La mañana estaba en ciernes cuando te conocí.
El rocío te cubría, frágil y etérea,
dinámica y decidida. Todo lo que se puede esperar
del día, allí estaba. Dolor y reveses no
te eran ajenos, solo te templaban.
Me uní allí contigo. Fundí mi alma
a tu estela.
Hermosa como hoy estabas, restaba que explotara tu adultez
que hoy muestras para envidia de las rosas. Con pasión
y amor logre ser parte de tu alma, la mía era tuya
desde el alba.
Uní tus labios a los míos en una rápida
y furtiva jugada. Los minutos de la vida fueron fluyendo,
como todos, como ninguno en tu compañía.
Será por ello que cada día valoro más
mi tesoro, tu presencia.
Yo tengo una deuda, mi mente se nubla y oscurece, con
la idea de no ser por un segundo, el eje de tus miradas.
Lo asumo como un castigo por tu gracia.
prendí más de lo que di, tenlo por seguro.
Solo te pido que seas, cerca del mediodía, contención
justa y segura. Tolérame con tu ternura, quiero
afrontar juntos el desafió de gozar las diferencias,
de conocer tus desvelos, de contenerte y contenerme, de
enseñarme, sin pausa y sin resuello.
Quiero ir por más y más lejos,
para seguir creciendo juntos,
hasta alcanzar el crepúsculo,
y que nuestra luz sea eterna.
Elena deambulada. Mejor erraba. Sus pasos no seguían
una dirección precisa, un titiritero de Baco de
guiaba? Alternaba adelante y atrás, con izquierdas
o derechas.
La fuente, próxima a su última cavilación,
le sirvió de posta. No se alejó de allí
por un largo tiempo.
Los tránsitos de Elena, siempre esquizofrénicos,
daban al final con la fuente. Su rostro mudaba. Nada podía
leerse de sus gestos; el rictus de su cara jamás
demudaba.
Los que la rodeaban, posesos por otras sinrazones, poco
podían inferir de sus trayectos. En la libertad
de sus locuras, en sus mundos inconexos; en sus traumas.
Fidel armado de cordura, cruzaba cansinamente el parque
y melindroso la acercaba hasta la mesa de la cena.
La amaba de forma pura y casta. La lucha con su mente
era saber de que o como rescatarla. Concluyó en
una estrategia, un plan que pudiera darle algún
indicio. Al terminar la cena, a diferencia de mil noches,
evitó que Elena fuera medicamentada. Aguardó.
El silencio de los mantras desquiciados poco a poco menguaban,
dejando paso a una quietud y calma densa. Nada tenía
el pabellón del olor de los azares o las rozas
del parque. Dueños eran los acres hedores de colchones
y mantas, forzados a contener los espasmos de libertades
atadas.
Creyó ver en los ojos de Elena un destello distinto,
podía ser la sombra que lúgubre reinaba
allí o un rasgo de su propia esperanza. La tomo
del brazo ansioso; con sigilo avanzaron a gatas por escaleras
y pasillos hasta dar con la salida.
La fuente no les sirvió de destino. Buscaron otros
distintos. Elena en su desvaír pleno, Fidel, en
un mero acompañamiento, buscaron por los caminos
ser libres -en sus locuras- como las hojas y el viento.
Debe ser un trayecto largo.
Inquebrantables desde su morada.
Encierran la energía del sol para ser nubes de
mil formas endiabladas.
Apacibles o furibundas, impactan la calzada.
Se deslizan en la gente, convirtiéndose en cascada.
Cuéntenme como lo hacen, cuerpos simples y sencillos
de formas redondeadas.
¿Donde reside la magia, como sigue esta zaga?
Miles y miles de años sin pretender otra cosa,
que ser una sencilla gota de agua.
BREVE BOSQUEJO
DE LA INSPIRACIÓN, SUEÑOS Y GATAS
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Insistencia, perseverancia u obstinación; todo
es inútil cuando las ideas no surgen. Ni musas
ni ideas hacen su aparición quedando la mente en
blanco. Más aún, pareciera que la tozudez
combatiera su llegada.
En contadas ocasiones me sucede lo mismo con el sueño.
Cuando deseo conciliarlo y no fluye normalmente, mis ojos
y mi mente se aferran a la vigilia.
Muchos logros de la vida poseen sustento en la insistencia,
el empeño o la porfía. Encuentro en la inspiración
o el sueño un paradojal contraste.
Sírvase el lector compartir una experiencia. He
tenido por mascota ha varias gatas. Estos amables y renuentes
seres demuestran con su accionar, y que Lorenz me perdone,
una serie de artilugios de comportamiento fácilmente
asimilables al díscolo camino del sueño
o la inspiración.
Nadie podrá gobernar son ciega obediencia a un
felino. Su voluntad es propia y no hay condicionamientos
que, a priori, garanticen un proceso causa-efecto. Orden
y acción no se encuentran en su lógica.
Se puede interactuar con ellas, nunca subordinarlas. Tomar
un vaso de leche o pensar en soluciones no tradicionales,
así solo así, como hecho aislado, nunca
-al igual que con las gatas-, podrá atarse al hecho
de dormir profundamente o solucionar el final de un cuento.
Sin embargo, se puede coquetear con ellas, hacer algo
más previsible el devenir. He aquí el secreto.
La gata es esquiva, pero comprende el cariño. A
quién la alimente, le solicitará comida.
El cuando, lo verá ella. Pretenderá mimos
pero su dosis, modo y oportunidad no tendrá patrón.
De allí que no cualquiera pueda tolerar a una gata.
Sin embargo entendiendo sus procesos el regocijo es inmenso.
A caramba, Ud. pretende a esta altura, haber consumido
un decálogo de irrefutables medidas para dormir
placidamente o llenar su cabeza de ideas ingeniosas para
su pluma?
Lamento no seré útil, es que he estado hasta
ahora embelezado con mi gata y como verá, me ha
permitido escribirle estas palabras.
Irradiar perfumes y colores, sentimientos y emociones,
describe a algunos seres. Lo que es casi imposible para
algunos, es natural para otros. Un aura prístina
delata a los galardonados.
Se desconoce quién, sin gozar del don, pueda
pretenderlo encontrándose solo. Siempre han sido
proyectados, elevados y destacados por otros seres. El
amor, la suerte y la perseverancia, los han puesto a su
lado.
También ocurre con las pasiones, unos las portan
gallardos; otros las cargan pesadas. Y si de piel hablamos
soy como la braza, muero si no soy atizado.
Me reconozco sin el don, pero sí afortunado,
me acompañas desde siempre, y yo siempre estaré
a tu lado. Me proyectas y me elevas; yo te hundo en mis
tinieblas y de allí me rescatas, mis fantasmas
toman cuerpo si la locura me alcanza.
Evítamela. Susúrrame cual brisa, dame
cobijo y calor en tu cama, dale arpegios de arco iris
a mis mañanas, no me abandones de noche donde nada
es calma.
Obnubílame con pasión, cual gotas de mandrágora.
Mi tarea será escasa, adorarte como ahora, como
antes, como nunca, no me cuesta nada y la recompensa será
inmensa, refulgir como tu aura.
La hojarasca cubría el sendero con reflejos crueles.
Las ramas se retorcían como garras de un animal
horrible. La quietud del ruido, preanunciaba lo inminente.
Una zarpa brutal cortó el aire como un suspiro.
Quien contara a los vivos de esas tierras notaria una
falta.
Grok, solo podía contener su espanto. Sabía
su suerte si se evidenciaba. Contuvo todo reflejo de su
presencia, solo aquel que no gobernaba, fluía y
lo ponía en evidencia. Se ufanó de ser capaz
de algo o de saberlo; de aquella inmovilidad forzada o
de conocer su destino. Vog, lo percibió, y no existió
(ni existirá) la partícula de tiempo que
mida lo que separó vida y muerte. El páramo
volvió a su espectral secuencia.
Los seres de tierras cercanas conocían este trozo
del averno. El temor de mencionarlo los paralizaba. Todo
era como parecía. Nada podía anteponerse
a la naturaleza de Vog.
Sobre la senda inmunda se aventuro Nosing, aún
a sabiendas del peligro. Deliberado y desafiante quebró
una rama, tosió y prendió fuego. Su suerte
estuvo echada.
Vog se alimentó de nuevo.
Nada hay más repulsivo que la vanidad encarnada,
Vog vive en este tiempo, mudando de alma en alma.
Anida dentro cada ser que se jacta, para instantáneamente,
dejarlo sin nada.
Vog -la vanidad-, ser y alimento, castigo y condena, son
una misma entidad.
Vog será un eterno trotamundos.