Sinopsis
de la obra
La
amplia expansión económica del siglo XVI con vías comerciales extensivas a
cualquier parte del globo, se ultimó en las primeras décadas del siglo y
medio. El objetivo, por tanto, del trabajo
supone conseguir analizar este periodo de crisis que afectó a la
Europa entre 1600-1750 y para ello debemos identificar las causas de la misma
y analizar primeramente las características de este siglo XVII.
El
volumen copioso de población europea durante el siglo XVI, se estancó y dejó
de crecer gradualmente en el siglo XVII. Este vuelco demográfico afectó más
enérgicamente a Europa central y a la zona Mediterránea. La tasa anual
europea de crecimiento fue de 0,1%, muy por debajo de la del siglo anterior o
del posterior si examinamos los índices de natalidad y mortandad. El descenso
de la tasa de natalidad tuvo a
una doble coyuntura; por un lado, la edad nupcial femenina se demoró hasta
cerca de los 30 años, lo que se reflejaba consecuentemente en un menor número
de hijos en el matrimonio y, por otro; se observaba una tendencia al alza del
celibato. Por otro lado, la índice de mortandad europea se izó
a causa de las continuas crisis de subsistencia, con mayor relieve en
pueblos de economía cerealista, y a causa de las epidemias de paste bubónica,
viruela, tifus y gripe que se sucedieron durante este siglo XVII por toda
Europa.
De
igual forma, y basándose en lo expuesto anteriormente el volumen económico
europeo en esta primera mitad del siglo XVII comenzó a decaer debido a la
concatenación de varios elementos o factores. Primero se produjo una crisis
de la economía colonial que hizo que el comercio internacional se resintiera
de ello y supuso el fin de la
gran expansión europea del siglo XVI. El primer escollo comercial se produjo
entre 1619 y 1622 como consecuencia del hacinamiento de productos que condujo
a una especulación monetaria, es decir, a cambios en los valores del oro y la
plata y a emisiones adicionales de cobre. Estas alteraciones de la ley de las
monedas tuvieron el efecto de crear un caos monetario. Otro de los factores:
las instituciones políticas y sociales de Europa ponían enormes trabas a los
comerciantes, los cuales iban acumulando beneficios al haber escasas
alternativas para la inversión. En las pocas regiones donde las instituciones
apoyaron las innovaciones, hicieron que los mercados internacionales cayeran
en sus manos.
Así mismo, la larga
depresión económica del siglo XVII no afectó del mismo modo a los países
europeos, algunos no se resarcieron jamás en tanto que otros se retrasaron
momentáneamente e incluso adquirieron ventajas competitivas.
LA
AGRICULTURA
La
sociedad europea del siglo XVII era una sociedad rural, esto es, que los
estamentos privilegiados, los reyes, aristócratas y clérigos eran estamentos
dependientes de la economía campesina. En este siglo, se trató en
toda Europa de reorganizar la agricultura, aumentar el poder estatal y renovar
las relaciones entre los campesinos y las clases superiores.
En
torno a la segunda década del siglo XVII, en casi todas las comarcas europeas
crecía el grano como producto básico, y en las áreas más apartadas de las
vías de comunicación y de los mercados urbanos, se tendía a la
especialización de la cría de ganado. En los puntos
centrales de estas zonas especializadas en grano o ganado, se hallaban los
grandes mercados como Londres, París, con sus hinterlands, en los que se
concentraba una agricultura intensiva orientada al mercado.
No
obstante, la producción designada al mercado en la mayor parte de Europa,
estribaba en los excedentes de la cosecha que a una familia campesina le
quedaba tras haber pagado a las clases sociales superiores diezmos, derechos
feudales, y haber aplacado sus necesidades familiares. Por lo tanto, la labor
a la que se enfrentaba la economía europea era tratar de incrementar la
producción agrícola. El modo más
directo de conseguirlo era a través de la extensión de la superficie de la
tierra cultivable por medio de deforestaciones, pero no se disponía del
capital requerido para ello. Así mismo, se podía aumentar la fertilidad del
suelo, lo que implicaba una mayor cantidad de estiércol y un aumento en los
rebaños que reducía a su vez la zona arable. El campesino conocía otras
opciones como el llamado cultivo alterno,
que mejoraba la fertilidad del suelo, y sabía también que podía aumentar la
cantidad de estiércol extendiendo la tierra arable si encerraba el ganado en
los establos y los cebaba allí.
El
campesino era conocedor de prácticas para aumentar la producción, sin
embargo, se encontraba con un lastre añadido,
puesto que las instituciones eran muy reacias a los cambios. Este es el
caso de los propietarios de las tierras que temían que sus arrendatarios
agotasen el suelo con demasiadas cosechas, así mismo, el dilema más serio lo
constituían los campos
comunales en los que la tierra
se dividía en bandas, siendo una cantidad de ellas para cada cultivador. El
uso de este suelo, además, estaba regulado por una asamblea de todos los
labradores de la aldea. Esto suponía que para introducir una innovación agrícola,
llegar a un acuerdo resultaba muy difícil y llevaba mucho tiempo. Incluso el
propio campesino constituía la
oposición ya que intensificar los cultivos significaba aumentar su jornada de
trabajo.
El
campesino para cubrir las enormes presiones económicas a las que estaba
sometido, acentuadas durante los siglos XVII y XVIII, provocaron que el
campesino tuviera que fijar un nuevo horizonte, hacia el mercado. Así mismo,
como el crecimiento de la población se hizo más pausado, la demanda de
bienes de consumo de primera necesidad aminoró,
por lo que los precios bajaron; mientras que la demanda de productos
agrícolas de lujo tendía a aumentar.
Los cambios políticos y las presiones del mercado, muy diferentes según
las circunstancias, hicieron que los estados europeos tomaran caminos
divergentes en la agricultura, caminos buenos para unos y malos para otros.
España
La
agricultura española, había sido incapaz de cubrir las necesidades de la
nación desde las tres últimas décadas del siglo XVI. El control real en los
precios del grano ocasionó el desinterés del campesino en la producción de
este producto, hasta el punto, de que en la década de 1590-1600 fue necesario
importar grano. Estos controles se mantuvieron hasta 1756. Por otro lado, la
producción de lanas, principal exportación española; se vio beneficiada por
la Corona al prohibir ésta
cerrar los campos para no perjudicar a los pastos. A cambio de estos
privilegios, la Corona recibía una
importante fuente de ingresos por parte de la aristocracia, que tenía en sus
manos la cría de ovejas. No obstante, la lana fue perdiendo salidas en el
comercio internacional y a finales del siglo XVII, los rebaños se redujeron a la mitad.
La mendicidad entonces se hizo endémica y grandes áreas de la Castilla rural
se despoblaron. En Valencia, donde la agricultura estaba más orientada hacia
el mercado y estaba en manos de los moriscos,
la expulsión de éstos provocó el hundimiento de estos productos
especializados.
En
esta época ardua sólo la agricultura catalana prosperó. Las medidas de su
asamblea representativa y la existencia de un mercado urbano, condujeron a una
estructura agraria de fincas cerradas que permitió gran diversidad de
cultivos.
Italia
Sicilia
era la región de Italia que producía
un mayor volumen de cereales. El incremento
de la población en el siglo XVI provocó a su vez el aumento de la demanda,
lo que fomentó una deforestación masiva del suelo en beneficio de la tierra
para cultivar. La nobleza, propietaria de la tierra, vivía lujosamente en
Palermo y no se preocupaba de invertir capital para aumentar la producción
sin agotar el suelo. Así mismo en Nápoles, se creó una clase de
agricultores dedicados a los cereales y en el siglo XVII cuando cayeron los
precios, se pusieron en una difícil situación y se endeudaron. La Iglesia y
los grandes propietarios acumularon entonces grandes fincas dedicadas a la cría
de ovejas. En el norte de Italia, Venecia, Lombardía y Piamonte disfrutaban a
finales del siglo XVI de una agricultura intensiva basada en una fuerte
demanda urbana y en grandes dosis de trabajo. Sin embargo, tras el colapso de
las industrias urbanas italianas en el siglo XVII, se redujo la demanda de
muchas de las especialidades agrícolas de esta
región. En resumen, podemos decir que la agricultura italiana a partir
de 1650 evolucionó hacia una posición menos orientada hacia el mercado y a
una situación política y social más feudal.
Europa
Oriental
En
Europa Oriental, la crisis se cebó con el campesinado, que pasó de ser
colono libre a la condición de siervo en los grandes latifundios cerealistas.
Esta transformación se debió al aumento de la demanda de trigo desde el
oeste de Europa. A partir de 1620 este sistema se vio amenazado por el
descenso de la demanda occidental que aumentó la producción propia. La
reacción de los grandes propietarios nobles fue la de reforzar la servidumbre
y los latifundios desarrollando una política de bauernlegen:
opresión del campesinado, a la que ni la autoridad real ni la burguesía podía
poner coto.
Dinamarca
La
nobleza también hizo mucho por aprovecharse del boom
de los cereales del siglo XVI, sin embargo, en 1660 una serie de
circunstancias condujeron a la ruina del estado y el rey Federico III
desmanteló el aparato de control de la aristocracia y lo cambió por un
sistema de tipo absolutista. Abolió en su totalidad los latifundios nobles
transformando a la nobleza en una clase de administradores reales. Así mismo,
prohibió la destrucción de las posesiones campesinas, de forma que preservó
al campesino en unas condiciones que le permitiesen pagar impuestos. En 1733
la corona ató a los campesinos entre 14 y 35 años a la tierra y se aseguró
una fuerza de trabajo barata y, ya a partir de 1750 dejó paso al cultivo
libre e individual. En resumen, Dinamarca conservó durante la crisis una
agricultura estancada y dedicada al cultivo de cereales, anclándola a los
destinos de un estado absolutista.
En
todos estos estados reseñados, observamos que los procesos evolutivos
agrarios representan una involución protagonizada por las clases
privilegiadas que, ante la crisis
del siglo XVII se cebaron en el campesino dificultando así el progreso agrícola
Alemania
Occidental
En
Alemania Occidental, la diversidad social de los estados del oeste de
Alemania, evitó la extensión de una agricultura en manos de la nobleza
latifundista. Su agricultura, por tanto, se basaba en unidades de producción
campesinas.
Al
término de la Guerra de los Treinta Años en 1648, Alemania cayó en un
profundo caos monetario, los príncipes se esforzaron entonces en modelar regímenes
absolutistas y desarrollaron una política de oposición al latifundio y de
protección al campesinado.
Estas
medidas que beneficiaron a la población rural, las encontramos también en
Francia, Países Bajos e Inglaterra, que crearon una clase sólida de grandes
agricultores.
Francia
En
Francia, un grupo de agricultores compró tierras a los pequeños campesinos
arruinados y se formó un grupo de grandes arrendatarios: los laboureurs,
sin embargo, los campesinos siguieron explotados hasta finales del Antiguo Régimen.
Países
Bajos
Fue
en los Países Bajos donde se produjo el proceso de especialización más
intenso que reorganizó la estructura agraria y consiguió la agricultura más
comercializada de Europa. Los campesinos con acceso al capital, se hicieron
grandes propietarios o arrendatarios y los demás buscaron trabajo fuera de la
agricultura trasladándose a las ciudades. Aparte de esto, Holanda se
beneficiaba de unos bajos precios en el grano que importaba del Báltico.
Vemos cómo el factor clave para el control de los mercados internacionales
era el bajo costo. Así mismo, introdujo nuevas técnicas en la agricultura
para aumentar la producción.
Inglaterra
En
Inglaterra, desde la Restauración, los grandes nobles se dedicaron a
incrementar sus tierras que formaron grandes haciendas con una fuerza de
trabajo libre. La estructura agraria inglesa tuvo su éxito en el aumento de
la eficacia de la administración de las haciendas y la influencia de las
familias adineradas de propietarios en momentos de precios agrícolas bajos.
Pero, a pesar de todo, la revolución agrícola fue sobre todo el producto de
los laboriosos agricultores. Inglaterra se convirtió en el mayor exportador
de cereales en el siglo XVIII. El gobierno también fue responsable de esta
revolución agrícola. En 1670, puso fin a la antigua protección al
consumidor en el comercio de los cereales. Las famosas Corn Laws fueron
dictadas para animar las exportaciones de cereales.
LA
INDUSTRIA
También, los siglos XII y XIII son testigos de cambios rítmicos en la
industria europea, cambios producidos en la organización, localización y
producción industrial. Las tendencias económicas generadas por la depresión
agrícola jugaron un papel muy importante en la reestructuración de la
industria europea. La caída de los precios del grano estimuló la demanda de
productos de lujo como carne, bebidas, cultivos hortícolas y manufacturas. La
situación llegó al extremo de que los productos de primera necesidad fueron
los que más descendieron de precio.
Por otro lado, los agricultores incapaces de reajustar sus sistemas de
cultivos o de bajar sus costes de producción dieron lugar a una sustitución
del trabajo agrícola por el industrial. Esta oferta barata de fuerza de
trabajo provocó el desplazamiento de la industria al campo, ya que la
industria urbana padecía de unos altos costes de producción. Las familias,
entonces, dejaron de depender de forma primordial de la agricultura y pasaron
a depender del trabajo asalariado y de la industria. Apareció entonces un
modelo proletario de matrimonio precoz y altos índices de natalidad.
Contribuyó
también a estos cambios, la difusión de nuevos métodos (cambio tecnológico),
las subvenciones y las medidas proteccionistas de los gobiernos y la expansión
colonial.

