- El rincón del poeta
- Relatos breves
- Libros digitales
- Trabajos de investigación
 
 
Cultura en general (museos, exposiciones, patrimonio, etc...)
Enseñanza de español y didáctica de otras lenguas
Cooperación, igualdad, dependencia, desarrollo, etc.
Publicaciones e información sobre el mundo del libro.
 
 
Publicar en Liceus



 

  Guías culturales

RELATOS


Por Iván Ruiz Muñoz
escritor82@hotmail.com


VIDA Y ESPERANZA

-¡Cállate ya!
El despertador suena por quinta vez y Andrés lo tira lejos de su alcance, pero...
-¡Riiing!
-¡Ya voy, ya voy!
-¡Riiing!
Cuando se levanta coge el despertador y se le escapa de las manos, haciéndose trizas. Es el tercero en un mes...
-¡A la mierda!
La mañana es apacible...Sin embargo, Andrés no la aprecia así...
Es su segundo día de baja laboral, de ausencia en la acerería debido a que...
-¡Y ahora a joderse, como siempre!
A sus treinta y dos años, cada día le parece igual: deja sonar el despertador, lo para después de cinco minutos, se levanta, oye el crujido de la cama, va al lavabo y siente un intenso dolor al orinar…
-¡Ah! ¡Malditos huevos!
Se ducha, desayuna, saluda a la vecina del quinto que habla con la del cuarto y llega a la planta baja...
-¡Qué pase un buen día Andrés!-le dice otra de ellas, que sonríe al verle, cuando va camino del portal.
“En mi piel me gustaría verte, payasa...”
-¡A limpiar!
-¡Amargado!
Cuando sale a la calle se dirige con paso lento hacia la parada del autobús, una de las muchas en el centro de Barcelona...
“Me tengo que sacar el carné de una vez. ¡Siempre lo mismo! ¡Tenga o no que trabajar, a esperar! ¡Y todo por culpa del mastodonte del chofer! ¿Por qué me toca siempre el mismo?”
Cuando llega a la parada reconoce a un anciano que...
-¿Me puede dar un pañuelo, joven?
-¿Usted vive sentado aquí? ¡Le ofrecí un paquete ayer!
-Sí...Ahora lo recuerdo.
“¿Llegaré a su edad?”
-¡Diez minutos de retraso, abuelo! ¡Seguro que conduce el feo ese! ¡Precisamente hoy se forma esta caravana! ¡Y con el calor que hace!
-¡Déjame en paz! ¡Tienes hartos a todos los que vivimos en este barrio!
-¡Tonterías son las que tenéis en la cabeza, abuelo!
El autobús llega, finalmente, con treinta minutos de retraso...
-¡Buenos días! ¿Cómo llevas el día?-dice el joven chofer, que deja de hablar con una chica de pelo largo y rubio y que se aparta unos metros...
-¡Voy al médico y no puedo llegar tarde, coño!
-¡No me toques las narices!-le grita el conductor.
“No puede ser él”-piensa la chica...
-¡Un problema de huevos, tío!-le susurra Andrés al conductor, que le contesta de la misma manera:
-A mí, todos esos que están ahí sentados, también me tocan las pelotas cada día. Durante ocho horas tengo que aguantar a personajes como tú...y no pongo nunca una mala cara...Así que siéntate y calladito...¿O quieres que ese dolor se convierta en algo más que un mal de huevos? ¿Te crees que no me he fijado en ti y en tu manera de caminar?
-¡Jefe! ¡Arranque y deje de hablar!-grita una de las mujeres mayores que está sentada en la parte delantera del autobús...
Andrés se da la vuelta y siente la mirada de todos los que hay alrededor...
“No más problemas...Pero esto no va a quedar así...”-medita Andrés, que mira el periódico mientras percibe un olor que le es afín...
“Y ese...perfume...”
-¡Andrés, eres tú!
Deja el periódico en el asiento de al lado y levanta los ojos...Es ella...Esperanza...
-¡No puedo creerlo! ¡Cuánto tiempo!
-¿Pero sabes quién soy?
-¡Sí, Esperanza! ¡Claro que no te he olvidado!
-¡Me largué a Madrid! ¡Pero no me has reconocido cuándo entraste!
-No...
-¡Sigues con ese mal genio! ¿Pero que ha sido de tu vida? ¿Acabaste los estudios?
-No fui a la Universidad...Me pilló en una mala época...Ya sabes que me refiero a la muerte de...
-Sí, claro. Tus padres fueron maravillosos conmigo...-dice Esperanza.
-Por cierto...¿Recuerdas a Alberto, ese “amigo” que no se separaba de mí?
-¡Sí! ¡Aquel que no iba a clase y que siempre copiaba...!
-¡Pues compartí piso con él hasta que nos peleamos! ¡Quería meter a una fulana con nosotros! ¡Vaya cara dura!
-¡Tú siempre tan duro con la gente! ¡Aunque me han gustado siempre los hombres complicados, ya lo sabes! ¡Y tú lo eras mucho!
-Yo soy muy dulce, como el chocolate...-interrumpe Andrés, sonriendo...
-¿Dulce? ¡No! ¡Pero sí un tío divertido! ¡Podía ir al cine o al campo contigo! ¿Te acuerdas de las cosas que nos gustaba hacer? ¡Compartimos muchas! ¡Una pena que nunca me dijeras “te quiero”!
Una leve sonrisa se dibuja ahora en la cara de la joven, que mira a Andrés con sus habituales ojos risueños. El silencio se adueña de sus vidas durante diez segundos, en los que acaban escondiendo sus miradas tras las ventanas.
Habían pasado cinco años de su adiós, de su despedida en un andén...mientras ella le decía lo mucho que le amaba antes de marcharse a trabajar a Madrid...
-Creía que no volvería a verte...
Andrés calla...No sabe que decirle a la mujer que había compartido con él ocho años de su vida y que le mira fijamente hasta que...
-Me bajo en la próxima, Andrés...
-Y yo...
Los dos se quedan callados y salen a la calle cuando se detiene el autobús...
“¿Y ahora qué?”-piensa él, que camina despacio, intentando disimular el dolor intenso y el sudor que le cae por la frente...
-¡Voy al banco!
-¡Vaya Andrés! Pues te apunto mi número, por si algún día quieres tomar algún café conmigo.
-¡OK!
-¡Llámame! ¡No te olvides!
-Espero que esta vez no...
-¡Mejórate!-se despide Esperanza, que sale corriendo hacia otra calle...
“¿Qué me mejore?...¿Y cómo sabe ella qué...? En fin...da igual...¡Después de cinco años me la encuentro, justo ahora! Aunque también me mintió...Dijo que me quería y...Bueno, yo tampoco me preocupé por ella”
Su imagen va desapareciendo de su alcance pero su olor no...Andrés piensa y la recuerda como un soplo de aire fresco...
Esa mujer, su primer y único amor, le había enseñado todo lo que debía saber de las mujeres durante ocho años...
También ella le había ayudado a olvidar su adicción al alcohol y a las drogas que tanto habían obsesionado a los fallecidos padres de Andrés...Hoy esos problemas habían desaparecido, pero Esperanza...
“¿Qué hubiese sido de mí vida con ella?...¿Y por qué pienso ahora esto? ¡Venga Andrés, céntrate!”
Ahora poco podía hacer...Un médico manejaba su futuro en un sobre...
“-¡Es capaz de seguirme! ¡Recuerdo aquella vez que me persiguió para saber si le ponía los cuernos! ¡Y fue ella la que...!”
-¡Mierda! ¡Ah!
Andrés se lleva las manos a la entrepierna y acelera el paso ante las miradas ajenas, desesperado, secándose nuevamente el sudor de la frente...Piensa si esa es la última carrera de su vida...o si es la primera.
“Media hora de retraso...¿Y si ya es tarde?...Al menos pude ver a Esperanza...”
Sonriendo ahora sin cesar, cruza una larga calle y ve la puerta del ambulatorio. Entra decidido...
“Espero que no tarden en llamarme”
Justo cuando lleva medio minuto y la impaciencia le hace comerse las uñas...
-¿Andrés Heras de la Rubia?
-¡Yo!
-Entre por favor. Siéntese y espere a la doctora. ¡Relájese!
Andrés se acomoda en la silla. Mueve continuamente las piernas mientras mira un bote de perfume colocado encima de la mesa...Medita y sonríe...
“Este es el que usaba...”
-No queda duda, es algo pasajero...Podrás ir a tomar café conmigo, todos los que quieras.
Andrés se da la vuelta...Ahora no lo duda:
-¿Estás casada?
-Sí...-responde ella, que saca su cartera y le enseña una fotografía...
-¿Él?
-Sí...¿Quedamos esta noche?
Andrés sonríe al ver la fotografía y después al contemplar los ojos de aquella mujer rubia, risueña y aventurera, la que tantas noches de pasión le había ofrecido...
-¿Por qué no jubilas a tu marido como conductor de autobuses?...
Esperanza sonríe levemente y se acerca a su oreja:
-¿Quedamos o no?
-De acuerdo...pero si él...
-No habrá problemas...Se irá a beber con sus amigotes como cada noche...y después cuando vuelva...soltará la mano y...
-Shsss.
Andrés le tapa la boca, le acaricia la mano tras ver su desencajado rostro y se marcha...
No sabe, en ese instante, que esa noche los dos compartirán el mismo lecho, que se dedicarán a explorar sus cuerpos y a acariciar el éxtasis...
También desconoce que la mañana siguiente ella le abandonará sin avisar dejando un pañuelo blanco perfumado, en el suelo de la entrada del piso, en el que se puede leer: “Si quieres ENCONTRARME tendrás que...”
-¡Nunca entenderé a las mujeres!
Andrés tampoco imagina que su dolor en la entrepierna desaparecerá, que no encontrará a Esperanza en la consulta o al conductor que maltrataba a su mujer...
Ahora, tras buscar a Esperanza por toda la provincia y un año después de su encuentro en una consulta médica, Andrés ha vuelto a su piso barcelonés...
Sigue abriendo la puerta con la misma sonrisa y suspiros de antaño, con la esperanza de que el timbre de la calle, como un corazón malherido, vuelva a sonar y parezca la sinfonía más bella del mundo...
-¿Esperanza?
-¿Andrés? ¿Eres tú?
Un abrazo ansiado y un escalofrío prolongado finalizan con la entrega de un pañuelo perdido en el suelo y en el recuerdo...
-¡Esperanza! ¿Dónde estuviste todo este tiempo?
-Dejé a mi marido dos días después de la noche que tú y yo pasamos juntos. Luego me escondí para que no me...
-¡Deja las tonterías! ¡Explícame por qué huiste, coño!
-Yo sólo quería saber si me amabas...¡Y asegurarme que no me usabas como una fulana, como mi ex y otros!
-¡Yo nunca te traté así!...¿Y ahora vuelves? ¡Te estuve buscando como un loco durante un año!
-Lo sé, Andrés...Tuve noticias tuyas, pero decidí...espiarte...
-¿Cómo?
-¡Y sé que no funcionas en la cama con otras mujeres! ¡Porque en esos momentos piensas en mí!...¿Verdad?
-¡Calla un momento! ¡Y no sonrías de esa manera! ¿Cómo sabes tú eso?
-Las mujeres lo acabamos sabiendo todo, absolutamente todo...¿Por qué te pones colorado?...
-Bueno...¡Mejor olvidemos el asunto! ¿Entonces por qué viniste hoy? ¿A joderme con tus comentarios?
-Hoy dando un paseo pensé: ¿Y si me abriera la puerta ese cabezota que me volvió loca cuando era una adolescente?
-¡No me hagas reír!
-¡Contesta ogro orgulloso! ¿Seguirás buscándome estando juntos, Andrés? ¿Por qué estás tan frío conmigo, después de tanto tiempo? ¿No tenías tantas ganas de verme? ¡Dime cobarde! ¿Por qué siempre has tenido miedo a demostrarme que...?
-¿Te quieres casar conmigo?
Un corto silencio y una sonrisa de Esperanza contestaron a Andrés, antes de que se volvieran a abrazar y de que ella escribiera en el pañuelo blanco: “Si quieres ENCONTRARME tendrás que...APRENDER a BUSCARTE a ti mismo...”
-Felicidades...
-Entonces...¿Por fin estás contenta, cabezona?
-Sí, pero...
-¿Pero qué? ¿Aún dudas de mí? ¡Desde que te vi por primera vez supe que encontré la vida contigo, Esperanza...! ¡Seremos felices! ¡Te quiero!
-Ya no lo dudo, Andrés...Pero recordemos siempre: no hay amor verdadero sin sufrimiento...


FIN

CUENTA CONMIGO

-Rafa...por favor. Sabes que el fútbol es un deporte para tontos...
-Tú si que pierdes aceite, Manolo...Es el deporte nacional...¡Y el más noble!
Rafael y Manuel, conocidos del barrio madrileño de San Blas, hablan acaloradamente en el bar propiedad del primero, en una tarde de Agosto en la que Rafael no espera que en unos minutos...
-Mira...Por lo menos no tengo que pasarme toda la tarde viendo a esos como se pasan el balón y...
-¿Y qué haces?-le interrumpe Rafael, que limpia la barra con un paño húmedo y negro. En esos momentos no tiene a su lado a su mujer, la que le hace llevar esa indumentaria que a él le saca de quicio cada día. Y es que a sus sesenta y cuatro años, sólo espera unos meses para conseguir lo que lleva anhelando desde hace muchos años: una jubilación digna. Sin embargo muchas cosas le preocupan, una por encima de todas...Y no espera que esa misma tarde...
-Pues mira Rafa: hoy llegan mis hermanos de Alemania, que han pasado allí una temporada. Y tengo que estar con ellos. Haría cualquier cosa antes que sentarme delante de ese trasto. ¡Cazurro! Pero no te vayas...
Rafael ve el gesto que le hace con las manos, se aleja de la barra, friega tembloroso unos vasos y vuelve para decir:
-Si no fuera por mis problemas con los putos jueces...
-¿Qué, viejo?
-Te echaba ahora mismo del bar.
-¡Gilipolleces!
-Tu mujer sí me cae bien...
Manuel se quita el sudor de la frente y contesta señalando, acusador, a Rafael:
-¿De qué conoces a mi mujer?
-¿Ya sabes qué dicen en el barrio, Manolo?

-Tonterías...comparadas con lo que dicen de la tuya...¿Por qué será que cuándo atendéis los dos en el bar ella siempre está de mala leche?
-Cosas del trabajo.
-¿Eso crees?
Rafael calla y Manuel vuelve a hablar con una sonrisa en la boca que al propio Rafael, le resulta conocida...
-En el fondo me das pena. Desde que dejaste a Jonás en la ruina, no has sido la misma persona.
-¡No empecemos con eso, Manolo!
-¿Qué te pasa? ¿Te da miedo hablar?
-¡No!
Rafael calla de nuevo...y Manuel, dando un último trago a su copa de whisky, replica:
-Lo hundiste, es un pordiosero gracias a ti. ¿Sabes que está pidiendo en las estaciones?
-¡No!-exclama Rafael, que golpea con su puño la barra, temblando alguno de los vasos.
-La pelea y tus mentiras las ha pagado con creces. Y todo por pensar de forma diferente...¿Izquierda o derecha?...¡Qué absurdo!
-¡Qué te calles, coño!-grita Rafael, que se va a secar otros dos vasos.
-Podríais haber llegado muy lejos, tanto él como tú. Pero ni alcalde...¿Qué pena, verdad?
Rafael llega silenciosamente a la barra, mira de reojo al chico que se levanta y...
-¿No dices nada? Pues mejor...Yo me marcho. Te lo doy justo, para que no tengas que contar demasiado y no te canses. Que sé que tu mujer...
-¡Lárgate!-exclama Rafael, que tira el paño con el que seca los vasos hacia las mesas que se encuentran frente a él.
-Amargado-dice Manuel, que recoge sus cosas de la barra y se marcha sonriendo...sin que un nuevo grito de Rafael le impida después decirle en la puerta de la calle:
-Algún día deberás rendirle cuentas a Jonás.
-¡Fuera! ¡No quiero que vuelvas a mi bar! ¿Escuchas?
-¡Qué sí, viejo! ¡Y limpia las mesas! ¡Cómo echas en falta a tu mujer!
-Idiota...
En ese momento, el silencio se adueña del bar...como pocas veces al día...Y enciende la televisión, que se encuentra a unos cinco metros de la barra...
-El autor del robo al Banco Nacional ha huido por las calles de la ciudad sin, aparentemente, dejar ninguna pista a su paso. Todavía se desconoce su identidad, aunque la policía ha incrementado la actividad en la zona del robo y en toda Madrid.
-¡Los hay valientes!
En ese instante, Rafael sube la voz...y sonríe, incierto...antes de susurrar:
-Los tiene que tener bien puestos...al menos...
Pero esa sonrisa se convierte en un rostro más que serio...como el que enseña un perro viejo.
Tiene muy presente las broncas de su mujer y cada vez que le recuerda a Jonás, el que había sido su amigo, a pesar de sus insalvables diferencias políticas...Hasta que una pelea les separó y...
“Secaremos esto también. ¿Dónde estará esta mujer? Seguro que hablando mal de mí con alguna alcahueta...Parece que no ha salido del pueblo...”
Da la espalda a la televisión...y también a la puerta de la calle, por donde entra...
-Buenas tardes.
-Hola. ¿Qué des...?
Rafael se gira a su derecha...sin lograr ver a la persona que, en ese momento, se encierra en el lavabo.
-Tenía prisa el gachón.
Tranquilamente, va secando los cubiertos, los vasos y los platos, todavía algunos de días anteriores...
“Este fin de mes llegaremos justos. Creo que esto convencerá a Manuela de dejar el bar”
Se mira el reloj durante diez segundos, se seca el sudor de la frente con las mangas de su camisa a rayas rosas, vuelve a mirar la televisión y sonríe levemente, antes de volver a fruncir el ceño y pensar:
“Valiente, sí...pero...Bueno...Supongo que sus razones tendrá. Al menos ha conseguido unos momentos en la tele...no más que yo y Jonás...”
Y su rostro se vuelve más duro...mientras continúa secando cubiertos que va encontrando tirados por la barra. Hasta que...
“¿Es posible que tarde tanto ese tío? ¿Y si se ha quedado dormido? ¿Y si le ha dado algo y luego me echan la culpa? Vendría borracho...”
Rafael deja su tarea, se acerca a la puerta del lavabo, pone la oreja en ella y...
-¡Señor! ¿Está bien? ¡Qué la luz está muy cara!
Y sólo encuentra un largo silencio como respuesta...
-¡Abra!
Rafael golpea la puerta hasta que de ella...
-¡No!
-¡Sí! ¡Yo!
-¡Fuera de aquí! ¡Maldito seas, Jonás!
-¡No puedo, Rafa! ¡Porque...!
-¡Qué te vayas...!
-¿Me vas a dejar?
Jonás, aparta violentamente a Rafael y se sienta, tranquilo, en la barra...
-¡Márchate!
-¡Te digo que no puedo!
-¡Fuera!-grita Rafael, agarrando a Jonás de la cintura...
-¡Qué soy el ladrón del que hablan ahí, tío!
En ese instante, el silencio se apodera del bar y una leve gota de sudor cae por la frente de Rafael, que mira la ropa elegante de Jonás, su corbata negra, sus pantalones de pinza...
-¡No me tomes el pelo! ¡Ya sabes que...!
-¡Mira!
Jonás abre la cartera y comienza a enseñar fotos...justo antes de sollozar:
-¿Crees que puedo dejar que éste se quede sin comer? ¿O que ella se piense que no soy un buen padre? ¡Quiero recuperarlos! ¿Me entiendes?...
Rafael deja sus tareas y mira lentamente las fotografías, donde aparece Jonás con su mujer y su hijo, que ahora tiene cinco años.
-¿Y por qué viniste aquí? ¡Precisamente aquí, Jonás!
Eso te lo contestaré después. Ahora, cambia de canal...
-No...Contesta.
-¡Dame el mando, leñe!
“Lo dejé en la miseria y lo trato así...”-piensa Rafael, que le da el mando y se tapa ligeramente la cara con un paño.
-No te avergüences y disfruta. Y olvidemos por un día eso que nos pasó, joder...Dos cervezas...
-Una. Mi mujer no quiere que yo...
-Olvídala por un día. ¡Vive!
Y en ese momento, Jonás, con el mando de la televisión, encuentra la conexión que deseaba.
-¡Disfruta!
-No me acordaba que hoy era la final de...
-Tu mujer te tiene absorbida la cabeza...¿Y otras cosas también, Rafa?
El viejo sonríe brevemente...y piensa, mirando a Jonás:
“Lo buscan...y se sienta a ver el partido, tan tranquilo...¿Adónde quiere llegar? ¿Pero será cierto lo que me ha contado? ¡Pero si estaba en la miseria no puede que vaya vestido de esa manera...! Aunque si es el ladrón...”
-¡Vamos Rafa! ¡Qué es la final de los Juegos Olímpicos!
-Sí, es verdad...
Y en ese instante comienza el partido, el que cada uno parece vivir de forma distinta mientras transcurren los minutos...
-Rafita...¿No te gustaba tanto el fútbol? ¡Mira que hemos disfrutado juntos, tú y yo, de partidos memorables!
-Sí, claro...
-Pues no lo parece. ¿Aún sigues siendo ese viejo orgulloso?
-¿Por...?
-Yo he celebrado tanto los goles...y tú como si nada.
-No estoy de humor.
-¿Alguna vez lo has estado?
Rafael frunce el ceño, pero no puede dejar de mirar la televisión y el partido, que en ese momento refleja empate a dos entre las selecciones nacionales de España y Polonia.
“Este trama algo...Dice que es el ladrón...pero no puede ser. ¡Siempre ha sido un fantasma!”
-¡Eh!
-¡Quiero saber que llevas ahí!
-Siempre tan desconfiado. ¡Toma!
Rafael agarra la cartera de Jonás, la abre y encuentra una bolsa de basura...donde...
-Mira, mira, mira...Gol!
-¡Sí! ¡Gol!
Y en ese instante, en el que España se adelanta en el marcador y billetes de miles de pesetas vuelan por los aires, Rafael y Jonás se funden en un largo abrazo de treinta segundos...
-¡Quietos!
Y el silencio se vuelve a apoderar del bar, justo cuando aparecen dos espigados policías que entran violentamente:
-¿De quién es todo esto?-dice uno de ellos.
-¡Mío!
-Vamos a ver...Déjense de memeces. ¿De quién? ¿De ambos?
Los dos, Rafael y Jonás, se miran, sonríen levemente y callan, esperando que el policía vuelva a hablar:
-Ya que no quieren aclararlo, tendrán que venir con nosotros.
Los policías los cogen y los dirigen a la puerta silenciosamente...hasta que...
-¿Qué les pasa? ¿Por qué sonríen?-pregunta el policía que se había mantenido callado...
-¿Puedo contar esta vez contigo, Rafa?-pregunta Jonás.
-Claro que sí...-dice Rafael, que mira los ojos de Jonás, luego al policía y sonríe, diciendo por último:
-¿En la cárcel tienen televisión?
-Tranquilo, Rafa. No volveremos a perdernos otro partido, te lo prometo.
-Cuenta conmigo.


FIN

 

Volver al Relatos Cortos...

        
Universidad de Alcalá Confía learning confianza online