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La economía de Europa en un período de crisis, 1600-1750

Jan de Vries

por Raquel del Coso

 

 

 


 

Sinopsis de la obra

 

La amplia expansión económica del siglo XVI con vías comerciales extensivas a cualquier parte del globo, se ultimó en las primeras décadas del siglo y medio. El objetivo, por tanto, del trabajo  supone conseguir analizar este periodo de crisis que afectó a la Europa entre 1600-1750 y para ello debemos identificar las causas de la misma y analizar primeramente las características de este siglo XVII.

El volumen copioso de población europea durante el siglo XVI, se estancó y dejó de crecer gradualmente en el siglo XVII. Este vuelco demográfico afectó más enérgicamente a Europa central y a la zona Mediterránea. La tasa anual europea de crecimiento fue de 0,1%, muy por debajo de la del siglo anterior o del posterior si examinamos los índices de natalidad y mortandad. El descenso de la tasa de natalidad  tuvo a una doble coyuntura; por un lado, la edad nupcial femenina se demoró hasta cerca de los 30 años, lo que se reflejaba consecuentemente en un menor número de hijos en el matrimonio y, por otro; se observaba una tendencia al alza del celibato. Por otro lado, la índice de mortandad europea se izó   a causa de las continuas crisis de subsistencia, con mayor relieve en pueblos de economía cerealista, y a causa de las epidemias de paste bubónica, viruela, tifus y gripe que se sucedieron durante este siglo XVII por toda Europa.

De igual forma, y basándose en lo expuesto anteriormente el volumen económico europeo en esta primera mitad del siglo XVII comenzó a decaer debido a la concatenación de varios elementos o factores. Primero se produjo una crisis de la economía colonial que hizo que el comercio internacional se resintiera de ello  y supuso el fin de la gran expansión europea del siglo XVI. El primer escollo comercial se produjo entre 1619 y 1622 como consecuencia del hacinamiento de productos que condujo a una especulación monetaria, es decir, a cambios en los valores del oro y la plata y a emisiones adicionales de cobre. Estas alteraciones de la ley de las monedas tuvieron el efecto de crear un caos monetario. Otro de los factores: las instituciones políticas y sociales de Europa ponían enormes trabas a los comerciantes, los cuales iban acumulando beneficios al haber escasas alternativas para la inversión. En las pocas regiones donde las instituciones apoyaron las innovaciones, hicieron que los mercados internacionales cayeran en sus manos.

   Así mismo, la larga depresión económica del siglo XVII no afectó del mismo modo a los países europeos, algunos no se resarcieron jamás en tanto que otros se retrasaron momentáneamente e incluso adquirieron ventajas competitivas.

                                              

LA  AGRICULTURA

 

La sociedad europea del siglo XVII era una sociedad rural, esto es, que los estamentos privilegiados, los reyes, aristócratas y clérigos eran estamentos dependientes de la economía campesina. En este siglo, se trató en toda Europa de reorganizar la agricultura, aumentar el poder estatal y renovar las relaciones entre los campesinos y las clases superiores.

En torno a la segunda década del siglo XVII, en casi todas las comarcas europeas crecía el grano como producto básico, y en las áreas más apartadas de las vías de comunicación y de los mercados urbanos, se tendía a la especialización de la cría de ganado. En los [1]puntos centrales de estas zonas especializadas en grano o ganado, se hallaban los grandes mercados como Londres, París, con sus hinterlands, en los que se concentraba una agricultura intensiva orientada al mercado.

No obstante, la producción designada al mercado en la mayor parte de Europa, estribaba en los excedentes de la cosecha que a una familia campesina le quedaba tras haber pagado a las clases sociales superiores diezmos, derechos feudales, y haber aplacado sus necesidades familiares. Por lo tanto, la labor a la que se enfrentaba la economía europea era tratar de incrementar la producción agrícola. El  modo más directo de conseguirlo era a través de la extensión de la superficie de la tierra cultivable por medio de deforestaciones, pero no se disponía del capital requerido para ello. Así mismo, se podía aumentar la fertilidad del suelo, lo que implicaba una mayor cantidad de estiércol y un aumento en los rebaños que reducía a su vez la zona arable. El campesino conocía otras opciones como el llamado cultivo alterno, que mejoraba la fertilidad del suelo, y sabía también que podía aumentar la cantidad de estiércol extendiendo la tierra arable si encerraba el ganado en los establos y los cebaba allí.

El campesino era conocedor de prácticas para aumentar la producción, sin embargo, se encontraba con un lastre añadido,  puesto que las instituciones eran muy reacias a los cambios. Este es el caso de los propietarios de las tierras que temían que sus arrendatarios agotasen el suelo con demasiadas cosechas, así mismo, el dilema más serio lo constituían los [2]campos comunales en los que la  tierra se dividía en bandas, siendo una cantidad de ellas para cada cultivador. El uso de este suelo, además, estaba regulado por una asamblea de todos los labradores de la aldea. Esto suponía que para introducir una innovación agrícola, llegar a un acuerdo resultaba muy difícil y llevaba mucho tiempo. Incluso el propio campesino constituía  la oposición ya que intensificar los cultivos significaba aumentar su jornada de trabajo.

El campesino para cubrir las enormes presiones económicas a las que estaba sometido, acentuadas durante los siglos XVII y XVIII, provocaron que el campesino tuviera que fijar un nuevo horizonte, hacia el mercado. Así mismo, como el crecimiento de la población se hizo más pausado, la demanda de bienes de consumo de primera necesidad aminoró,  por lo que los precios bajaron; mientras que la demanda de productos agrícolas de lujo tendía a aumentar.

Los cambios políticos y las presiones del mercado, muy diferentes según las circunstancias, hicieron que los estados europeos tomaran caminos divergentes en la agricultura, caminos buenos para unos y malos para otros.

España

La agricultura española, había sido incapaz de cubrir las necesidades de la nación desde las tres últimas décadas del siglo XVI. El control real en los precios del grano ocasionó el desinterés del campesino en la producción de este producto, hasta el punto, de que en la década de 1590-1600 fue necesario importar grano. Estos controles se mantuvieron hasta 1756. Por otro lado, la producción de lanas, principal exportación española; se vio beneficiada por la Corona  al prohibir ésta cerrar los campos para no perjudicar a los pastos. A cambio de estos privilegios, la Corona recibía  una importante fuente de ingresos por parte de la aristocracia, que tenía en sus manos la cría de ovejas. No obstante, la lana fue perdiendo salidas en el comercio internacional y a finales del siglo XVII, los rebaños se redujeron a la mitad. La mendicidad entonces se hizo endémica y grandes áreas de la Castilla rural se despoblaron. En Valencia, donde la agricultura estaba más orientada hacia el mercado y estaba en manos de los moriscos, la expulsión de éstos provocó el hundimiento de estos productos especializados.

En esta época ardua sólo la agricultura catalana prosperó. Las medidas de su asamblea representativa y la existencia de un mercado urbano, condujeron a una estructura agraria de fincas cerradas que permitió gran diversidad de cultivos.

Italia

Sicilia era la región de Italia  que producía un mayor volumen de cereales. El  incremento de la población en el siglo XVI provocó a su vez el aumento de la demanda, lo que fomentó una deforestación masiva del suelo en beneficio de la tierra para cultivar. La nobleza, propietaria de la tierra, vivía lujosamente en Palermo y no se preocupaba de invertir capital para aumentar la producción sin agotar el suelo. Así mismo en Nápoles, se creó una clase de agricultores dedicados a los cereales y en el siglo XVII cuando cayeron los precios, se pusieron en una difícil situación y se endeudaron. La Iglesia y los grandes propietarios acumularon entonces grandes fincas dedicadas a la cría de ovejas. En el norte de Italia, Venecia, Lombardía y Piamonte disfrutaban a finales del siglo XVI de una agricultura intensiva basada en una fuerte demanda urbana y en grandes dosis de trabajo. Sin embargo, tras el colapso de las industrias urbanas italianas en el siglo XVII, se redujo la demanda de muchas de las especialidades agrícolas de esta  región. En resumen, podemos decir que la agricultura italiana a partir de 1650 evolucionó hacia una posición menos orientada hacia el mercado y a una situación política y social más feudal.

 Europa Oriental

En Europa Oriental, la crisis se cebó con el campesinado, que pasó de ser colono libre a la condición de siervo en los grandes latifundios cerealistas. Esta transformación se debió al aumento de la demanda de trigo desde el oeste de Europa. A partir de 1620 este sistema se vio amenazado por el descenso de la demanda occidental que aumentó la producción propia. La reacción de los grandes propietarios nobles fue la de reforzar la servidumbre y los latifundios desarrollando una política de bauernlegen: opresión del campesinado, a la que ni la autoridad real ni la burguesía podía poner coto.

Dinamarca

La nobleza también hizo mucho por aprovecharse del boom de los cereales del siglo XVI, sin embargo, en 1660 una serie de circunstancias condujeron a la ruina del estado y el rey Federico III desmanteló el aparato de control de la aristocracia y lo cambió por un sistema de tipo absolutista. Abolió en su totalidad los latifundios nobles transformando a la nobleza en una clase de administradores reales. Así mismo, prohibió la destrucción de las posesiones campesinas, de forma que preservó al campesino en unas condiciones que le permitiesen pagar impuestos. En 1733 la corona ató a los campesinos entre 14 y 35 años a la tierra y se aseguró una fuerza de trabajo barata y, ya a partir de 1750 dejó paso al cultivo libre e individual. En resumen, Dinamarca conservó durante la crisis una agricultura estancada y dedicada al cultivo de cereales, anclándola a los destinos de un estado absolutista.

En todos estos estados reseñados, observamos que los procesos evolutivos agrarios representan una involución protagonizada por las clases privilegiadas que,  ante la crisis del siglo XVII se cebaron en el campesino dificultando así el progreso agrícola

Alemania Occidental

En Alemania Occidental, la diversidad social de los estados del oeste de Alemania, evitó la extensión de una agricultura en manos de la nobleza latifundista. Su agricultura, por tanto, se basaba en unidades de producción campesinas.

Al término de la Guerra de los Treinta Años en 1648, Alemania cayó en un profundo caos monetario, los príncipes se esforzaron entonces en modelar regímenes absolutistas y desarrollaron una política de oposición al latifundio y de protección al campesinado.

 Estas medidas que beneficiaron a la población rural, las encontramos también en Francia, Países Bajos e Inglaterra, que crearon una clase sólida de grandes agricultores.

Francia

En Francia, un grupo de agricultores compró tierras a los pequeños campesinos arruinados y se formó un grupo de grandes arrendatarios: los laboureurs, sin embargo, los campesinos siguieron explotados hasta finales del Antiguo Régimen.

Países Bajos

Fue en los Países Bajos donde se produjo el proceso de especialización más intenso que reorganizó la estructura agraria y consiguió la agricultura más comercializada de Europa. Los campesinos con acceso al capital, se hicieron grandes propietarios o arrendatarios y los demás buscaron trabajo fuera de la agricultura trasladándose a las ciudades. Aparte de esto, Holanda se beneficiaba de unos bajos precios en el grano que importaba del Báltico. Vemos cómo el factor clave para el control de los mercados internacionales era el bajo costo. Así mismo, introdujo nuevas técnicas en la agricultura para aumentar la producción.

Inglaterra

En Inglaterra, desde la Restauración, los grandes nobles se dedicaron a incrementar sus tierras que formaron grandes haciendas con una fuerza de trabajo libre. La estructura agraria inglesa tuvo su éxito en el aumento de la eficacia de la administración de las haciendas y la influencia de las familias adineradas de propietarios en momentos de precios agrícolas bajos. Pero, a pesar de todo, la revolución agrícola fue sobre todo el producto de los laboriosos agricultores. Inglaterra se convirtió en el mayor exportador de cereales en el siglo XVIII. El gobierno también fue responsable de esta revolución agrícola. En 1670, puso fin a la antigua protección al consumidor en el comercio de los cereales. Las famosas Corn Laws fueron dictadas para animar las exportaciones de cereales.

 

LA  INDUSTRIA

 

También, los siglos XII y XIII son testigos de cambios rítmicos en la industria europea, cambios producidos en la organización, localización y producción industrial. Las tendencias económicas generadas por la depresión agrícola jugaron un papel muy importante en la reestructuración de la industria europea. La caída de los precios del grano estimuló la demanda de productos de lujo como carne, bebidas, cultivos hortícolas y manufacturas. La situación llegó al extremo de que los productos de primera necesidad fueron los que más descendieron de precio.

Por otro lado, los agricultores incapaces de reajustar sus sistemas de cultivos o de bajar sus costes de producción dieron lugar a una sustitución del trabajo agrícola por el industrial. Esta oferta barata de fuerza de trabajo provocó el desplazamiento de la industria al campo, ya que la industria urbana padecía de unos altos costes de producción. Las familias, entonces, dejaron de depender de forma primordial de la agricultura y pasaron a depender del trabajo asalariado y de la industria. Apareció entonces un modelo proletario de matrimonio precoz y altos índices de natalidad.

Contribuyó también a estos cambios, la difusión de nuevos métodos (cambio tecnológico), las subvenciones y las medidas proteccionistas de los gobiernos y la expansión colonial.



[1] La teoría del lugar central también tiene en cuenta la distancia que los individuos están dispuestos a recorrer para obtener un servicio (alcance). Esta distancia, a la que se denomina alcance del producto o alcance del servicio, determina la extensión del área de mercado de un asentamiento, es decir, la zona de influencia (hinterland), donde reside la mayoría de la gente que hace uso de los servicios de esa área.

[2] Las distintas aldeas poseían tierras que pertenecían a todos los vecinos del pueblo, los cuales podían sacar provecho de sus frutos (prados, bosques) aunque no pudieran cultivarlas en particular