, todo lo que aprende, todo lo que hace”. Fuimos por las calles, aumentando nuestra colección de fotos. Parecíamos como tristes de tener que irnos. A la hora de tomar algo; recorrimos muchas calles como buscando un sitio especial. Generalmente se sienta uno es en la calle, pues siendo verano, las mesas están afuera; tomamos nuestro te verde a la menta con un pastel, que además sería el último.

Esa noche, Alexander nos llevo a un restaurante muy bonito y muy elegante, como de estilo oriental. Muy bonita la decoración de luces, arcos, y matas como orientales; había mucha gente, música y animación.

Cuando llegamos a la casa, me puse a arreglar la maleta pues al otro día teníamos que estar en la estación de ferrocarriles a la 7 AM. Para tomar el tren que nos llevaría a Tánger.

Me sentí muy melancólica esa noche en mi pieza. Pensaba: “mañana a esta hora ya no estaremos aquí”; ya no mas avenida Mohamed V, ya no mas Medina, ya no mas Marruecos. Tendríamos que despedirnos de Alexander, ¡irnos sin el!. Seguramente nunca volveré a estar en esta casa ni en estas tierras.

Alexander nos invito a salir a un sitio de baile para que conociéramos como es la rumba en Rabat. Yo no quise ir. Se fueron Alexander y Karen.

Antes de dormir baje a la cocina, di vueltas por la casa; dure mucho rato en la ventana, observando la noche, las casas vecinas, a los que pasaban, por donde yo también pase muchas veces; ahí también quedarían nuestros pasos.

Al otro día “Sábado”, llegamos a la estación a las 7 AM el tren ya estaba próximo a salir. Alexander no quería lágrimas ni despedidas sentimentales, pero yo si estaba muy triste de irme y dejarlo. No hubo tiempo de nada pues ahí mismo llego el tren, y se cumplió la despedida. Casi no podíamos con las maletas y Alexander tuvo que subir al tren para ayudarnos. Le toco bajarse de un brinco, pues ya el tren empezaba a andar.

Alexander insistió en que fuéramos en primera clase, ¡y gracias a Dios! porque el tren no era, ni moderno ni cómodo ni bonito; “y eso en primera clase”, como seria la segunda?. En el compartimiento éramos cuatro mujeres en un espacio muy pequeño; las otras dos estaban vestidas a lo marroquí; la una era como elegante. En todo el trayecto no dijo ni una palabra, pero si nos miraba mucho y parecía que no perdía detalle. La otra era como de 40 años.

Debajo de su túnica se le veía el bluejeam.

No se en que momento empezó a hablar con Karen en francés; así que yo no entendía nada. Hablaron todo el camino. Karen me contó que esta señora iba a Paris, donde vivía; y que le ofreció, ¡como Karen iría a Paris!. Llevarla de tour y además le recomendó un hospedaje.

Fue muy interesante durante todo el trayecto ver el campo marroquí, campesinos en sus tierras, esa parte no era muy árida, por consiguiente, se veían cultivos, algunas casas de campo; hasta algún camello logramos ver. Pasamos por varios pueblos y estaciones; era interesante ver toda esta gente afanándose con su equipaje; subiendo y bajando del tren; ¡ver como se despedían de los suyos!. El trayecto fue largo e incomodo, finalmente llegamos a Tánger.

A la llegada, la señora que hablaba con Karen nos ofreció que nos ayudaba para ubicar el buque, el expendio de pasajes etc. Así que la seguimos. Nos aconsejo ir más bien a Tarifa que a Algeciras.

Decía que ahí también podíamos coger un autobús para ir a Sevilla, y así lo hicimos.

El barco era muy grande y muy bonito, tenia dos pisos y sótano; en el sótano habían parqueados muchos carros y hasta una buseta. En el primer piso habían varias secciones de asientos; unas mas elegantes que otras, aunque todo era muy elegante y muy cómodo. Entapetado en rojo y decorado.

Había también un restaurante y cafetería; y mucho espacio para caminar. Los pasajeros en su mayoría eran turistas. En el segundo piso estaba la cubierta muy amplia. Ofrecía una esplendida vista del mar, de la costa, del horizonte. El sol era ardiente, pero también había mucha brisa.

Mucha gente se encontraba ahí tomando fotos, fumando y viendo el mar, ¡el calor era terrible!. Lastima que este viaje fuera tan breve pues es una experiencia increíble eso de estar en medio del océano y andar en un barco tan grande y tan bonito.

Llegamos a Tarifa y la señora se nos perdió. Salimos del puerto para encontrar un transporte.

¡Ahí si fue el problema!, porque a pesar que podíamos entendernos con el idioma, no encontrábamos un bus para ir al pueblo, cogimos un taxi y este señor quería llevarnos a Sevilla por 200 Euros (o sea mas caro que en avión); decía que desde Tarifa no había bus para Sevilla; ¡y esto era cierto!. Sin embargo, por suerte vimos un bus que precisamente iba a Algeciras, en donde si podíamos tomar el que nos llevara a Sevilla; así que tomamos el bus por el valor de 1 Euro cada una. El trayecto no duro ni veinte minutos..

En Algeciras un poco perdidas, pero logramos encontrar el paradero del bus que nos llevaría a Sevilla, por el valor de 10 Euros cada una.

Algeciras, tiene una avenida de playa, con muchas palmeras, faroles, restaurantes, comercio etc. ¡Se veía todo tan diferente de Marruecos!..

Ya empezó a darme la nostalgia de haber dejado atrás ese país maravilloso, pintoresco y árido. “pero maravilloso”. Todas esas gentes, risueñas y afables, su té verde a la menta. Sus mezquitas; ¡ y todos esos lugares encantados!..

Esta parte de España para llegar a Sevilla, es montañosa, muchos árboles y vegetación, además se ven como en Málaga muchos molinos que dan gran belleza al paisaje. ¡Yo sin embargo extrañaba lo árido y desértico de Marruecos!. Lo bueno era que ya podíamos entender lo que hablaban los del bus, los de por la calle, los de todas partes.

Entrando ya en Sevilla con sus múltiples puentes, avenidas monumentos etc. Se siente el cambio. La gente por las calles. Las mujeres con unos atuendos muy modernos de faldas, blusas muy descotadas, peinados muy sueltos y “mucha gracia”.

Observando la arquitectura del lugar: Hay mucho de Marruecos ahí, casas con fachadas en mosaico y muchas de sus demás edificaciones con detalles árabes en sus arcos y paredes etc.; seguramente en toda Andalucía más que en el resto de España...

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