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PIEL OSCURA, NATURALEZA IMPERFECTA: EL LEGADO TEOLÓGICO Y LITERARIO ESPAÑOL FRENTE A LA ESCLAVITUD DEL NEGRO AFRICANO


Por A Harold Rincón
djwilsonmax@yahoo.es

 
Sometidas a la esclavitud por parte de los imperios coloniales de la época, parte de las sociedades africanas constituyeron la fuerza de trabajo primordial utilizada en trabajos agrícolas, mineros y domésticos que se llevaban a cabo en las respectivas metrópolis y en lo territorios coloniales de ultramar, donde se argüía la supuesta destreza y resistencia física de esta población a la hora de realizar las arduas labores a que eran sometidos; argumento que en innumerables ocasiones se apoyo en la complexión física de estos individuos y a la concepción acerca de la tonalidad oscura de su piel, la cual jugaría un papel importante a la hora de dirimir las principales razones que justificaban su sometimiento y su supuesta adaptación a las faenas de trabajo colonial.

Indudablemente, uno de los elementos claves a tener en cuenta a la hora de argumentar el sometimiento de los africanos fueron aquellas ideas acerca de la esclavitud natural derivadas del pensamiento griego, específicamente del aristotélico. Si bien al interior de dicho pensamiento no se explicito de manera abierta y directa, la posible relación entre complexión corpórea y el sometimiento de las poblaciones esclavizadas, indirectamente el pensamiento aristotélico alude a la supuesta relación de belleza física con perfección, lo que nos hace deducir que para entonces se vislumbraba de cierta manera una relación un tanto encubierta entre un determinado prototipo físico de humanidad y su sometimiento. Con el paso de los siglos y con el apogeo del pensamiento cristiano en Occidente, dicha concepción aristotélica se complementaría con los pronunciamientos y disertaciones de la iglesia en torno a la relación pecado – humanidad, precisándose inclusive la ascendencia de aquellas poblaciones africanas sometidas y su posible conexión con el estado de pecado original tan promulgado por el orbe católico. Es así como algunos pronunciamientos teológicos en torno a la posible relación entre la complexión física y la tonalidad de la piel, influirá a posteriori en otros discursos y formas de concebir el mundo de entonces, siendo plausible específicamente en la literatura de la época.

Para facilitar el desarrollo de este artículo, el presente texto se dividirá en dos partes fundamentales: en primera instancia abordare la teoría de la esclavitud natural expuesta por los filósofos clásicos – específicamente Aristóteles -, retomado posteriormente por algunos juristas y teólogos ibéricos a mediados del siglo XVI. Seguidamente haré alusión al pensamiento teológico surgido de la escuela de la renovación o Escuela de Salamanca que influiría en la concepción, reprobación y/o justificación de la esclavitud africana por parte de la iglesia y de las coronas española y portuguesa, aspecto que permitirá contrastar los diferentes pronunciamientos frente a la esclavitud africana. En este apartado se hará evidente el silencio emergente entre algunos teólogos y juristas de la época.

En la segunda parte me detendré en las ideas reinantes que se daban en la mentalidad de la España de la Edad de Oro donde la pigmentación y el aspecto físico de los negros era uno de los temas centrales de las obras de teatro y de la literatura clásica hispana; idea que posteriormente influiría en el surgimiento de categorías de diferenciación para aquellos negros llegados a América.

A través de este texto es de mi interés converger la visión teológica propia de la mentalidad religiosa de la época con el pensamiento sociocultural de entonces, donde la literatura jugó un papel importante a la hora de interpretar la sociedad y la cultura ibérica de estos siglos.

Finalmente quisiera agregar que el presente artículo surge de un ejercicio académico realizado hace poco más de un año, cuando por interés personal escogí esta temática como eje central para desarrollar como tema de investigación final dentro de la asignatura de Historia de América Colonial, la cual hace parte del programa académico de Áreas Integradas que se adelanta en la Universidad Nacional de Colombia, sede Amazonía; temática por la cual me he interesado profundizar, ya que considero importante ahondar en la mentalidad sociocultural de entonces para así poder entender la manera como se justificaría o argumentaría el sometimiento a las poblaciones halladas en territorio colonial.

Solo me resta decir que las ideas y el texto que contiguamente planteo, es de plena responsabilidad y autoría de quien escribe, basándose en fuentes y bibliografía que he escogido como pertinentes al desarrollo del presente artículo, y que por lo tanto, el enfoque y perspectiva del mismo es producto de la lectura e interpretación de quien escribe el presente escrito.

De Aristóteles a los eruditos y doctos de la teología escolástica renovada: un breve recorrido por la concepción de diferenciación corpórea desde la antigüedad.

Los pronunciamientos de Aristóteles en torno a la servidumbre y esclavitud, serán objeto de estudio y análisis durante los siglos venideros por parte de diversos estudiosos interesados en la materia. Al respecto, Aristóteles decía que la esclavitud es un régimen socioeconómico que hacía parte inclusive de la misma estructura familiar, principal eje de la sociedad que para entonces describía: “ la familia debe componer dos elementos claves: los esclavos y los hombre libres”; esclavos que eran categorizados en dos clases específicas: “(...) los que nacen en el seno de una familia esclava y los que se dejan llevar por las condiciones bárbaras”.(1)

Aristóteles plantearía entonces, que el esclavo por naturaleza se hacía sujeto de dominio de sus condiciones físicas, al punto de que alma y mente muchas veces llegaban a supeditarse a lo corpóreo. Para profundizar en esta temática, Aristóteles toma por modelo la sociedad griega de entonces, donde contrasta la elite social e intelectual en contraposición a aquellos individuos dedicados a los trabajos agrícolas y labores manuales que requerían el desempeño físico diario, quienes – según Aristóteles - no contaban con el tiempo suficiente para ejercitar su mente teniendo por única alternativa, la aceptación de la dominación de otros con supuestas capacidades mentales superiores.

La relación arbitraria entre hombres libres y esclavos se acentuaría aún más en Aristóteles, cuando éste plantea que la naturaleza crea a los hombres con diferencias corpóreas: mientras a unos les instaura un cuerpo erguido para ocuparse de las labores de la vida civil – ciudadanos -, a otros – esclavos -, un cuerpo fuerte y rudo, necesario para trabajos que requieren el empleo de la fuerza bruta (2). Es evidente que aquí, Aristóteles además de referirse a la complexión física de los ciudadanos (hombres libres) Vs. esclavos, apunta a relacionar el estado de perfección de un individuo con un estilo de belleza corpórea que combina la esbeltez y presencia física con una disposición y manera de ser específica; estado de perfección o imperfección que se articula con el hecho de ser o no ser esclavizado (3): la belleza corpórea común en los hombres libres que se contrapone a la imperfección, rigidez y presencia de rasgos “monstruosos”, supuestamente características propias de los llamados esclavos.

El discurso de los autores paganos específicamente el aristotélico, que expondrá una diferenciación corpórea vista desde la perfección y la belleza, convergerá con los conceptos religiosos de la época, los cuales para explicar el origen de algunas poblaciones hasta el momento contactadas y en su mayoría desconocidas para Occidente, recurren a algunos episodios bíblicos donde estas poblaciones se les relaciona con aquellas tribus descendientes de los hijos de Noe y condenadas por este patriarca (4). Es así como desde la concepción teologal se concibe el origen de estas poblaciones y específicamente la africana, en un hecho considerado como pecaminoso que en cierta medida opaca y desluce el devenir futuro de dichas sociedades, las cuales desacertadamente quedan relacionadas con la caída de la parte de la humanidad en estado pecaminoso, oscuro, impuro y en ultimas imperfecto, que tanto se recalcará desde la concepción religiosa y que se relacionará con la concepción que para entonces se tenía frente a la complexión física y a la pigmentación corpórea de algunos pueblos y sociedades (5).

A pesar de que el seno del cristianismo y de la iglesia católica se proclamó la igualdad entre los hombres (" Dios ha creado a los hombres libres e iguales, la sujeción del hombre a otro hombre no es propia de su naturaleza original, sino de su condición presente” ) (6), es importante recalcar que algunos planteamientos realizados por grandes personalidades de la iglesia, se centraron en relacionar la caída en pecado de los predecesores de ciertos tribus hebraicas con un período de confusión que se dio en parte de la humanidad, donde el estado pecaminoso se concibió con la lobreguez no solo mental sino física evidente a través de la negrura, la penumbra, la opacidad.

Es así como la pigmentación cutánea del negro es tipificada como evidencia de esa caída en pecado; pigmentación que supuestamente rememoraba las actitudes pecaminosas, relajadas y obscenas de algunos de los descendientes de Noé malditos por el patriarca y que a posteriori se les consideraría seres inermes y ociosos que debían ser sometidos para controlar sus inclinaciones, pasiones y apetitos. Es así como poco a poco la piel oscura se relaciona con calificativos que refieren a un estado indecoroso, rezagado y remiso especialmente en lo espiritual, que se contrapone a la supuesta moderación espiritual y agilidad mental propia de la poblaciones «blancas» de Occidente, quienes a diferencia de los negros, su misma complexión y caracterización física denotaba supuestamente la superioridad de capacidades y aptitudes mentales.

Poco a poco, la concepción sobre belleza corpórea y su relación con la naturaleza espiritual, sería abordada hasta por las mismas formas de expresión artísticas propias de la época, donde se asociaría lo negro a lo imperfecto, oscuro y pecaminoso, lo que conducía a pensar en su posible relación con lo diabólico (7). Paulatinamente, el termino “negro” obtendría un valor de carácter peyorativo asociado a lo feo, a lo inferior y a lo salvaje, características que sirvieron como argumento a la hora de justificar el sometimiento de aquellas poblaciones de hombres y mujeres de tez oscura (8).

Dichas concepciones expresas a través de las manifestaciones artística y culturales de la época, nuevamente fueron apoyadas por las diferentes interpretaciones que para entonces los teólogos, doctos y dogmáticos de la época dieron en cuanto a lo sucedido en el episodio bíblico de la maldición de Noé hacía su hijo Cam; episodio y explicación que fortalecería mucho más las categorías peyorativas de aquellas poblaciones negras descendientes presupuestamente del imprecado hijo del patriarca. Si bien, en el siglo XVI se promulgó en territorio ibero una corriente teologal renovada (9), ésta continúo teniendo como base de sus pronunciamientos las Sagradas Escrituras con sus innumerables episodios bíblicos que sirvieron para justificar o reprobar la manera como inclusive las coronas estaban conduciendo los territorio y poblaciones hasta el momento descubiertos.

En el caso específico a la esclavitud, fueron más conocidos y podría decirse numerosos, los pronunciamientos que teólogos y doctos hicieran desde la afamada Escuela de Salamanca en contra de la reducción a estado de esclavitud de las poblaciones amerindias; en tanto que se reveló cierto mutismo frente a la situación de sometimiento y cautiverio de los negros africanos, apreciados hasta entonces por la iglesia como los descendientes de Cam que heredaron de su ancestro su condición pecaminosa (10). No obstante los exiguos pronunciamientos frente a la situación del negro esclavizado se centrarían específicamente contra el tráfico de esclavos hacia nuevas tierras y no contra la institución o el mismo régimen de sumisión a que eran sometidos los negros africanos (11).

Es así como en los siglos XVI y XVII, teólogos y voceros de la iglesia reflexionaron tangencialmente acerca de los supuestos nexos entre lo pecaminoso y la tonalidad de la piel apoyándose en las Sagradas Escrituras y dirimiendo que era posible explicar el sometimiento de las poblaciones esclavizadas teniendo como base su condición de pecado. Podría decirse que esta concepción dilataría en cierta manera la discusión en torno a la abolición de la esclavitud africana, llegando incluso a promover entre teólogos y doctos de la iglesia, un silencio casi que sospechoso.

Si bien entre las principales justificaciones a las cuales se recurrió para razonar acerca del por qué de la vigencia de la esclavitud africana en contraposición al siempre criticado sometimiento de los aborígenes americanos, se argumentó la existencia de esta práctica desde tiempo remotos ( "unos negros sojuzgaban a otros y los retenían a su servicio o los vendían" ) (12); práctica que fue retomada por los europeos del Mediterráneo como parte de su sistema socioeconómico. No obstante, el argumento que empuñó durante muchos años la iglesia fue la de declarar a los negros africanos como individuos y sociedades, algunas de las cuales, eran adversas a la fe cristiana; argumento que es clave a la hora de entender por qué el papado – especialmente Nicolás V -, justificó la acción de los portugueses en pleno continente africano y “bendijo” en cierta medida, el trafico negrero lusitano (13).

En la sociedad ibérica de los siglos XVI y XVII, donde la mentalidad religiosa supeditó indiscutiblemente los aspectos sociales, políticos, económicos y culturales de la época, es más que lógico que al interior de dicho contexto sociocultural se consolidara poco a poco las ideas, pensamientos y reflexiones emanados de los llamados eruditos y doctos eclesiásticos, llegando a permear las diversas expresiones y manifestaciones culturales emergentes en la época, entre las cuales se encontraría la literatura desde la cual se haría evidente el imaginario y la mentalidad religiosa preponderante en esta época.

A continuación, me referiré brevemente a la manera como la literatura de la llamada Edad de Oro se pronunciaría en torno a la concepción del africano como esclavo, resaltando nuevamente la relación de la tonalidad de la piel y su condición de sometimiento.

La literatura de la Edad de Oro de España y la concepción del africano como esclavo

Adentrándonos de una en la manera como la literatura española del llamado Siglo de Oro concibió las diversas categorías con respecto al negro africano, podemos decir que dicha categorización surge a partir de la supuesta correspondencia entre pagano y salvaje; categorías que serían complementadas con la concepción del gentil negro como maximización del estado de imperfección. Debido a esta supuesta situación en la que se hallaba el negro se consideraba como prioritario sacarlo del aparente estado de miseria espiritual en el que se encontraba en contraposición al cristiano blanco.

En el caso especialmente hispano, se considero a los negros africanos como seres humanos en desigual condición al blanco europeo, ya que su estado de imperfección relacionado con lo anómalo y la fealdad – enfatizando en este último como desproporción e irregularidad especialmente en la complexión física -, no les permitía equipararse al hispano (14). Al respecto, la literatura ibérica del Siglo de Oro retoma esta concepción y la fusiona con la terminología y vocablos empleados en el contexto ibérico para referirse al negro y que en su mayoría hacían alusión a su complexión física y especialmente, a la pigmentación de su piel (aunque se referirán a los negros africanos como “etíopes”, los demás son alusivos a su color de piel: “cara quemada”, “morenos”, “prietos”, “pardos”, entre otros).

Los corrientes vocablos referente a las características físicas de los negros son pues la base para señalar la manera como los españoles y concretamente su literatura testifica las constantes tensiones que en la sociedad de la época se daban entre hispano y la población negra africana, donde se enfatizaba la supuesta naturaleza diferente entre unos y otros. Es así como las características físicas de los negros con respecto a su piel, cabello y fisonomía facial (ojos, nariz y boca) se convirtieron en señales o marcas que caracterizó a un estamento social que ya hacía parte del contexto sociocultural hispano.

Un tema recurrente en la literatura de dicho siglo es el alusivo a la manera como se sustrajo a la población africana de su continente original, aspecto que incidiría para que desde la propia perspectiva literaria se planteara al negro africano como individuo carente de una identidad cultural definida, por lo que la comunidad literaria hispana de entonces lo representaría como seres un tanto pueriles, indefensos y regularmente graciosos; representación que conllevaría a que desde la literatura se minimizara la verdadera condición de cautiverio y maltrato a que se veía sometido el negro africano.

Prácticamente podría decirse que el negro africano protagonista de las comedias y de las narraciones literarias del Siglo de Oro, es un individuo recreado por el contexto sociocultural hispano, donde se le presenta como un ser que acepta inerme su condición de esclavo y que debido a su asentimiento por su miserable condición, poco a poco se torna un ser gracioso, sin inteligencia alguna, con un lenguaje incorrecto o rustico que buscaba el ascenso social.

En el escenario del teatro y la comedia, el papel del negro era representado por actores blancos que se pintaban las manos y la cara de color negro y que además con su personificación recurrían a emplear metáforas que aludían a la suciedad, impureza, oscuridad o sombra; condición que era combinada con la caracterización festiva del negro, representada a través del baile.

Poco a poco la manera como se representaba al negro africano se extendería a otros contextos literarios europeos e inclusive se desplegaría hacia el continente americano donde la realidad era disímil al imaginado mundo literario.

A manera de conclusión.

El silencio de algunos teólogos y juristas con respecto al tema de la esclavitud africana, la manera hipotética como los literatos y comediantes de la época identificaron y clasificaron la supuesta naturaleza disímil entre blancos y negros y los argumentos dogmáticos de la iglesia basados en la Sagradas Escrituras permitió que se vieran a las sociedades negras africanas con desprecio siglos mas tarde, generando sentimientos de discriminación hacia individuos y sociedades que se diferenciaron culturalmente de los ibéricos. Poco a poco se relacionaría su condición de sometimiento con características fisonómicas específicas que ayudaría a justificar su sumisión.

En lo que respecta al legado literario español del Siglo de Oro, podría decirse que hasta nuestros días se siguen empleando las categorías y caracterizaciones burlescas enraizadas inclusive en la mentalidad de la sociedad occidental, la cual en tono irónico ha tendido a ridiculizar al hombre de tez oscura, a quien se le sigue estigmatizando por su configuración física y especialmente por su pigmentación.


(1) En Grecia se denominaba « bárbaro » a todo aquel que no hablara la lengua griega. En tanto que en este mismo contexto sociocultural, se consideraba que los hombres que nacían para servir supuestamente carecían de razón y mientras que su fuerza física iba en aumento, razón por la cual eran más que aptos para llevar a cabo trabajos rudos. Justamente esta diferenciación, en donde algunos hombres aparentemente poseían mayores capacidades mentales y racionales que otros, era el argumento predilecto para justificar la superioridad y dominio de unos sobre otros. (ARISTÓTELES. La política . Madrid: Alianza Editorial, 2000. Serie El libro de bolsillo. Biblioteca temática. Clásicos de Grecia y Roma; p 206. Al respecto S. Zavala afirma que la distinción y diferenciación entre hombres libres y esclavos que se dio en las sociedades clásicas es de corte convencional, producto de un supuesto en donde unos hombres distaban entre sí de acuerdo a sus supuestas particularidades mentales y físicas; razón que justificó la relación injusta basada en la fuerza. [SAVALA, Silvio. 1992. Defensa de los derechos del hombre en América Latina . Cáp. I. Pág. 13 – 71. En: Por la senda hispánica de la libertad. Editorial Mapfre. México, Fondo de cultura económica. ]

(2) ARISTÓTELES. La política . Madrid: Alianza Editorial, 2000. Serie El libro de bolsillo. Biblioteca temática. Clásicos de Grecia y Roma; Pág. 53. Cáp. V. libro I.

(3) “Pero lo cierto es que si los hombres fuesen siempre diferentes unos de otros por su apariencia corporal, como lo son las imágenes de los dioses, se convendría unánimemente en que los menos hermosos deben ser los esclavos de los otros; y si esto es cierto, hablando del cuerpo, con más razón lo sería hablando del alma; pero es más difícil conocer la belleza del alma que la del cuerpo”. ARISTÓTELES. La política . Madrid: Alianza Editorial, 2000. Serie El libro de bolsillo. Biblioteca temática. Clásicos de Grecia y Roma. pg. 53 (Cáp. V. Libro I).

(4) GALLEGO, José Andrés y GARCIA AÑOVERES, Jesús Maria. La iglesia y la esclavitud de los negros . Pamplona: Ediciones Universidad de Navarra S.A., 2002. pg. 61 – 62.

(5) GALLEGO, José Andrés y GARCIA AÑOVERES, Jesús Maria. La iglesia y la esclavitud de los negros . pg. 62 – 63.

(6) ZAVALA, Silvio. Servidumbre natural y ... p.23.

(7) En el trabajo de Guadalupe Mejía Núñez se vislumbra la relación estrecha entre lo negro y lo diabólico cuando la autora se refiere al caso de los artistas de la época, quienes a la hora de reconocer con recelo la belleza y atractivo de algunas mujeres negras, no dejan de lado los pronunciamientos que aluden a lo diabólico como explicación de este atractivo. MEJIA NUÑEZ, Guadalupe. La mulata en la expresión artística . México: Universidad de Guadalajara, Sincronía otoño, 2002.

(8) La autora al respecto cita a Rene Dépestre, quien asegura que se generalizó la en la sociedad hispana la relación supuestamente existente entre la tez oscura y la condición de esclavitud, donde el color negro se asociaba además como la fealdad y la maldad. MEJIA NUÑEZ, Guadalupe. La mulata en la expresión artística . México: Universidad de Guadalajara, Sincronía otoño, 2002.

(9) BELDA PLANS, Juan. La escuela de Salamanca y la renovación de la teología en el siglo XVI . Madrid: Biblioteca de Autores Cristianos, 2000. p. 5 – 139.

(10) Sin hacer parte de la llamada Escuela de Salamanca que promulgaba una teología escolástica renovada, en el Nuevo Mundo se dieron casos como el del dominico Bartolomé de Las Casas, quien se opondría a la esclavitud indígena sugiriendo de manera directa la necesidad de importar y fomentar la presencia de esclavos negros de africanos hacia América como estrategia para preservar las poblaciones amerindias BRADING, David. “El gran debate”. En: Orbe indiano, de la monarquía a la republica criolla. 1492-1867 . México: Fondo de Cultura Económico, 1991.

(11) GALLEGO, José Andrés y GARCIA AÑOVEROS, Jesús Maria. La iglesia y la esclavitud de los negros. p. 72.

(12) GALLEGO, José Andrés y GARCIA AÑOVEROS, Jesús Maria. La iglesia y la esclavitud de los negros . p. 16. Desde este mismo enfoque D. Estevao Tavares Bettencourt, OSB en su artículo “ O trafico negro no Brasil e a Igreja” (página Web http://www.presbiteros.com.br/Hist%F3ria%20da%20Igreja/Trafico.htm) señala: “Las tribus del África Occidental practicaban la venta de hombres negros como esclavos. Procuraban asimismo los vencedores en la guerra obtener algún lucro de la victoria: intercambiaban por dinero o mercancías a los prisioneros adversarios; quienes preferían ser vendidos como esclavos que permanecer bajo el dominio de los africanos vencedores; estos trataban ignominiosamente a los vencidos” (traducción mía).

(13) GALLEGO, José Andrés y GARCIA AÑOVEROS, Jesús Maria. La iglesia y la esclavitud de los negros . p. 19 - 20.

(14)MOLINERO, Fra Baltasar. La imagen de los negros en el teatro del siglo de oro. México : Siglo Veintiuno Editores, 1995. p. 8.


Bibliografía:

Anderson, Kerby. La raza y las cuestiones raciales. http://www.probe.org/espanol/raciales.html

ARISTÓTELES. La política . Madrid: Alianza Editorial, 2000. Serie El libro de bolsillo. Biblioteca temática. Clásicos de Grecia y Roma; 8206. 362 p.

BRADING, David. Orbe indiano. De la monarquía a la república criolla. 1492 – 1867 . México: Fondo de Cultura Económica, 1991.

GALLEGO, José Andrés, GARCIA AÑOVEROS, Jesús Maria. La iglesia y la esclavitud de los negros. Pamplona: Universidad de Navarra, S.A., 2002.

MOLINERO, Fra Baltasar. La imagen de los negros en el teatro del siglo de oro. México: Siglo Veintiuno Editores, 1995.

MEJIA NUÑEZ, Guadalupe. La mulata en la expresión artística . México: Universidad de Guadalajara; Sincronía otoño, 2002.

OBREGÓN, Liliana. “Criticas tempranas a la esclavización de los africanos”. En : Afro descendientes en las Américas. Bogota: Universidad Nacional de Colombia, Instituto Colombiano de Antropología e Historia, 2002. pp.423 – 452.

ZAVALA, Silvio. “Defensa de los derechos del hombre en América Latina”. En: Por la senda hispánica de la libertad. México: Editorial Mapfre; Fondo de Cultura Económica, 1992. pp. 13 – 71.

ZAVALA, Silvio. Servidumbre natural y libertad cristiana, según los tratadistas españoles de los siglos XVI y XVII. Buenos Aires: Instituto de investigaciones históricas, Facultad de filosofía y letras; Peuser S.A, 1944.

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